MEXICO YA TIENE PRESIDENTE

Elizabeth Burgos

 

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr 

 

 

 “La nacional-socialista integrada por Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, de admitir la derrota y de querer imponer presidencias vitalicias, en López Obrador cobra ribetes patéticos (…)”.

 

A dos meses de haberse realizado las elecciones presidenciales en las que resultó victorioso el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, – y pese a su innegable triunfo – al igual que ocurriera seis años atrás, el entonces líder del PRD (Partido de la Revolución Democrática), Manuel López Obrador (AMLO), esta vez candidato por el Movimiento Ciudadano, presentó una querella ante la Sala Superior Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).  AMLO se negaba a reconocer el resultado de la pruebas de ello por lo que exigía la anulación de la elección.  Actitud que obligó a las autoridades electorales mexicanas a posponer el resultado oficial del sufragio durante dos meses, mientras el TEPJF realizaba la investigación debida y examinaba las pruebas presentadas por AMLO.

 

Enrique Peña Nieto

En sesión celebrada el 31 de agosto, la sala Superior del Tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación declaró infundada la impugnación sobre la elección presidencial promovida por la Coalición Movimiento Progresista y declaró presidente de México a Enrique Peña Nieto del Partido Revolucionario Institucional (PRI), haciéndole a su vez entrega de la constancia de presidente electo.  El fallo del Tribunal electoral es inapelable.  Desde el punto de vista institucional, la fase contenciosa de impugnación se daba por concluida, quedando plenamente acreditada, la legitimidad del éxito de Peña Nieto.

 

Pese a la actitud conciliadora del candidato,  quien de inmediatO manifestó su plena disposición de dialogar con “todas las fuerzas políticas del país para construir acuerdos que propicien el crecimiento económico, la generación de empleos, al seguridad pública, la disminución de la violencia, el combate a la corrupción y la transparencia gubernamental”, la respuesta de AMLO se mantuvo en su línea de rebelión y de desconocimiento del fallo del TEPJF, tildando a los siete jueces del TRPJF de traidores a la patria, “farsantes con toga y birrete que van a sepultar la constitución y van a convertirse en comparsa más vil en la historia de la democracia nacional”.

 

Para la “nueva izquierda” latinoamericana, democracia significa triunfar en todas las elecciones.  Una elección que les sea adversa, no es reconocida como democracia.  La tendencia o la incapacidad que comparten los presidentes de la ola nacional-socialista integrada por Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, de admitir la derrota y de querer imponer presidencias vitalicias, en López Obrador, cobra ribetes patéticos, puesto que al mismo tiempo que impugna la elección de Peña Nieto, no cuestiona los comicios parlamentarios celebrados el mismo día y con los mismos votantes, donde su partido (PRD) obtuvo excelentes resultados.

 

Pese a la actitud beligerante de López Obrador de desconocer el fallo de las autoridades electorales y persistir en lo de permanecer en estado de rebelión, esperemos que Peña Nieto, joven abogado de 46 años, perteneciente por razones generacionales a otra cultura política, logre poner en práctica sus propuestas de concertación y de diálogo, para lo que exhorta a los dirigentes y al candidato de la Coalición Movimiento Progresista, AMLO “a respetar las sólidas instituciones electorales construidas por todas las fuerzas políticas del país y que son patrimonio de los mexicanos, asó como también a acatar la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación”.  Para el flamante presidente, la condición de éxito de su proyecto político, radica en que el “hacer a un lado los intereses de partido, ayudará a construir un México mejor, con mejores condiciones”.

 

La disposición de realizar de inmediato una gira por algunos países del continente, demuestra su voluntad de darle continuidad a la política iniciada por el presidente saliente, Felipe Calderón, de acercar a México, el gran país hispano del Norte, a los países de América del Sur.  El reciente acuerdo suscrito con Colombia, Perú y Chile de conformar el Bloque del Pacífico, es una demostración de la nueva visión de la clase política mexicana, de extender su influencia más allá de su frontera con EE.UU.  Un bloque de esa naturaleza, y una mayor presencia de México en América del Sur, significa un elemento de equilibrio de estos países, con respecto al proyecto de potencia hegemónica del Brasil.

Peña Nieto hizo hincapié en la prioridad que tendrá el resto de países de América Latina en la línea política de su gobierno que iniciará en diciembre próximo.  Guatemala y Colombia aparecen como prioritarios debido al reto de la lucha antidroga; Brasil y Argentina también estarían en la agenda presidencial.

 

El reto de Peña Nieto no es sólo la orientación que le dará a la lucha contra el narcotráfico, o la oposición agresiva de la extrema izquierda, puede serlo también su propio partido, el PRI, en caso de intentar volver a su vocación hegemónica con la que gobernó durante 70 años.  Esperemos que los 12 años que ha pasado en la oposición, le hayan servido de aprendizaje.

 

Peña Nieto se define “pragmático y sin ideología”, lo suyo es “un gobierno eficaz”.  Su prioridad es la reforma fiscal, en aras a instaurar a la brevedad, la Seguridad Social universal.  Dinamizar la economía abriendo el monopolio de Pemex a la iniciativa privada, significa transgredir uno de los símbolos más fuertes del nacionalismo mexicano.

Los retos que le esperan al joven presidente son inmensos.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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