No destruir el país

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com 

 

 

            Es inevitable que en una confrontación electoral priven temas que generalmente derivan en la política superficial, a veces son diferencias meramente particulares o personales, dejando de lado las grandes propuestas para encarar los problemas o retos esenciales del país, las ideas que tienen los candidatos para enrumbar y consolidar a la nación dentro del desarrollo económico, científico, tecnológico, social y humano.

            También llama la atención que cuando se anuncian desarrollos y grandes obras o proyecciones de aumento de la producción petrolera, se olvida el impacto ambiental, las consecuencias negativas que traerían para los ecosistemas la explotación de ciertos recursos y la instalación de fábricas y procesadoras de materias primas en zonas vulnerables y de gran riqueza hídrica y vegetal, con lo cual se estaría comprometiendo la vida misma en esas regiones. Hoy, con las devastadoras evidencias que demuestran la corta vida que aguarda a muchas especies animales y vegetales, la sequía, la contaminación, aumento de temperaturas, los fuertes cambios climáticos y en general, lo inhóspito en que se han convertido extensos territorios, no se puede obviar lo ecológico en todo proyecto de desarrollo.

            Otro aspecto que llama la atención en esta campaña electoral es el desprestigio de las instituciones, basta que el representante de una de ellas exprese algo para que llueva sobre él y el organismo en cuestión toda suerte de cuestionamientos, improperios y descalificaciones, suficientes para que el ciudadano común ponga en duda la pertinencia o la existencia de esa institución. Así se va desdibujando la institucionalidad, el Estado y sus organismos, no se tiene el cuidado de diferenciar la crítica a la ineficiencia de una gestión en particular con lo que son las funciones  naturales de una institución. Todo esto forma parte de la diatriba diaria, las descalificaciones se hacen costumbre y de manera peligrosa algunos interesados lo utilizan para ir contra el estado, contra la democracia.

            Con solo considerar estos dos aspectos que atentan contra la integridad física o geográfica del territorio y contra el andamiaje institucional, podemos decir que gran parte de la campaña electoral se ha enfilado contra el estado, mientras la inmensa mayoría de los venezolanos esperamos que los sectores en disputa actúen con una visión futura del país que será más difícil levantar mañana si hoy socavamos sus bases.

            El debate debe retomar su altura, por más polarizada que esté la confrontación entre las fuerzas que se identifican con la izquierda y pregonan el socialismo y las fuerzas de derecha con sus propuestas neoliberales, lo deseable es que haya coincidencia en abonar por el bien de Venezuela ahora y siempre.

 

 

 
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