El ABC de Juan Miguel Matheus – Profesor universitario y promotor del grupo “Forma”

Juan Miguel Matheus: “no se puede abdicar de la actividad política”

Habrá tiempo de lo técnico cuando recuperemos las libertades y la democracia. Hoy la esperanza es una palabra clave entre los jóvenes. En la cabeza de todos los venezolanos crece la idea de que la transición ya comenzó, señala el profesor universitario y promotor de la formación doctrinaria.   

 

Macky Arenas

 

Valenciano, con raíces familiares en Cojedes y Yaracuy. Sobrino de un ministro de Educación y egresado de la Universidad Monteávila. Ejerce como Secretario de Doctrina de Primero Justicia. Seguramente se le ha encomendado esa responsabilidad, no sólo por su amplia formación sino por su capacidad para transmitirla y motivar a los jóvenes a rescatar del abandono en que los partidos han sumido a ese vital segmento de la preparación de sus cuadros. Pronto entendió que para hacer política tenía que formarse y ha persistido hasta lograr que más de 600 jóvenes de las comunidades populares caraqueñas, hayan recibido base doctrinal. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

 

 No son comunes tus inquietudes y convicciones en la generación política a la que perteneces. ¿Qué te inspira?

 

 Un mensaje recurrente de Su Santidad el Papa Juan Pablo II era que el futuro de la humanidad –en nuestro caso el futuro de Venezuela-, está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para mantener la esperanza. Hoy la esperanza es una palabra clave entre nosotros los venezolanos que tiene que hacerse una realidad vivencial en el corazón, sobre todo, de las nuevas generaciones, de los jóvenes que deben creer, aspirar, estar en Venezuela y hacer fructificar sus talentos en este país.

 

Vista la situación del país, pareciera un deber moral hacer política…

 

No se puede abdicar de participar en la actividad política, entendida como la acción administrativa, legislativa, económica, cultural dirigida, orgánica e institucionalmente a buscar el Bien Común. Ir a los asuntos públicos desde una conciencia católica, abordar las realidades terrenas para construir en Venezuela un orden de justicia y de paz, es un ideal de todo venezolano, especialmente de los jóvenes, porque es también una gran aventura, el inmenso reto que tenemos por delante.

 

¿Cómo se concreta ese reto?

 

Quedarse en el país, echar raíces en el país, no abandonarlo.

 

¿De qué manera se inscribe “Forma” en ese compromiso?

 

Es una asociación civil dedicada a la formación política, a crear las condiciones para que ella sea posible. En 4 o 5 años hemos logrado que los dirigentes del grupo fundador, unos seis u ocho, saliéramos a prepararnos, a hacer doctorados y maestrías en el exterior, con la idea de regresar a dedicarnos a la actividad política. En mi caso, terminé un doctorado en Derecho Constitucional y Parlamentario en España. Gané un premio por mi tesis, la primera vez que lo ganaba un estudiante no español. Durante el doctorado fue invitado como profesor visitante en dos universidades norteamericanas y aquí estoy, de regreso a la lucha.

 

Y te decidiste por Primero Justicia…

 

Así es, continuamos con “Forma como parte de una actividad política que conserva dos grandes vertientes para este año: uno es ‘’Juventud y Destino de la Nación” con aspiraciones de proyecto de formación a nivel nacional. Hemos visitado nueve ciudades donde impartimos  seminarios de 3 días que han sido sumamente exitosos. El otro es “Petare Mío” y “Caracas Mía”, programas de formación de líderes comunitarios, militantes o no en partidos políticos, donde les damos herramientas para autogestión comunal. Ellos salen capaces de liderar y gestionar soluciones.

 

¿A cuántas personas han podido formar?

 

“Petare Mío” a 300 personas y “Caracas Mía” 603. Ahora nos enfocamos en la parroquia Sucre en Catia y municipio Sucre, donde desarrollamos intensa actividad de campaña política. Por ahora nos concentraremos en la capital, aunque hay fundadores de “Forma” trabajando en otras ciudades en el esfuerzo de formación política.

 

EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DEL 2007

 

¿Cuál es la respuesta de los jóvenes, creen que la formación debe ocupar un lugar importante en su agenda política?

