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Víctor Carrillo
victorcarrillo001@gmail.com 

 

Soy uno de los estudiantes próximos a terminar la Maestría en Administración del IESA. El término de un ciclo nos da paso a la reflexión sobre el porvenir. Muchos han sido los momentos en los cuales he conversado con amigos sobre sus planes para el futuro. Es durante esas amenas charlas cuando sale el “Rey de los Temas”: “¿Chamo, tú te vas o te quedas?”.

Ante semejante interrogante varios compañeros responden con admirable resolución “Claro pana, ya tengo todo cuadrado”. Otros, aún indecisos (¿o precavidos?) dicen “Hay que ver qué pasa en las elecciones”. Un tercer grupo (dentro del cual me incluyo) ha definido que sus próximos pasos profesionales serán dados en Venezuela. Esta postura es desapasionada. Jamás juzgaré a quienes han tomado o tomarán la difícil decisión de emigrar, por el contrario, admiro la fortaleza física y espiritual necesaria para desarrollarse en otra nación.

Mi decisión no se sostiene sobre el clásico chauvinismo al cual apelan los fanáticos nacionalistas. Mis argumentos son más prácticos y créanme que no hay nada admirable en mi postura, a menos que se admire el deseo de explotar las oportunidades que nos presenta el entorno. Sí, oportunidades. Existen por doquier a la espera de ser aprovechadas. Veamos:

En lo político: Independientemente de nuestra posición ideológica, el actual proceso político venezolano presenta oportunidades para el surgimiento de nuevos liderazgos. La debilidad institucional de nuestros partidos muestra su cara positiva en la disminución de las “barreras de entrada” para quienes deseen desarrollar carrera en el ámbito público. Pase lo que pase en las elecciones, el mercado político estará abierto a los nuevos actores, quienes deben innovar en sus estrategias para conectarse con las complejas demandas del país.

En lo económico: Los actuales precios del petróleo han producido un aumento en el consumo en las sociedades rentistas. En Venezuela, el aumento del consumo de los estratos D y E ha abierto oportunidades económicas en los “Negocios Inclusivos” o “Negocios en la Base de la Pirámide” que no es otra cosa que el diseño de modelos de negocios que generen rentabilidad (muy buena por cierto) prestándole bienes y servicios a sectores antes desatendidos.

En lo cultural: La compleja realidad venezolana es tierra fértil para la expresión artística, fundamentalmente la literaria, la cinematográfica y la dramaturgia. El arte es por esencia subversivo. Las tensiones que en la actualidad se forjan en la sociedad brindan el marco adecuado para el surgimiento de un movimiento cultural que defina la estética de su tiempo, mientras derriba las convenciones del orden existente. 

Créanme que esta lista puede continuar, sin embargo mi objetivo es abrir una reflexión que nos permita ver el vaso medio lleno. Algo difícil en un país adicto a las soluciones rápidas.

Sirvan estas ideas como bienvenida a la nueva generación de estudiantes que está por ingresar al IESA. Les depara una experiencia humana e intelectual como pocas en el país. Estén abiertos a retar sus actuales concepciones y les aseguro que tendrán en profesores y egresados aliados incondicionales en la construcción de sus nuevas posibilidades.

 

 
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