“LA FANB NO SON UNA CASTA, EL MILITAR ES PARTE DE NUESTRO PUEBLO”

Oscar Centeno: “el Gobierno cree que los militares tienen mentalidad chavista”

Un error de los dictadores: la contradicción entre la historia y lo que ellos piensan. Debemos prepararnos para una transición que puede ser no tan pacifica como lo deseamos. Le dimos demasiado tiempo a Hugo Chávez para enrarecer el clima, señala uno de los personajes clave en el derrocamiento de Pérez Jiménez.

 

Macky Arenas

 

Cuando mi generación estaba naciendo a la vida él comenzaba la suya profesional como un egresado -con doctorado en Farmacia- de la UCV. Ha sido profesor universitario y destacado dirigente gremial. Su pasión es la hípica y en ese sector también es muy conocido y respetado. Jugó un papel de primer orden en los acontecimientos que culminaron con la caída de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez como enlace entre los civiles y los militares. Siempre se ha mantenido políticamente independiente. Se le conoce como un hombre sencillo, de grata conversación que valora en grado sumo a su familia y sus amigos. Su experiencia, como protagonista de uno de los episodios más dramáticos de la vida venezolana, la plasmó en el libro que acaba de publicar: “Cómo tumbar a un dictador”. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana…

 

¿Por qué este libro en momentos en que estamos por culminar una etapa de lucha civil que parece concluirá por la vía pacífica y democrática?

 

 Responde a dos circunstancias. La primera, una constante insistencia de amigos, en especial Manuel Felipe Sierra. Él, como pocos, se ha ocupado en trabajar de manera seria y rigurosa el período perezjimenista, sobre el cual se han tejido muchas leyendas y dicho varias mentiras. En ese libro me ocupo de poner todo en su sitio. Por eso agrego al título la frase “verdades, mentiras y vigencia del 23 de Enero de 1958”. Sentí la responsabilidad de contarlo todo. Estuve tan involucrado que merecía la pena el esfuerzo por dejar un registro de esas experiencias para las siguientes generaciones. Los procesos dictatoriales pueden ser recurrentes. La democracia es un trabajo de día a día. Hay que cuidarla.

 

 Siendo así, saber cómo tumbar a un dictador es siempre útil…

 

Quisiera equivocarme, pero las vivencias por las que he pasado me mantienen en guardia permanente y hoy, aún con las evidentes posibilidades que existen para que la oposición gane las elecciones, debo estarlo más que nunca. Tenemos que prepararnos ante una transición que puede no ser tan pacífica como lo deseamos. Es una opinión personalísima que no he querido exteriorizar mucho pues podría ser malinterpretada. Creo que votar es absolutamente pertinente, pero los dirigentes deben tener las garras afiladas para defender esos votos y manifestarse la calle de ser necesario. Luego, estabilizar al país no será tampoco sencillo. Hay que prepararse para una compleja obra de filigrana que requerirá madurez pero también firmeza y coraje. El problema es que le dimos demasiado tiempo a Hugo Chávez para preparar sus hordas y enrarecer el clima.

 

¿El libro es un recetario para salir de un dictador o es historia?

 

Es historia, con todas las de la ley. En paralelo, va mi propia historia. Pero al final hice una “travesura” y condensé mi experiencia en un decálogo para tumbar dictadores. Hay reglas de oro que deben ser aplicadas en caso de que el país retrocediera a una dictadura, del signo que sea, y se decidiera trabajar para derrocarla. Lecciones, precisamente de esa historia, que jamás podemos olvidar, nada fáciles de cumplir y que resumo antes de epílogo del libro.

 

 

“YO ERA UN HOMBRE TRANQUILO”

 

¿Cómo se decide uno a meterse en semejante aventura, habida cuenta de los graves riesgos?

 

Era un muchacho cuando cayó Medina, luego viví –muy cerca de Ruíz Pineda, que fue un varón del valor político- el proceso hacia la caída de Gallegos durante el cual Copei y URD se propusieron no dejarlo gobernar; en adelante transité el espinoso camino hacia la dictadura de MPJ. Yo era un hombre tranquilo, que manejaba mis negocios. Tenía una farmacia llamada “Gran Avenida” y desde allí presenciaba el terrible maltrato que la Seguridad Nacional infligía a los estudiantes. Los muchachos fueron clave en la lucha contra la dictadura, no desmayaban, subían cerros, mantenían en jaque al régimen. Eran valientes y persistentes, comprometidos de verdad contra la dictadura. Me puse en el lugar de las madres de esos jóvenes, que no sabían si sus hijos regresarían a casa y resolví enrolarme para impedir que Venezuela continuara sumida en ese horror.