 

Los muchachos están tan implicados y tan colocados en la lucha política práctica, que eso mismo hace que ellos entiendan por la vía empírica, de los hechos, que es necesario formarse. Puedo decir con orgullo que los jóvenes de los partidos políticos son conscientes de la necesidad de la formación. Llegan a la lucha política, especialmente después de la emergencia del movimiento estudiantil en 2007, pero esa manera precipitada de irrumpir en el escenario público les mostró que era necesario encontrarle sentido y finalidad a la política. Por eso no sólo están abiertos, sino ávidos de formación. Lo notamos claramente en el trabajo que desarrollamos para este propósito. Sin duda, quieren formarse.

 

 En la era digital, no prefieren privilegiar la tecno-instrucción por sobre la formación ideológica y doctrinal? El mismo liderazgo político que descolla como relevo se nota poco sólido desde ese punto de vista…

 

 El riesgo de la tecnocracia está siempre latente. En el siglo XXI, con la tan cacareada crisis de las ideologías, el riesgo de pensar que la política es una técnica que consiste en producir resultados palpables en el área de la economía, de la infraestructura es un riesgo siempre presente. Pero, afortunadamente, quien pisa la política y tiene vocación de servicio entiende que la política no es una mera técnica, que no es un mero producir bienes externos, sino que la política tiene que ver con el recto orden de la Justicia, con el crear condiciones morales para la vida común y eso supone una formación moral, en virtudes, en hábitos, en corazón y cabeza, todo lo cual va mucho más allá de los conocimientos técnicos.

 

 Eso no parece estar muy claro y cuesta mucho más verlo cuanto los problemas son graves y crecientes…

 

 Todo eso tiene que ser visto con cuidado porque no nos estamos enfrentando a una dificultad técnica. La revolución bolivariana, el chavismo, no es un problema técnico. No se trata de un conglomerado de tecnócratas que han tomado el poder. Por el contrario, quienes están en ese lado del país tienen una formación ideológica, unas aspiraciones que llaman “morales” y unas pretensiones de poder que afectan la vida moral de los venezolanos. De manera que cuando nos enfrentamos al régimen, en cuanto a sistema totalitario, no es que estamos ante un mal gobierno o un grupo que no ha sabido gerenciar los problemas del país, sino que nos estamos enfrentando  a un mal moral, a un cáncer, a un régimen cuya naturaleza es perversa. Entonces, no es que lo técnico no sea importante, sino que aparece en segundo lugar. Habrá tiempo de ocuparse de lo técnico cuando recuperemos las libertades y la democracia.

 

Cuando se habla de la muerte de las ideologías se descalifica a quienes privilegian la discusión teórica por sobre las necesidades reales de la gente; tal vez la pregunta sea: ¿la crisis es de ideologías o de coherencia?

 

Cuando hablamos de crisis de ideologías lo que en el fondo se está diciendo –y creo que hacia allí apunta toda la experiencia de la caída del comunismo a finales del siglo pasado- es que existen una pretensiones ideológicas que no se corresponden con la naturaleza humana y por ello caen por su propio peso. En otras palabras, le hacen violencia al hombre, crean injusticia en la vida individual y social del hombre y por eso no hay manera de sostenerlas, como no sea por actos de firme voluntad, ejerciendo el poder de manera autocrática. Pero al final del día se desmoronan porque no se corresponden con la verdad que hay en el ser humano. En ese sentido podemos decir que sí hay crisis en las ideologías. Pero hay que distinguir la ideología del plano de la realidad, porque hay una crisis que supera, con mucho, lo que podría entenderse como las concepciones ideológicas de la política. Las hay que son lícitas, pero hoy están siendo amenazadas por un mal mucho peor que es lo que se ha denunciado como la dictadura del relativismo.

 

Un fenómeno sobre el cual ha insistido mucho Su Santidad Benedicto XVI. De manera recurrente alerta sobre el tema y lo ha trabajado profundamente…

 

 Cierto, porque el riesgo es que se tiende a pensar que no hay verdades permanentes, que todo vale y que las relaciones en política no tienen nada que ver con que las conductas se adecúen a prescripciones morales o patrones éticos, sino con que la fuerza de cada uno pueda expandirse en una dirección u otra. El Papa Benedicto XVI lleva años denunciando ese fenómeno como “dictadura del relativismo”, que tiende a imponer el criterio de que quienes se ciñen a verdades permanentes en la naturaleza humana –derechos humanos, etc- no son fiables desde el punto de vista democrático. En el fondo, esa crisis que causa la dictadura del relativismo termina convirtiendo a la democracia en un mero método de procedimientos. La democracia no tendría que ver con la vida justa del hombre, sino que es un simple mecanismo para que el fuerte se imponga una vez que tenga la mitad más uno de los votos. Esas decisiones de la mayoría no tendrían nada que ver con los problemas permanentes de las personas en relación a derechos de las minorías u otros.

