CH o HC el orden de los factores sí altera el producto

Faitha Nahmens

ESPECIAL PARA EL ABC DE LA SEMANA

Venezuela cuenta los días. Socialismo o libertad, muerte o vida, paz o guerra, el dilema está servido. Dos candidatos que son como el día y la noche quieren, uno perpetuarse, como el modelo fracasado que enarbola, mientras el otro propone trabajar ya por la democracia confiscada.


“¡Las cachuchas del tricolor a cien, bolígrafos de Hay un camino a diez!”, vocea sonriente su pregón una señora en la puerta. Faltando pocas horas para la certidumbre, coge candela el runrún calientico de que el ascenso en el favoritismo de un candidato presidencial deviene “tendencia irreversible”. El triunfalismo, por cautela y porque hay que echar el resto para garantizar la victoria –así se dice en la sede del comando de campaña Venezuela- no es tentación para el regodeo en ningunos de los cuatro pisos del edificio de Colinas de Bello Monte. Afanados en las salas de reuniones, en los pasillos, o en las escaleras –punto de encuentro entre dirigentes y un grupo de jóvenes voluntarios que desdeñan el ascensor- los que entran y salen dan por hecho, eso sí, que de pronto a la agenda de los días le cayó polvo royal, se esponjó.

“Tenemos el mismo ritmo intenso desde julio, solo que aparecen imponderables que hay que atender cuando el tiempo se acorta, muchos sucesos nos sorprenden y la mayoría son maravillas, todo se está canalizando…”, comenta espontáneamente una sindicalista que no declara porque “no soy vocero”. El diputado Miguel Pizarro, horas después, completará la idea: “Estamos listos para el siete, los que nos representarán en las mesas están bien preparados para defender nuestros votos, no digo voluntarios ¡ahora contamos con una sólida maquinaria!”

En Maripérez la casa rojo sanguíneo está cerrada a mediodía, el timbre suena para nadie, puertas afuera no hay pistas ni rastros de la agitación que debería albergar, se ve solo a Hugo Chávez en la foto de la sonrisa y el diente roto. Será dos días después, cuando a propósito de una rueda de prensa, la conmoción reflejará la circunstancia del calendario político. Están los medios de comunicación apostados a la espera de las palabras de Aristóbulo Istúriz cuando, vaya sorpresa, un militante del PSUV suelta bocajarro: adquerir es malo, adquirir no. Un puñado de simpatizantes llegan  con banderas y camisas del color con que se identifican coreando consignas. “Vinimos desde Aragua a entregar las listas de los nuevos convencidos de la patria, el trabajo de nuestro concejal ha sido muy importante, nos van a dar casas a todos nosotros”. La rueda de prensa es rápida, se le lanza lo suyo a Juan Carlos Caldera –he aquí la caldera del diablo… de Yare- y con gritos de “!uh ah!” se dirigen fundidos en la misma fiebre hacia Catia, con altavoces que resuenan al máximo de sus decibeles, estremeciendo a los cautivos indios de Plaza Venezuela. La pasión con que emprenden la marcha, no tendría suficiente eco, sin embargo, a la llegada. Es el día del video comprometedor, cuando Nicolás Maduro, el sucesor, a cargo de todo y más, le dice a Andrés Izarra, ministro de información –y propaganda- que por qué la asistencia es tan escuálida. “Es lo que hay”, le responde. No se ve a Jorge Rodríguez, alcalde de Libertador y cabeza del comando de campaña Batalla de Carabobo –la guerra y la historia patria como talismán- en la tarima ni por los alrededores. Algo pasa, la gente se retira, y el candidato también. “No, no pasa nada, no siempre en todos los mítines debe hablar el candidato”, aproximarán después una explicación que llama la atención, tratándose de quien se trata: Hugo Chávez, el hombre que más ha hablado en público en la historia, después de Fidel Castro. Un vecino de Pro Catia tiene su propia hipótesis sobre la dispersión: “La gente aquí está muy organizada y no de un tiempo para acá, somos luchadores sociales desde mucho antes del chavismo, pero a la vez que entendemos nuestros derechos queremos también salir adelante, y resulta que ahora quieren expropiar las tiendas de los comerciantes que tanto han sudado”.

