Elián González, el prodigio de la revolución cubana

Elián González, de 18 años, está cursando su preuniversitario en la academia militar Camilo Cienfuegos para servir a la revolución

Elián González, el balserito que conmocionó al mundo cuando fue rescatado en las costas de Florida en 2000, es hoy uno de los símbolos del modelo castrista en Cuba.

 

Parece que el tiempo se hubiera detenido en Little Havana, el barrio de Miami donde reside gran parte de los cubanos que llegan a Florida. En la Calle 2 noroeste 2319 sigue en pie una casa de la que cuelgan la bandera cubana y la estadounidense. Adentro están intactas las pertenencias de Elián González, un niño cubano a quien su madre embarcó en una peligrosa travesía hacia las costas de Florida hace más de una década. La habitación que lo hospedó entre 1999 y 2000 permanece idéntica, y el balserito, con 18 años, es un cadete de la escuela militar Camilo Cienfuegos y un símbolo de la revolución cubana.

Su abuela, María Quintana, insiste en que Elián “lleva una vida normal”. Sin embargo, desde que el niño salió de Cuba, nada ha sido así. “No hay sino que ver su discurso público. Está totalmente adoctrinado. Podría haber seguido una vida común y corriente, pero se ha convertido en la mascota del régimen”, dijo a SEMANA Maite Rico, periodista de El País de Madrid y autora de un reciente artículo sobre el joven balsero que se convirtió en héroe nacional.

El joven ha dicho que el día más feliz de su vida fue cuando se reencontró con su padre, Juan Miguel González, quien hoy es miembro de la Asamblea del Poder Popular

Para empezar, la llegada de Elián a Florida fue traumática. Su madre había emprendido el viaje en busca de aprovechar los privilegios que la ley norteamericana le otorga a los cubanos que logran poner pie en esa tierra, aún a costa de poner en peligro su vida. Pero la rudimentaria balsa en que navegaban se accidentó, su mamá murió con otras diez personas, y el pequeño quedó flotando en un neumático. Tras días a la deriva, unos pescadores lo rescataron, lo llevaron a tierra firme en Estados Unidos y lo entregaron a su tío abuelo, Delfín González, quien vivía en Little Havana. Como era de esperarse, el padre de Elián, Juan Miguel González, lo reclamó desde la isla.

Entonces la situación se salió de control y el balserito se convirtió en el protagonista de un circo mediático que reflejaba la tensión entre Cuba y Estados Unidos. Por un lado, la comunidad ubicada en Miami, aun en contravía de las leyes federales y de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, insistía en que Elián debía quedarse en Florida donde, según ellos, sería libre. Por el otro, La Habana movilizó a toda la población para exigir el retorno del chico mientras a Castro le parecía inconcebible que “la mafia anticubana” usara al pequeño con fines propagandísticos, cosa que él también hacía.

Pronto, Elián pasó de ser un niño cualquiera a ser el más codiciado premio en el tire y afloje de ambos países. Los intereses del menor poco o nada importaban en la pugna, y por eso cuando la fiscal del caso determinó que debía estar con su padre, la ya complicada situación se tornó crítica. Los familiares de Elián en Miami se negaron a entregarlo, pero, como dijo el entonces presidente Bill Clinton: “Si yo hiciera caso omiso de la ley, jamás podría decir que el secuestro y la retención de menores estadounidenses en otros países es prohibido”. El servicio de Inmigración finalmente allanó la casa en la madrugada del 22 de abril de 2000. El pánico y la confusión del momento quedaron plasmados en una foto que muestra a unos agentes armados hasta los dientes amenazando al pescador Donato Dalrymple con quitarle a Elián de sus brazos.

Finalmente el niño de 6 años se pudo reunir con su padre, quien viajó a Miami para llevarlo de vuelta a su país natal. El conmovedor reencuentro y la partida del balserito significaron una enorme pérdida para los cubanos de Estados Unidos. Pero Fidel supo que había ganado una ficha propagandística. Por eso, si el paso de Elián por Estados Unidos había sido traumático, en Cuba su vida tampoco volvió a la normalidad.

El comandante se tomó la tarea personal de garantizar la seguridad, comodidad y educación del balserito, el héroe que no solo sobrevivió las inclemencias del mar, sino que salió incorrupto del país enemigo. El régimen no escatimó esfuerzos para cuidar su nuevo tesoro y le brindó una vida distinta a la que tenía antes de salir de la isla. Maite Rico explica que, “hubo un cambio de estatus importante”. Juan Miguel, quien trabajaba como mesero, de repente obtuvo un escaño en la Asamblea del Poder Popular y la familia pasó de vivir en una casa modesta en Cárdenas, a una residencia cerca al mar, con un gran portón y rodeada de guardias.

La imagen del rescate de Elián por los agentes del servicio de Inmigración ganó el premio Pulitzer en 2001.

Después de todo el drama en Florida, tal vez lo mejor hubiera sido permitir que el niño retomara su vida sin mayor escándalo. Pero Castro se encargó de que eso no ocurriera. En 2001 inauguró el museo Batalla de las Ideas en honor a la “lucha del pueblo cubano para regresar al pequeño a su pueblo patrio”. Así, a diferencia de cualquiera de sus compañeros, Elián se volvió un ícono en la isla.

Fidel, además de apadrinarlo y acompañarlo en eventos públicos, suele ir a sus fiestas de cumpleaños. Tras años bajo el ala del comandante, el cadete González se distingue de muchos de sus contemporáneos en el pensamiento político. A los 11 años, en su primer discurso público agradeció a Fidel por haber luchado para llevarlo a casa. A los 14, recibió el carné de las Juventudes Comunistas de manos del presidente y, justo una década después de su repatriación, entró a la carrera militar. “Estoy orgulloso de dar un aporte a la revolución -dice Elián-. Nuestro comandante es lo máximo para nuestra historia. Solo con verlo el pueblo retoma su fe, sus esperanzas y se siente feliz”.

Hace unos meses, el diario oficial Juventud Rebelde celebró la iniciativa del joven con un artículo que resume su vida posterior al drama: “Después de haber sido el juguete de los enemigos de la revolución, lo vemos vestido de verde olivo”. Pero no solo fueron los enemigos quienes lo usaron. Aunque Castro siempre criticó duramente los intentos de los cubanos de Miami por tratar de lavarle el cerebro al niño, él mismo cayó en ese juego. Para Rico, “Fidel lo moldeó como si fuera arcilla para crear ese hombre nuevo de la revolución. Lo interesante es ver qué pasará cuando la dictadura caiga”. Tal vez por eso Delfín González, el tío abuelo, conserva los muñecos de Power Rangers y la maleta de Toy Story en el cuarto de su casa en Miami. Aún guarda la esperanza de que vuelva el que considera el ‘verdadero Elián’.

 

Especial.Semana.Com

 
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