 

 

“las experiencias de “Petare Mio” y “Caracas Mia”

EL RELATIVISMO MORAL

 

También el Papa ha dicho que la mentira es el sello diablo, que la falsedad es el gran mal de la humanidad en estos tiempos. ¿Qué señales piensas podría dar un gobierno nuevo, un equipo diferente en la conducción del país, de compromiso con los problemas reales de la gente, con la verdad y sin ataduras con esa dictadura del relativismo? ¿Tienes esperanzas de que en Venezuela podamos ver un gobierno que se acoja a esos preceptos?

 

Creo que a pesar del estado de corrupción y degradación moral e institucional en que se encuentra el país, los venezolanos, Dios mediante, vamos a marchar en un proceso de regeneración del tejido moral e institucional de la República. Como estamos en política, el vencer ese relativismo moral -que se ha hecho cultura social y política- va a requerir de unos mecanismos muy concretos para que eso sea posible. Por eso creo que la restauración del estado constitucional va a jugar un papel muy importante. ¿Cómo vencemos esa concepción darwinista según la cual el más fuerte puede imponerse contra todo, según la cual todo vale en política con tal de conseguir el poder y mantenerse en él? Pues precisamente recobrando la primacía de las leyes, sujetarnos al Estado de Derecho y concretamente volver los venezolanos a un amplio pacto de convivencia en virtud del cual se pueda disentir, pero sin abandonarlo. Ese es un procedimiento muy práctico para vencer el relativismo. Es decir, tenemos derecho a existir y pensar distinto, pero no tenemos derecho a imponernos, ni aniquilar al otro y menos a ignorar los valores que como pueblo nos hemos dado a través de un acuerdo. Ese acuerdo o pacto es la Constitución. Es clave la manera como legitimemos el texto constitucional actual o cual será aquél sobre el cual vamos a construir la nueva democracia.

 

¿Y qué se piensa al respecto?

 

Hay tres concepciones. La primera es la de aquellos que piensan que todo lo ocurrido desde 1999 hasta acá es  ilegítimo y por ello debemos regresar a la Constitución de 1961; otros piensan que debemos ir a un nuevo proceso constituyente. Pienso que la primera opción está descartada pues sería políticamente inviable. Legitimar la Constitución del 99 sería lo más pacífico y menos traumático. Pero también se puede presentar la vicisitud de tener que convocar a una nueva constituyente que redacte otra Constitución. Se verá en su momento.

 

 Todo se perfila complicado. Se nota una tendencia a hablar de alternabilidad en lugar de transición como una manera de evitar comprometerse políticamente sobre lo que viene. ¿No crees que hará falta mucha madurez política, desprendimiento y visión estadista sobre el país para lograr un piso político que garantice estabilidad a un nuevo gobierno?

 

En la cabeza de todos los venezolanos crece y se cultiva cada vez más la idea de que la transición comenzó, de que esto ya no es lo mismo, de que estamos cabalgando para mejorar. Una transición implica ir de lo no democrático a lo democrático, de lo no justo a lo justo, de lo inconstitucional a lo constitucional.

 

 Pero eso significa desmontar todo este entramado autoritario sobre el cual hemos vivido por casi 15 años…

 

Aquí se ha montado una estructura de impunidad, se ha tomado la arquitectura constitucional y se la ha convertido en una estructura blindada para el despliegue arbitrario del poder. No precisamente para controlar al poder, que es lo que manda la Constitución. El marco de la transición es desmontar todo eso. Ahora, toda transición política es siempre una ocasión para que se viva con cierto heroísmo, lo cual no es más que generosidad y desprendimiento, saber renunciar a las propias posiciones de grupos o partidos, entendiendo que en política no se está sólo y que hay que contar con el otro.

 

 Ese fue el espíritu del Pacto de Puntofijo, que fue capaz de dar piso sólido a la democracia venezolana por medio siglo…

 

Muy importante, aunque no está de moda, es que quienes queremos reconstruir este país salgamos a rastrear en nuestra historia para obtener lecciones de las oportunidades en que los venezolanos hemos podido ponernos de acuerdo para salir adelante. Ese es un perfecto ejemplo –y hasta ahora el más emblemático- de cómo superamos la autocracia y sostuvimos un régimen de libertades. Es un referente y estoy seguro de que esa luz de Puntofijo estará alumbrando lo que vamos a llevar adelante.-

 

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