Reconocer, sin complejos

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com 

 

            Todos lo repiten pero muy pocos se atreven a dar el paso. Sí, es significativo el número de personas que afirman que el problema básico que traba la transformación de la sociedad es cultural, que nos acostumbramos a pensar de cierta manera y ello crea una barrera que impide ver y sentir que nada es estático, que hay otra realidad, que es necesario tomar lo bueno, corregir las fallas y asumir lo positivo del momento o circunstancia para avanzar.

            Decir esto parece fácil, pero ¡cómo cuesta llevarlo a la práctica!  Lo  comprobamos a cada rato en estos días cercanos a una confrontación electoral cuando cualquier conversación deriva en discusión sobre los pro y los contra de una u otra opción presidencial. Lo meramente electoral o político copa la escena y ya nadie habla de lo que ha hecho o puede hacer para vencer la barrera cultural que nos frena.

            Mucho ganaríamos si en vez de limitarnos a la queja permanente de las múltiples fallas del sistema de salud público, revisamos lo bueno que pueda existir allí (sí existe, no seamos mezquinos) y aportamos el mayor esfuerzo posible ya sea individual o colectivamente para consolidar ese servicio, sin importar que sea una acción de este o aquel gobierno, lo importante es que aporte beneficios y que éstos perduren más allá de esa gestión.

Señalo el sector salud por la facilidad con que se esgrime que por el desastre de los ambulatorios y hospitales hay que acudir necesariamente a las clínicas privadas, donde supuestamente están los mejores profesionales de la medicina y equipos médicos, centros de acceso limitado para la población por el elevado costo económico. Una justificación adicional para el mercantilismo con que algunos médicos asumen su profesión.

            Despojarse de unos cuantos complejos y concepciones equivocadas, permitiría ver lo real: hospitales colapsados o a media máquina junto al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) y Centro de Alta Tecnología (CAT) funcionando a cabalidad, clínicas bien dotadas pero inaccesibles para el ciudadano común, personal médico con sensibilidad humana y social en ambos sectores y con sus excepciones también, en fin, lo bueno y lo malo se hace presente en lo público y lo privado.

            Aunque se haga difícil hay que dar el paso, reconocer la realidad permitirá dejar atrás la costumbre de anteponer una pantalla negativa ante las acciones que provengan del sector con el que no comulgamos política e ideológicamente y es la forma de acabar con ese círculo interminable de culpar a la “gestión anterior”, de interrumpir gestiones exitosas y comenzar de nuevo, ensayo tras ensayo, como ha ocurrido tantas veces. Es la hora de avanzar.

 

 
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