EL TAMAÑO DE “LA PATRIA GRANDE”

Mariano Nava Contreras


Mariano Nava Contreras
marianonava@gmail.com

 

Lo sabemos, hay historias que marcan. Un viaje, un accidente, una experiencia especial, hay cosas que nos pasan, a partir de las cuales ya no volvemos a ser los mismos. Son como las irregularidades de un terreno que tuercen sin remedio los caminos. Lo mismo pasa con los países. Hay cosas que ocurren y que marcan su historia para siempre, y lo que es más, definen la forma de ser de sus ciudadanos por generaciones. Un terremoto, una guerra, los traumas colectivos funcionan un poco como lo que nos afecta individualmente.

 

Yo diría que el nacimiento de nuestro país estuvo marcado por violentos traumas. Así es, tuvimos un nacimiento traumático. En ninguna otra parte la guerra de independencia fue tan cruenta, tan destructora. Esto de salir a libertar lo que después fueron cinco países tiene lo suyo. Y para completar, aquello que atribuyen a Bolívar, de que “la patria es América”. Desde entonces nos hemos creído muchas cosas que no somos. Nos hemos arrogado una especie de tutoría sobre los demás países de la región, un protectorado que nadie nos pidió nunca, y por supuesto, que nadie se cree. A falta de capacidad para construir un Estado sólido y próspero, para promover nuestra cultura, hemos forjado este liderazgo a punta de real, a golpe de chequera, con mano pronta y suelta para gastar el dinero petrolero que no hemos trabajado, ni mucho menos hemos sabido invertir. Con el tiempo, los vecinos se han acostumbrado a vernos como tontos con plata, los nuevos ricos del vecindario, de los que siempre es posible sacar buena tajada a cambio de muy poco o nada.

 

Así se fue creando el supuesto “liderazgo” continental de nuestros presidentes. Un liderazgo en el que hoy por supuesto nadie cree, empezando por los mismos venezolanos. Un liderazgo que solo beneficia al ego del líder de turno y a los parásitos a los que alimenta. Porque es un gran negocio ser presidente de un país riquísimo y sin una verdadera cultura democrática, y debe ser sumamente placentero gastar irresponsablemente el dinero que uno no trabaja. Debe ser, hay que reconocerlo, sumamente divertido: un hospital aquí, una escuela allá, una carretera más allá, que todo el continente quede lleno de las huellas de tu mano filantrópica. Regalar a manos llenas lo que nada te ha costado, convencido de que, efectivamente, estamos salvando el mundo.

 

Tiene que ser fabuloso sentirse benefactor de la humanidad, que las multitudes te aclamen, que las muchedumbres de todas partes te reconozcan como el líder indiscutible de la patria grande, ¿se imaginan?

 

Y es que el mundo, y con él la patria, se encoge cuando los bolsillos se estiran. Curiosa interrelación entre economía y geografía, que auspicia la prometéica labor del líder. Un avión modernísimo, de esos que hacen en el imperio, siempre dispuesto para los apoteósicos periplos. Pisos enteros en hoteles lujosísimos a tu disposición. Tomar café con Fidel por la mañana y en la tarde el té con Cristina soñando imposibles utopías: un oleoducto panamericano, un ferrocarril transamazónico, la unión monetaria del continente, el puente “por debajo” del lago de Maracaibo. Quién sabe si hasta te provoca pasar de regreso por casa de Evo para tomar juntos la infusión de coca, y conversar un poco sobre la resurrección del imperio Inca. Total, no tienes que dar explicaciones a nadie, que para eso eres el líder. Un “encuentro” con izquierdistas en Sao Paulo, un baño de masas en La Paz, una caravana triunfal en Quito con abrazos y declaraciones, una cena en Managua con promesas de refinerías y plantas eléctricas. En la noche ya de vuelta en Caracas, pero no importa, la semana que viene nos vemos todos de nuevo en una “Cumbre” en Montevideo, con muchas más declaraciones y abrazos, y entrañables retratos de familia. Así, está clarísimo, la Patria Grande se vuelve chiquita.

 

Bueno sería saber, a todas estas, de qué tamaño será la patria para el que anda en su camionetica.

 

 

 

 

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