Chávez habría organizado su campaña en torno de dos ideas: el pensamiento mágico y la promesa de continuar con su legado, pero con más eficiencia, analiza el escritor Ibsen Martínez. Capriles, “disciplinado”, “cada vez más fuerte”, “valiente”, “fresco”, “sereno”, apostará a la unidad que él mismo encarna, al progreso y a un mejor futuro, dirá Luis Manuel Esculpi. “!Levanten la mano quienes quieren vivir mejor!”, pregunta en Maturín, y aquello es un bosque de brazos. Hechos en vez de palabras. Más trabajo y menos política. “Sí, Capriles ha resultado un excelente candidato, convincente, disciplinado, preciso sin descuidar las simpatías que despierta”, dirán Esculpi, Diego Arria y el publicista Aquiles Esté. “Está haciendo lo que había que hacer, seducir a los sectores rurales, porque las ciudades lo apoyan”.

Bipolar el país, si más, o si menos, y acaso ni tan diseccionado en cuanto a sueños y carencias como lo querría hacer ver el general de división en el juego de espejos, lo cierto es que este siete de octubre se da por sentado que Venezuela se juega a Rosalinda. Dos candidatos se encuentran en la arena de la lucha desde trincheras antagónicas, exhibiendo cuánto difieren y a la vez, cual yin y yang, cuán ensartados, como un par de boxeadores, podrían estar uno y el otro. Lamentablemente, lo cierto, por ahora, es que solo uno de ellos usa con frecuencia el término “reconciliación”, mientras que el otro usa “terminaremos con” o “exterminio”. Sí, desde sus esquinas son -y representan- polos opuestos.

 

Versus a versus

 

En la competencia por la presidencia de la república –la “quinta”, para uno, y de aceptar esta cuenta del léxico chavista, la “sexta” para el otro-, ambos contendientes exhiben estilos inconfundibles así como ofertas diferentes, sobre todo en lo modélico. No se parecen ni en la manera de leer la realidad y el momento, tampoco en el diagnóstico de lo que incluso está a ojos vista. La pobreza, tópico álgido y meollo político impostergable, estaría siendo desmontada gracias al impacto directo de las misiones: “La pobreza se acabó en Venezuela”, dirá el candidato reincidente. Para el otro, al cabo de 14 años de bonanza petrolera constante y vertiginosa, resultará terrible el saldo, una estafa, una burla, pese a que a lo largo y ancho del país se erigen viviendas contrarreloj y el gobierno anuncia la entrega de las llaves de 250.000 nuevas casas. “Si desde que comenzó el gobierno se hubieran construido las casas necesarias desde un plan organizado no estarían ahora entregando viviendas de dudosa calidad, y violando normativas de habitabilidad -muchas no tienen estacionamientos- urgidos por el apremio electoral, pero sobre todo, no habría un solo refugiado, y nadie sin techo”, dice el candidato de la unidad a quien las masas aclaman con “furor”.

Es la palabra que utiliza el escritor Leonardo Padrón para describir la respuesta festiva que produce el de la camisa azul –a veces se la pone roja- por donde quiera que pasa. “Ya viene la coñaza”, dice sonriente el primer candidato electo en primarias, según reseña Padrón, en alusión a la vorágine de empujones, arañazos y apretujones. “El recibimiento es frenético. Hay un desespero por verlo, tocarlo, entrar en su campo visual. A Capriles lo manosean, lo estrujan, lo jalan. Gente en las platabandas, en los postes, en los bordes de las ventanas, lo arañan, lo aprietan, lo revuelcan”, añade animando a más de medio país, salvo cuando dice esto: “por estas calles de tierra, sin alcantarillas, casas precarias, llenas de perros famélicos y puertas desgonzadas, montañas de basura, el único olor a nuevo es el del afiche de Chávez…”  

 

Toma tu tema

 

La inseguridad y la violencia rampante, es también punto de desencuentro. Tomado por uno de los candidatos como un problema muy añoso, previo a su gestión de gobierno –no recordará que su gobierno, números mediante, es dos veces el anterior del que corre- y que se ancla en rémoras tales como el consumismo y demás vilezas del capitalismo, su existencia –o quizá “una sensación”- también estaría asociada con los saboteadores tarifados de la derecha, por paramilitares. El otro candidato recuerda que en 14 años se ha multiplicado por cinco el índice de homicidios en la capital de Venezuela y que Caracas se ubica en un penoso escaño en el récord de las cifras rojas del mundo: es la cuarta ciudad más violenta. También los huecos de las vías -realidad gruyere- y la ineficacia toda de los servicios públicos: un candidato cree que las fallas de luz tiene que ver con la biodiversidad: las iguanas comen cable. El otro habla de luz, dice que hay un camino.

