ARMAS ELECTORALES

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

 

I

          La gran paradoja de las elecciones venezolanas es que al simplificarse las opciones por culpa de la profunda polarización del país, se han hecho más ricas y complejas las decisiones que deban tomarse. A una premisa “simple” debería corresponder –si hubiera lógica en el mundo- una pauta de conducta que también lo fuera. Pero no, no es así. En procesos de vocación totalitaria como el de Venezuela el oficio político deja de ser asunto de profesionales o especialistas para convertirse en tarea de todos o casi todos, incluso de los que nunca imaginaron que algún día iban a desempeñar algo que siempre tuvieron por muy despreciable

Marshall McLuhan

          De política se ocupaba una parte de la sociedad. La mayoría la tenía por algo ajeno. Pero en la actualidad no hay quien no haya sido tocado por ella porque la máquina autocrática está afectando a la sociedad en su conjunto. Nadie está ausente; todos están siendo afectados en alguna parte muy sensible por la lógica envolvente del totalitarismo.

            La brutal polarización impuesta con fe de carbonario por el presidente Chávez ha colocado a la gente, más allá de ideas o corrientes, en uno de dos términos de la ecuación: con o contra el régimen. Es lo que explica la existencia de una Unidad Democrática plural, que reúne en su seno todas o casi todas las ideologías existentes en Venezuela y el mundo. Lo interesante es que funcionan en forma homogénea y eficaz, como se aprecia en su desempeño electoral. Se da lo que a primera vista pasaría por contradictorio: en el oficialismo, que por someterse a un pensamiento único y a un líder omnisciente se asume de unidad “granítica”, crepitan contradicciones que le impiden, sea por caso, escoger sus abanderados para alcaldías y gobernaciones. En cambio la UD   -suma de muchos sectores- escogió fácilmente sus candidatos en consulta popular primaria.

            El resultado es que mientras la “homogeneidad” es una ficción en el gobierno, la pluralidad opositora se desenvuelve muy bien. Es lo que le ha permitido a Capriles expandirse sin traumas al punto de colocarse en la puerta de entrada al Palacio de Miraflores

 

II

           Debe admitirse el creciente papel de los medios en la era de la revolución informática-comunicacional, tanto más si son usados en forma abusiva y ventajista como lo hace el presidente Chávez. El arma comunicacional es cada vez más sofisticada. Pecaríamos si nos limitamos a asociarla con la manipulación. Marshall McLuhan, un pensador que las personas cultas deben estudiar, acuñó algunas definiciones impactantes. “El medio es el mensaje”, “la aldea global”. En algún momento habló de “retribalización” para indicar que se estaba produciendo un vuelco hacia la era primitiva en la que el contacto oral encerraba la totalidad de las sensaciones de la gente. Después los medios lo desplazaron para finalmente regresar a él en varios de los desarrollos de Internet. Ahora conversamos y nos comunicamos en tiempo real sin que sea indispensable la presencia física del otro. ¿Pero bastará eso para que Chávez se ponga a tono con el descomunal esfuerzo de Capriles por entablar una relación inmediata y viva con los ciudadanos?

           Digámoslo así: en nuestro proceso electoral hay un candidato en diario y masivo contacto con la gente, y otro sentado hegemónicamente en los medios. ¿Quién ganará: la gente o los medios?

      La respuesta quede a los hechos: mientras el entusiasmo despertado por Capriles está perforando la esfera mediática nacional e internacional, Chávez descubre que sus armas son insuficientes. Se ha sentido obligado a combatir en el terreno del otro

 

III

            Interpretando mal la negativa de Capriles a responder los insultos orilleros y procaces de Chávez, el Comando Carabobo lo presionó para que entrara en el toma y dame de las palabras sucias, territorio donde el presidente es insuperable.

             -¡Tendrá que aceptar el “debate”!, clamaba Aristóbulo, todo ufano. ¡No podrá negarse a discutir! farfullaba el propio presidente.

         Para saber quién domina las elecciones basta ver a Chávez esforzándose contra su voluntad y estado de salud a convocar actos para neutralizar como pueda las colosales concentraciones de Capriles, y el giro gracioso de que quien exigía debate, a la hora de la verdad le saca el cuerpo. Capriles lo ha retado a una confrontación de programas y políticas, sin lenguaje cloacal, pero el hombre se niega balbuceando excusas tontas como la de que el “ganador no discute”

         La iniciativa está en manos del líder opositor; es él quien pone la agenda. Chávez no prescinde de su atalaya mediática, que por el contrario usa con desesperación, pero se ha asido como furgón de cola al ferrocarril de Capriles, tratando de ralentizarlo ya que por menoscabo físico y orfandad política no puede guardar su ritmo. Perdió la iniciativa, trata de bajar al campo del otro y opta por agredirlo y malinterpretar lo que haga o diga. Es el adjetivo de un sustantivo, el que le tira piedras al rival para sacarlo de cauce. Para su desgracia, Capriles no se perturba. Sigue su marcha hacia una victoria que tiene ya al alcance de la mano.

           Perdóneme, pues, mi admirado McLuhan, pero el medio, puesto en la fragua de una intensa campaña electoral no resultó ser el mensaje. Desde la altura del poder que le queda, Chávez contempla la desaparición de su reino, como don Rodrigo, el viejo monarca visigodo que mira entristecido e impotente la pérdida de la España que creía suya. La derrota lo sacó de su grotesca fantasía y le recordó que el país es del pueblo, único capaz de poner presidentes y quitar reyezuelos.

 

Artículos relacionados

Top