 

 Una vez tomada la decisión, ¿qué siguió?

 

Mi farmacia se convirtió en una especie de sede para el encuentro de la resistencia. Con todo el sigilo del caso, allí se reunió por primera vez. Había contraseñas para saber si el que llegaba era de confiar. Me convertí en el vaso comunicante entre civiles y militares y trabajábamos como hormigas, sin descanso y en silencio.

 

 En la clandestinidad existe el peligro permanente de ser infiltrados y delatados. ¿Cómo hizo para mantenerse a salvo de la cárcel y la tortura?

 

Prudencia, prudencia y más prudencia. Nada de protagonismo de lengua. Nada de bravuconadas. Nada de hacerse el interesante. Uno sabe que anda en el filo de la navaja. Hay que tener conciencia clara de lo que se está enfrentando. Se desarrolla un instinto muy especial. Allí sólo había un propósito: salir del dictador. Y un pacto tácito: cero ambiciones políticas, egoísmos o cálculos chiquitos. Todos a una,  la consigna era sacar a Pérez Jiménez y lograr la democracia y la libertad. Así cayó el dictador.

 

¿Después de todo aquello, no es cuesta arriba soportar el circular de mentiras sobre ese proceso?

 

 Por eso es que me propuse desvirtuar una serie de embustes que he visto desfilar sobre el 23 de Enero. La consigna que los civiles teníamos para encontrarnos con los militares era el apellido Camacaro y hay gente que se ha atrevido a asegurar que el 22 de Enero en la noche el “Comandante Camacaro” estaba en La Guaira intentando colarse en los buques. Eso no es verdad porque ese militar no existió. Como tampoco lo es lo que Trejo cuenta en su libro “La revolución no ha terminado”, donde quiere poner a los aviadores de Maracay –los que se fueron a Colombia- como cobardes. Ellos cumplieron valientemente con aquello que se comprometieron a hacer. Esas, entre otras versiones que fue necesario aclarar para hacer honor a la verdad histórica.

 

 Pasado el tiempo, ¿cuál es su concepto sobre Marcos Pérez Jiménez?

 

Totalmente distinto del que tienen muchos. Se piensa que MPJ se fue por cobarde y yo no lo creo así. Se va porque se da cuenta de que perdió el apoyo de las Fuerzas Armadas, en nombre de las cuales él gobernó. Se le hizo evidente que su base de sustentación estaba resquebrajada, que ya no le servía.

 

 ¿Cómo pudo ser, después de 10 años de un gobierno que debe haberse esmerado en mantener contentos a los militares?

 

Ese es el error de los dictadores, la contradicción entre la historia y lo que ellos piensan. Hoy el gobierno debe creer que  las escuelas militares sirven para sacar oficiales de mente chavista. Y no es así. La Escuela Básica –como se llamaba antes- en tiempos de MPJ sirvió para que esos jóvenes de todas las fuerzas se encontraran, compartieran sus angustias y se pusieran de acuerdo. Ellos habían nacido con MPJ en el poder, sin embargo fueron los primeros en rebelarse. ¿No notas una contradicción allí?

 

¿Entonces por qué se rebelan los militares?

 

Porque veían las prebendas de los jefes, los privilegios, las injusticias, el sufrimiento del país por causa del terror. Hay que tener en cuenta que las Fuerzas Armadas venezolanas no son una casta, el militar venezolano es una parte de nuestro pueblo, que tiene familia, amigos y entorno, que forman parte de ese mismo pueblo. Por eso dejé yo mi tranquilidad, mi farmacia, mis estudios –pues quería, además, ser abogado- mi vida completa; te repito que yo vivía muy tranquilo, pero expuse mi seguridad y la de mi familia porque soy pueblo y veía los maltratos hacia ese pueblo del cual yo era parte. Pensaba en mis hijos pequeños y sabía que, si no hacía algo, más tarde viviría lo mismo que los padres de esos jóvenes que veía maltratar por la policía en las calles. No me movió otra cosa, ningún apetito por la política. Jamás he tenido cargos. Luego volví a mis actividades privadas. Mi deseo era conquistar la libertad.

 

 

“el voto es pertinente, pero hay que defenderlo con las garras afiladas”

CONJUNCIÓN CIVIL Y MILITAR

 

 Fue una lucha larga y dura. ¿No se sentían inclinados a “tirar la toalla”?