Dos candidatos, pues, que difieren hasta en el modo de caminar, y no es eufemismo. Uno va en carroza cuando no se hace presente –omnipresente- cada tres por dos en cadena nacional, la que impone aviso y sin protesto, mientras el otro tiene menos exposiciónmassmediática pero toda la posible en la escena real: le ha dado varias vueltas al país -280 poblaciones visitadas y las que faltan- siguiendo el trazado del plan de contacto casa por casa con el que ha constatado lo tanto que falta y quedó en veremos, el mar de primeras piedras en medio de la nada. “De las diez lagunas para las camaroneras prometidas a Tucupita, solo hay una ¿cierto?”, le habla a un gentío. “Cuando sea presidente convertiré este Delta hermoso en zona turística, vamos a hacerlo, vamos a generar nuevos empleos”.

 

Una “Y” sitúa en niveles de absoluto maniqueísmo la vida toda, condiciona forzosamente pensamientos y gustos, e instala como ley la disyuntiva blanquinegra que confronta a los venezolanos de manera galleguiana, “como en tiempos de Carujo y Vargas”, evoca Laureano Márquez, “cuando aquél decía que el mundo es de los valientes, y este, que no, que pertenece al hombre justo”. Izquierda o Derecha. Cero matices, cero diálogo. Verdades absolutas y leña. Y es que, en efecto, son dos voces pero no un dúo, y una de ellas, precisamente la del contendiente que nació en los llanos, es la que desdeña a toda costa el contrapunteo. El debate.

Por el verbo de cada cual, sin embargo, los reconoceréis: “Hay un camino, móntense en el autobús del progreso, vota por el futuro”, “Quién no está conmigo no ama a Venezuela, soy el corazón de la patria”, “Yo tengo la patria en el corazón”, “El candidato de la derecha es un títere del imperialismo, un jalabolas”, “La verdadera revolución será cuando haya luz en el país, produzcamos lo que consumimos, todos tengan acceso a una vivienda digna por derecho y no por portar un carné…”, “Los vamos a pulverizar”, “Esta es una pelea de David contra Goliat, y yo soy David”, “Capriles es nazi”, “El CNE debería reservarme, cuando menos, una hora de cadena nacional en todos los medios, para compensar”, “Si yo no gano, peligra la paz del país y el equilibrio del universo, yo voy a defender la raza humana”,  “Basta de guerra, 150 mil muertos es una cifra muy lamentable, dolorosa, los venezolanos queremos paz, y que empiece en casa”.

 

Golpe a golpe

 

En julio pasado, el Consejo Nacional Electoral anunció el comienzo de la campaña electoral, dictó normas específicas y juró que sería un árbitro imparcial. De entonces a hoy, un mar de sucesos de pasmo, eventos desafortunados, revelaciones inimaginables y posicionamientos sorprendentes se han producido en una batalla tan despampanante como cruenta. Batalla, sí. “Es lo que invoca Hugo Chávez, que se formó conspirando en la oscuridad de los cuarteles e hizo su aparición pública una noche de felonía conduciendo -como Pérez Jiménez contra Gallegos en 1948- un golpe de estado brutal, sangriento y por suerte fallido”, dice Tulio Hernández. “Las elecciones las ha llamado batallas; a los equipos de vigilancia electoral, patrullas; uniformó a los ministros y seguidores; obligó a militares y civiles a gritar: !Patria, socialismo o muerte!; realizó simulacros de cómo resistirían a los marines; creó una milicia fuera de la Fuerza Armada colocada bajo su tutela personal, invirtió en armamento como ningún gobierno antes lo había hecho  y, sin consultar a la Asamblea Nacional ni al país, declaró la inminencia de una guerra con Colombia y movilizó tropas a la frontera con el Norte de Santander”, enumera el historial belicista en El Nacional. “Y como guerrero, tiene una estratagema: está intentando desesperadamente convertir el voto a favor de su rival en un asunto riesgoso cuando dice que si él pierde habrá una guerra civil… que no habrá, resistiremos en paz”.

El proceso ha sido extenuante, además de asombroso y ni qué decir desigual. Y aunque convergen ambos candidatos en la necesidad imperiosa de la inclusión en este país desnivelado, país de hambre y petrodólares para regalar –no es otro eufemismo-, para uno de los dos, la inclusión parece ser una condición supeditada a la militancia en sus filas. Hay que incluir al pueblo, el pueblo soy yo, inclúyanme en su voto. Para el otro, la integración es prioridad nacional: “El 8 de octubre no habrá derrotados”, promete magnánimo.  

