El secreto

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli A.
jmrhab@yahoo.com

 

El voto es secreto y más que nunca hay que ejercerlo para recobrar lo que nunca debimos perder

 

Estamos en plena recta final. La campaña electoral ha entrado en una fase definitoria en la cual se siente el tufillo a guerra sucia que siempre impregna a quienes se sienten en riesgo de perder la contienda. Lo curioso es que esta práctica en nuestro país ha perjudicado siempre a quien la usa pero inexplicablemente se insiste en ello. En esta suerte de “vale todo” que ha venido imponiendo en las últimas semanas el comando de las fuerzas políticas que apoyan al Presidente, quien por cierto luce bastante agotado, permanece subyacente también la táctica chiquita y estúpida de insuflar temores y dentro de ésta la subespecie velada del voto conocido.

Dada la importancia de este tema, por principios y por convicción no podemos dejar de insistir acá, una vez más, que el voto sí es secreto y siempre lo ha sido, lo demás son cuentos de camino. Tácticas de guerra sucia que además son perversas pues buscan menguar nuestra vocación democrática y el ejercicio de nuestros derechos políticos como lo manda la razón y lo garantiza la Constitución.

Pregúntese usted amigo lector, cuántas personas que usted conoce han sufrido represalias políticas por haber votado en contra del Gobierno. La respuesta es ninguna. Quienes en algún momento se han visto afectados por represalias de esta especie, han sido víctimas de listas abiertas con firmas que el Gobierno pudo conocer con facilidad, pero en ningún caso porque se supiera por quién votó. En este sentido, escuchaba recientemente al acucioso periodista experto en la fuente electoral Eugenio Martínez, dar una explicación incontestable, según la cual no es posible determinar la secuencia del voto, es decir, las máquinas “embuchan” los votos y no hay una lista, algoritmo o método que indique a qué hora votó cada quien. Pero además de esto, hay otro precedente claro en las primarias de la oposición; si el voto se pudiera descubrir tecnológicamente no hubieran movilizado hasta al TSJ para tratar de obtener los cuadernos mediante una sentencia célebremente absurda * . En definitiva, el voto es y ha sido siempre secreto, si no lo fuera el costo político y legal para el propio Gobierno sería impagable, de modo que no le paren a cuentos de camino. El voto es secreto y ahora más que nunca hay que ejercerlo para recobrar lo que nunca debimos perder.

 

 



*En las primarias, todos los votantes lo hicieron por candidatos opositores, de allí que apoderarse de los cuadernos, significaba ponerle la mano a los opositores. No así ocurre en una elección normal. Los cuadernos simplemente indican quién en verdad votó, no por quién lo hizo.

 

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