 

Era impensable. Fueron muchos los hombres y mujeres que trabajamos día tras día, a lo largo de toda esa dictadura, de conspiración en conspiración. Fallaba una y de inmediato montábamos otra. Ruíz Pineda, por ejemplo, ¡ese no se sentaba en su casa sino pensando en conspirar! En eso no hay descanso, no se desmaya, no hay tregua.

 

 ¿Y el miedo?

 

Mira, esos procesos tienen la particularidad de que, casi sin que te des cuenta, estás tan involucrado que a medida que pasa el tiempo te vas incomodando con el régimen al punto de que no lo soportas. Eso genera una determinación para salir de esa situación a como de lugar. Yo no soporto las persecuciones políticas y lamentablemente todas las dictaduras, de cualquier signo, llevan la misma secuencia represiva para desembocar en la tortura. Comienzan tratando de silenciar a los medios de comunicación. Eso es lo primero. Antes con unos métodos y un tinte, hoy con otros, pero es la misma dinámica porque el objetivo es el mismo, someter. Luego se avanza para proscribir organizaciones políticas. Poco a poco van apretando las tuercas.

 

 Pero hubo partidos que, aún ante ese panorama, creyeron en la salida electoral, porque hubo elecciones cuando MPJ…

 

Si, Copei y URD pensaron que podía haber una salida electoral y con esa creencia llegaron hasta el año 1952. Cuatro años emplearon en eso, mientras la dictadura iba fijando sus amarres. Sólo pensaban en esa alternativa y no hicieron absolutamente nada para apoyar la lucha armada contra el dictador. Comenzaron a participar de la clandestinidad cuando MPJ desconoce los resultados electorales de 1952 y se plantea la Constituyente. La única misión de esa Constituyente fue fortalecer al poder ejecutivo.

 

¿Qué pasa cuando se percatan de que la vía electoral no es posible?

 

Comienzan los contactos entre líderes de los partidos. AD y el PCV marchaban solos, cada uno por su lado. Pero cuando supieron que perseguían el mismo fin y que juntos eran más fuertes, se unieron. La lucha contra la dictadura tomó mayor fuerza y la resistencia comenzó a ver frutos. Todo ello después de 1952 pues fue necesario el desconocimiento de resultados electorales por parte de MPJ.

 

 ¿Hay algún momento clave para el desenlace?

 

Sin duda el 1º de Mayo de 1957, con la Pastoral de Mons. Arias Blanco. Fue un tremendo impulso todo lo que él denunció allí. A partir de ese momento se constituye la Junta Patriótica con miembros de todos los partidos, incluyendo Copei y URD. La actitud firme de la Iglesia Católica fue la que desprendió definitivamente el cronograma insurreccional y decidió a muchos quienes hasta ese momento se encontraban tímidos, incluyendo sacerdotes. Aunque es necesario decir que muchos de ellos se arriesgaron desde el primer momento, varios de ellos detenidos y encarcelados en la Seguridad Nacional. Ejemplo fue el director del diario La Religión, P. Hernández Chapellín, cuya inteligencia y valor estuvo fuera de serie. Se las jugó completas cuando la huelga de la prensa.

 

 ¿Qué factores se conjugan para poner en fuga a un dictador?

 

La conjunción civil y militar. Los civiles actúan primero, siempre. Aquí el principio del fin comenzó con la huelga del 21 de Enero. El Tte. José Luis Fernández y yo habíamos comenzado a crear esos vínculos, convenciendo a los cuadros medios militares, conversando con esos muchachos uno a uno, haciéndoles ver su responsabilidad, que no podían seguir impávidos ante la situación nacional. Muchos de ellos tenían familiares perseguidos por la Seguridad Nacional. El costo de vidas es demasiado grande para un pueblo, bajo yugo dictatorial, cuando militares y civiles no se unen para salvar una nación. Mucho más caro se paga el no actuar a tiempo.

 

¿Y la “travesura”?

 

Pautas sencillas de enumerar, pero no fáciles de aplicar. Hay que tener muchas ganas de salir de un dictador. Nosotros las teníamos y estas fueron nuestras inalterables normas de conducta: convicción de actuar por una causa justa; no esperar recompensas; ser extremadamente cuidadoso al seleccionar las personas con quienes se trabaja; estar preparado para recibir torturas; olvidar la palabra miedo; tener control absoluto sobre la lengua; no informar de lo que se hace ni siquiera  a la familia; rigurosa puntualidad en citas y acciones; cuadrar el binomio civiles y militares; y tener siempre un Plan “B” porque puede salvarle la vida.-

 

 

Artículos relacionados

Top