Entretanto, la víspera de la contienda, se acrecienta el arrebato: un candidato lanza sapos y culebras, y sin pudor ni consecuencias, de su equipo saltan piedras y hasta balas. Al hijo de Ismael García lo hieren en el hombro en un evento en el que el candidato civil, se supone que para él era el atentado, sale sano y salvo. En Puerto Cabello, las huestes del candidato oficialista aguardarían con palos y piedras también contra el flaco para forzar su retirada. Empeñoso, sin embargo, entra en peñero y burla la emboscada. En el rimero de daños hay que contar carros quemados y una avioneta en llamas. “No podemos contener al pueblo”, diría ¿cómplice? Jorge Rodríguez, alcalde de Libertador y jefe del comando de campaña Batalla de Carabobo, el de Hugo Chávez, el presidente que lo intenta por tercera vez. El otro le dice que a la tercera va la vencida.

 

Cara (lugar) común

 

Gigantografías con su rostro sin la hinchazón que producen los tratamientos con que combate sus dolencias pueblan las ciudades del país. Faltará luz en los postes o, como dice el actor y director de teatro Héctor Manrique, miembro del equipo de la Fuerza de la Cultura con Capriles, habrá en casas muy humildes, con piso de tierra, neveras nuevas sin desempacar porque no hay manera de enchufarlas, pero no faltará en ninguna esquina el afiche enorme y a todo color, carísimo, de Hugo Chávez. Desde que llegó a la presidencia en 1998 no ha bajado la guardia en ningún momento en eso de promocionar su trabajo; de promocionarse él. En la foto con una viejita, abrazando una niña, o él, él, él. No conforme con las cadenas de radio y tele, mantiene un arsenal de bocas prestas a defender su gestión, sus políticas y la ideología socialista en los canales del estado, encendidas –nunca mejor dicho- las 24 horas del día. Y las vallas. “Cada una cuesta millones”, dice un aliado de los rojos que se encoge de hombros cuando se le pregunta de dónde cree que sale el dinero.

Lo del dinero, por cierto, también los distingue. “Capriles botó muy rápido a su amigo Caldera, yo le hubiera dado un chance a que se explicara, pero el majunche siempre se lava las manos”, interpretaría el candidato oficial la boutade y el gesto. “La corrupción tiene que desaparecer, y vamos a combatirla, las cuentas tienen que estar claras, ahora mismo no es así, el contralor es chavista, pero se manejarán los dineros públicos con transparencia”, dice el que va de gorra tricolor y fuera amonestado por ello. Transparencia Venezuela, por cierto, diría que el estado Miranda resultó el que llevó una administración más pulcra en el informe del año pasado.

Pasando el Country Club, luego del puente, una casa a mano izquierda, como carpa de circo, exhibe unas lonas grises por encima de sus ya altos muros. Bunker camuflado o no, quien recibe jura que no es la verdadera sede del comando del oficialismo, no, quién le dijo, tampoco que allí están los brasileños que asesoran la campaña gubernamental, tutelados por Juan Cerqueira Filho Santana, ex periodista de O Globo, especialista en mercadeo y quien coordinó la campaña presidencial de Dilma Rousseff, en 2010 y la de Ignacio Lula da Silva en 2006. ¿Es allí donde le recomiendan al candidato que llame majunche al contrincante? No responden este tipo de preguntas, tampoco si la casa fue alquilada a una persona que nunca dijo a quien representaba, pero que no dudó en pagar un alquiler mensual de 90 millones de bolívares. Lo que sí dicen es que están allí, por ahora, las oficinas de un ministerio que perdió su espacio momentáneamente, mientras se remodela, por fin, la quemada torre Oeste de Parque Central.

 

De espanto y brinco, y saltos de talanquera

 

La guerra sucia ha sido decretada. Interpretaciones alevosas, inventos descabellados, reiteración deliberada de los mismos disparates seleccionados, inquina. La distorsión que produce no el desacuerdo sino el odio convierte al adversario en otro muy distinto, le pone colmillos, y lo llama “cerdo”, como le dijo aquél al candidato mariano de ancestros judíos. “Es un violento y un extremista, es de los explotadores a quienes nunca les importó el pueblo”, añadirá.

