Encuestas van, encuestas vienen

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Carlos Lozano
caminandoconcarloslozano@gmail.com 

 

El furor político electoral ha terminado por transformar  a estudios que en Venezuela por décadas vinieron desarrollándose como una actividad seria y de creciente importancia, en meras armas propagandísticas tan descaradamente elaboradas que generan cada vez menos resultados para sus patrocinadores.

Una encuesta, mucho se ha explicado, es el reflejo de un momento, y por eso sólo un proceso de análisis continuo, de una serie de encuestas, sobre un tema -sea la percepción de usuarios y consumidores sobre un servicio o un producto, sea la interpretación de una sociedad sobre ideas, propuestas programáticas políticas o sobre un personaje- puede dar en el mediano plazo una orientación razonablemente valiosa.

Utilizar encuestas puntuales para tratar de convencer al público de que un candidato presidencial -o a otro cargo por elección- está por encima de sus adversarios, permite entusiasmar a seguidores menos avisados pero sólo hasta que aparezca la encuesta contraria; y cuando este contrapunteo  de encuestas se convierte en una actividad prácticamente semanal el tema se banaliza y, aún peor para quien las contrata con esa intención, termina por erosionar la eficacia propagandística del instrumento.

Otro elemento muchas veces olvidado es que la encuesta como tal no es un argumento de consumo realmente popular, no llega fácilmente -depende de la publicación en los programas de opinión y en la prensa- a las grandes masas electorales. Puede que tenga alguna función como generadora de comentarios, del tradicional “boca a boca”. Los grandes grupos de electores están en las clases de menores recursos, que leen poca prensa, en radio optan por música y en televisión por telenovelas, series y deportes, de manera que la sensación de popularidad de un candidato que pueda impulsar una encuesta, llegará a esas masas filtrada, ajustada, por diversas interpretaciones.

Un riesgo aún peor es cuando esa sensación de insuperable o inalcanzable popularidad llega a los seguidores de un candidato. Un claro ejemplo es la insistencia del chavismo  en difundir resultados que le otorgan una abrumadora ventaja al candidato oficial, algo terminaría perjudicando a quien apoyan, si llegan se convencen de que su candidato ya ganó.  Se pregunta uno, ¿Será un riesgo que vale la pena correr?

 

 
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