LA CONVERSIÓN DE ROMNEY

 

Andrés Oppenheimer

ANDRES OPPENHEIMER
aoppenheimer@elnuevoherald.com 

 

Si todavía quedaba alguna duda de que el candidato republicano Mitt Romney no es un moderado encubierto, sino un miembro fiel de la extrema derecha de su partido, ya ha sido despejada. Sus primeros pasos como candidato oficial del Partido Republicano sugieren que la conversión de Romney al ultra-conservadorismo es un hecho consumado.

Hasta influyente republicanos que están en desacuerdo con Romney en algunos puntos, como la presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, Ileana Ros Lehtinen (Rep.-Miami), me dicen que es muy poco probable que Romney cambie sus posturas actuales si llega a la Casa Blanca. 

Mitt Romney

En una entrevista, le pregunté a Ros Lehtinen cómo puede ella, siendo hispana, apoyar las “horrendas” (el calificativo es mío) posturas de Romney sobre el tema inmigración. Me refería a la oposición de Romney al Dream Act, que proporcionaría una vía hacia la residencia legal a cientos de miles de estudiantes que fueron traídos al país de pequeños por sus padres indocumentados, o a la promesa de Romney de buscar la “autodeportación” de los 11 millones de inmigrantes indocumentados en el país, algo que muchos de nosotros tememos resultaría en hacerles la vida imposible a todos los hispanos, independientemente de su estatus legal.

Para mi sorpresa, Ros Lehtinen, una republicana conservadora que apoya a Romney, me dijo: “Estoy de acuerdo con usted en eso. Yo estoy en una posición opuesta a la de Mitt Romney sobre inmigración, totalmente. Pero yo creo que en esta elección, los temas más importantes son primero la economía, después crear empleos, y tercero, la economía y crear empleos”.

Cuando le pregunté si cree que Romney adoptó sus posturas de linea dura en inmigración y otros temas para conquistar al ala ultraconservadora de su partido, y que se correría hacia el centro si es electo presidente, Ros Lehtinen respondió: “Nadie debe votar por Mitt Romney pensando que el va a cambiar sus posiciones”. Senaló que nadie debe pensar que Romney “dice x, y va a hacer y,” y agregó que “Mitt Romney dice que él no está a favor del Dream Act, y yo creo que él es una persona fiel de lo que el dice, y no va a cambiar de opinión”.

Otros republicanos influyentes me dicen que el hecho de que Romney haya elegido a Paul Ryan – un favorito de los ultra-conservadores del Tea Party – como su compañero de fórmula, así como el propio discurso de Romney en la convención republicana, demuestran que el reciente giro a la derecha del candidato republicano no fue solamente para conquistar a los sectores más conservadores de su partido durante las primarias.

Romney, quien durante su período como gobernador de Massachusetts gobernó como un moderado y aprobó una reforma de salud similar a la que impulsó el presidente Obama, reiteró en su discurso ante la convención republicana que una de sus prioridades sería “revocar y reemplazar el plan de salud de Obama”.

Asimismo, Romney dijo en su discurso que “como presidente, protegeré la santidad de la vida” y “honraré la institución del matrimonio”, términos que utilizan los conservadores con las posturas más extremas contra el aborto y el matrimonio gay.

Ileana Ros Lehtinen

En materia política exterior, el discurso de Romney ante la convención republicana defendió el principio de “paz por medio de la fuerza”, y atacó la propensión de Obama de tratar de conversar con los adversarios de Estados Unidos, agregando que él mostrará más “temple”.

Mi opinión: Romney se ha encerrado en un rincón ideológico del que no se podrá escapar, por la simple razón de que no puede permitirse darles más municiones a quienes lo critican por cambiarse de camiseta todo el tiempo y ser —tal como lo definió su ex rival para la candidatura republicana John Huntsman— “una veleta perfectamente lubricada”.

Romney ya carga con la pesada mochila de haber dicho en el pasado, entre otras cosas, que “creo que el aborto debería ser legal”, apoyar las leyes de control de armas en Massachussetts y declarar que su plan de salud de ese estado sería “un modelo para toda la nación”, y luego pasar a defender posturas diametralmente opuestas.

Ahora, Romney está obsesionado por demostrar que tiene “temple”. Lo último que querrá es pasar a la historia con una gaffe como la cometida por George H.W. Bush en su discurso de aceptación de la candidatura en 1998, cuando dijo “Léanme los labios: no habrá nuevos impuestos”, algo que luego incumplió y que persiguió al ex presidente durante el resto de su carrera política.

Romney hará lo imposible para que eso no le ocurra a él. Si gana, habría un mayor peligro de que gobierne desde la extrema derecha con la pasión de los conversos, de que modere sus posturas más recientes y confirme su reputación de ser un “veleta”.

 

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