Tal virulencia se exacerba con las noticias difundidas por el diario ABC de Madrid, que aluden a la intención que tendría el presidente venezolano de movilizar una red de comandos armados para controlar una eventual votación adversa: “Los grupos paramilitares están inspirados en las unidades Basij que abortaron la Revolución Verde iraní”, publica el periódico.

El candidato en la mira llorará un poquito en una concentración, unos 200 militantes se mudarán al Comando Venezuela a última hora, y al revés, también habrá saltos de talanquera, Hermann Escarrá y William Ojeda, el precandidato que no resultó favorecido en las primarias como favorito para la alcaldía de Sucre. Ojeda denunciará “un paquetazo neoliberal” no en una reunión con sus ahora excopartidarios de Un Nuevo Tiempo sino en una rueda de prensa que cubren los canales de sesgo oficialista. “Nos ha parecido raro, yo pensaría que algo muy interesante lo imantó”, dice suspicaz Eduardo Pozo. “Tenemos diferencias, en algunos aspectos, con el gobierno, pero sería un acto de ceguera no reconocer que la actual gestión ha hecho un enorme esfuerzo en la agenda social …”, diría Ojeda antes de rematar con la denuncia de una agenda oculta.

Oposicionistas refutarán en las redes sociales –a reventar- que Chávez también echó mano de las recetas fondomonetaristas cuando en 2008 bajó el precio del petróleo –subió los impuestos, y redujo el gasto público- y recordarán que el mago de las cartas bajo la manga sí que tuvo una agenda oculta y pondrán a circular la entrevista que Jaime Bayly le hiciera a Hugo Chávez antes de ganar las elecciones de 1998, en la que dice no solo que alentará a la empresa privada sino que no es socialista. “Ese es un modelo superado, nosotros queremos estabilidad y prosperidad en Latinoamérica”. Ay.

Promesas, cháchara y demás cuentos

Sanear el río Guaire, un puente “submarino” sobre el Lago de Maracaibo, exportar alimentos, autoabastecimiento en pañales, construcción de un gran sistema de ferrocarriles, hospitales, universidades… Es larga la lista de promesas oficialistas que suman años llevando lluvia y sol. La administración que tuvo las mayores reservas petroleras del mundo y nunca aumentó la producción petrolera, asimismo contó con la mayor tasa inflacionaria del planeta  y suma casi 20 planes de seguridad cada uno más inútil que el anterior tiene, sin embargo, sus convencidos defensores.

“La victoria sellará la revolución. Se trata de una guerra contra la potencia más poderosa, en inteligencia y fuerza, que ha conocido la humanidad, y aunque la derecha, bajo el asesoramiento de las organizaciones imperiales no pegue una, y así como dice nuestro presidente por más que se tongonee siempre se le ve el bojote, sigue siendo un enemigo poderoso, que seguirá empleando artimañas, ataques y provocando sucesos desestabilizadores”, dirá exaltado Jorge Rodríguez. “Que en nombre de la causa, termine de morir lo que tiene que morir, y termine de nacer lo que tiene que nacer”, deslizará.

 

¡Salud!

 

Al manejar su enfermedad como lo ha hecho, Chávez ha transmitido la idea de que amén de mártir, capaz de dejar su vida por la revolución, es el milagro mismo, con lo que ha establecido una conexión poderosa con la gente común, analiza el psicólogo Vladimir Gessen. Por su parte, atlético, sano, contento, sin miradas de reojo y rencores instalados en la punta de la lengua, el candidato del tricolor, luce más proactivo, además de real, tangible, como dice Ibsen Martínez. “Ha sido realmente inteligente, ha decidido continuar los programas sociales, pero ha prometido mejorarlos y hacerlos llegar a todos los que los necesitan, sin importar sus afiliaciones partidarias”, asiente, “si gana, deberá utilizar sus primeras cien horas para defender su posición y establecer su liderazgo nacional, convenciendo a los chavistas de su intención de trabajar con ellos, reconciliarse y no vengarse”.

Esta elección, añade el escritor, será una prueba de si todavía funciona la combinación de carisma personal, dinero del petróleo e intimidación de los disidentes. “La estrategia del gobierno ha sido la del miedo, no hay duda”, confirma Aquiles Esté.

“Lo que tiene que pasar para que gane el majunche, es que caiga granizo en Maracaibo”, dice el presidente. Y, oh sorpresa, granizó. “Es que vamos a ganar”, sonríe Armando Briquet. “Somos mayoría no es un lema, es una verdad”, añade éste.

 

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