EL DIA DE LA VERDAD

Saúl Godoy Gómez

Saúl Godoy Gómez
saulgodoy@gmail.com 

 

En pocos días veremos de qué estamos hechos los venezolanos; si somos realmente una sociedad viable, con derecho a existir en el mundo civilizado, o nos descalificaremos como un grupo humano de menor cuantía, sin mayores pretensiones de futuro e independencia, un pueblo a merced de los vaivenes de la historia y de caudillos, prestos a vendernos al mejor postor.

 

El próximo 7 de octubre nos jugamos el alma del país. No es exageración, no se trata de un proceso político “normal” de una sociedad democrática que, luego de una gestión de gobierno, analiza, evalúa y decide si cambia o no los administradores del Estado. En nuestro caso, en este momento de nuestra historia patria, se trata de un quiebre definitivo, prácticamente vamos a decidir con nuestro voto si seguimos existiendo como país libre e independiente o nos entregamos a la voluntad de extranjeros, si seguimos llamando a nuestra patria Venezuela u otra cosa, si le entregamos nuestro país a nuevos amos o seguimos tratando de encontrar nuestro camino y ganar nuestro propio lugar en el concierto de naciones. El domingo 7 de octubre tomaremos una decisión existencial.

 

Lamentablemente, reconozco que hay un grupo de compatriotas que ya no quieren ser venezolanos sino algo distinto, han comprado un discurso y una idea de que nuestro país puede avanzar integrándose a un grupo de “rémoras” que nos defiendan, nos alimenten y nos vistan a cambio de nuestro petróleo, de nuestra dignidad; que nos mantengan sin trabajar para que nuestros líderes sigan experimentando con nosotros como si fuéramos conejillos de indias, con instituciones inventadas, para que sigan ilusionándonos con historias fantásticas sobre nuestro pasado y arrullándonos con cuentos de un futuro improbable, todo esto sin que hagamos el menor esfuerzo, porque la promesa es que el Estado se va a ocupar de que vivamos como a ellos les gusta vernos, dignificados y felices.

 

Mucho me apena que una propuesta de esa naturaleza haya llegado como alternativa electoral; me preocupa que nos quieran vender la idea de que la gran mayoría de los venezolanos quieran precisamente esa opción, que más de dos siglos de vida republicana se vayan al bote de la basura, que nuestro país, construido en el tiempo gracias al sacrificio, el trabajo y la sangre de tanta gente, resulte ahora que no tiene ningún valor ni sentido, que la idea de un solo hombre, enfermo, mentiroso, viejo y cansado prive por encima de la esperanza de un pueblo joven, bravo y dispuesto a la vida.

 

Pero confío en el instinto de sobrevivencia de los venezolanos, aún de aquellos que todavía hoy, en este momento, acompañan a ese candidato y esa propuesta, porque si tienen familia, si quieren tener país para sus hijos, deberían en ese momento de la verdad, al consignar su voto, que es secreto, votar con el pensamiento y la razón (ya que no el corazón, que se lo han entregado a los comunistas extranjeros). Igualmente, tengo la seguridad de que los jóvenes no se van a dejar embarcar en un viaje sin rumbo por unas pocas monedas y por promesas que no tienen ningún sentido para sus vidas. Estoy convencido de que todos esos funcionarios que han trabajado para el Estado, ganando buenos sueldos y mejorando en algo sus estilos de vida, no van a permitir que la sociedad en la que viven se desmorone al punto de hacerles imposible disfrutar de lo que se han ganado (a menos que se vayan a vivir al extranjero como inmigrantes).

 

¿Quién puede querer un país donde se va la luz todos los días, donde las carreteras y autopistas colapsan por falta de mantenimiento, donde explotan nuestras refinerías porque se robaron los dineros para repararlas y la comida se pudre en los puertos porque no tenemos cómo producirla, donde las policías tienen que negociar con los presos para poder sobrevivir, el hampa es dueña de las calles y asesina a quien quiera, los sueldos no alcanzan para sostener un nivel de vida adecuado, donde el Gobierno miente y no se ocupa de resolver los problemas de la gente?

 

¿En qué cabeza cabe que los ciudadanos de un país puedan premiar una y otra vez a unos políticos que lo que han hecho es destruir el país y acabar con nuestra paz, sembrando odios y diferencias irreconciliables?  ¿Quién puede votar por el futuro solo con el resentimiento en el alma? Solo un suicida o un alienado podría hacerlo, y me niego a creer que la mayoría de los venezolanos estemos dispuestos a lanzarnos por ese barranco.

 

El domingo 7 de octubre estaremos solos con nuestra conciencia en una mesa de votación. Lo que vamos a decidir no es si continúo en el cargo ganándome el sueldo o disfrutando de un contrato para mantener a mi familia, no, vamos a escoger entre la vida y la muerte, entre si Venezuela continua existiendo o no, ojalá se nos prenda la señal de alarma y funcione nuestra voluntad por vivir, y hagamos lo correcto por nuestro país votando por un camino al progreso.

 

 

 

 
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