EL SENTIDO DE LA VIDA Y LA IMPORTANCIA DE LA PARTICIPACION POLITICA

WOLFGANG GIL

 

El gran reto de la existencia es actuar como un ser humano. La política es la gran amenaza para la condición humana. El ansia de poder nos degrada. Pero no basta con rechazar la política para escapar del poder. Es la política la causa de nuestro extravío, pero también la posibilidad de nuestra salvación.

 

La mejor distinción entre tipos de poder se encuentra en el maravilloso libro de James Craig, Synergic Power (1973). Es un libro casi desconocido. Llegué a él a partir de una referencia en una bibliografía libertaria en Internet. El libro no estaba en ninguna de las bibliotecas de España, donde me encontraba en esa época. Afortunadamente, lo pude comprar usado en una librería on line en Estados Unidos. Esa obra posee una distinción que no aparece en los tratados de politología. Craig distingue tres tipos de poder: el poder dominación, el poder indiferencia y el poder sinergético.

 

El poder dominación es el tipo de poder más conocido. Alguien tiene la capacidad de determinar  la vida de otros sin que estos puedan hacer nada por evitarlo. Es el poder de la fuerza, pero también el poder de la manipulación. Se usa la fuerza cuando la manipulación deja de ser efectiva. Este es el poder que han exhibido los hombres fuertes de la historia, como Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Mussolini, Stalin y Hitler. Nietzsche elogiaba mucho este tipo de hombre que encarna la voluntad de poder. Para ellos, el poder es unidireccional, uno manda y otro obedece. Es la esencia del autoritarismo.

 

Gregory Peck y Brock Peters en el filme “Matar a un ruiseñor” (1962)

Ese poder dominación produce una reacción. A algunas personas les produce asco. No quieren participar de ese régimen, pero tampoco se oponen. Esta es la segunda forma de poder: la permisividad o la indiferencia.

 

La tercera forma de poder es el sinérgico. El término sinergia proviene del griego. Etimológicamente significa ‘cooperación’. La sinergia es el poder de quien no pretende dominar, sino educar.

 

TRES TIPOS DE PODER

 

Cuando se habla del poder que han tenido personajes como Gandhi, Martin Luther King Jr., o Mandela, los estudiosos se confunden. No encuentran como explicar esas formas de influir sobre la gente. El poder de ellos es diferente. No es un poder para dominar. Es un poder para crecer juntos. Es un poder basado en el diálogo, en la emancipadora colaboración creativa. En cambio, el poder dominación se basa en la ideología.

 

Hasta aquí Craig. Pero podemos agregar que los diferentes tipos de poder condicionan diferentes formas de concebir lo humano.

 

Joseph Campbell, famoso historiador de las religiones.

El privilegiar al poder dominación conduce a la exaltación de los superhombres, es decir, de los tiranos astutos y audaces.

 

El poder indiferencia, llevado al extremo, da lugar al pusilánime. El pusilánime es quien se ha mutilado en sí mismo la dimensión política. Dimensión política no es pertenecer a un partido político. Es la dimensión de comunidad ética que llevamos en nuestra conciencia.

 

El pusilánime no tiene grandes nombres históricos a que podamos hacer referencia. Pero la literatura nos ha dado ejemplos ilustrativos. Tal vez el mejor sea el personaje protagónico de Memorias del subsuelo de Dostoievski. La novela nos cuenta la historia de un funcionario público menor que se ha retirado del mundo para vivir sus miserias. Se regocija en su mezquindad y descalifica todo lo bueno que existe en el mundo. Ha convertido en un objeto de orgullo su mediocridad. Desarrolla una filosofía de la pérdida del sentido de la vida. Cree poseer una visión más profunda de la realidad. Tiene la convicción que todo es falso y que lo único real es el caos que subyace en el universo.

 

Esta misma glorificación del aislamiento desgarrado lo encontramos también en La Metamorfosis de Kafka. Gregorio Samsa es la metáfora trágica de la pérdida de humanidad cuando se convierte en cucaracha. El hombre indiferente siente que ha perdido la comunidad humana no solo fuera de sí sino dentro de sí.

 

Un buen argumento del pusilánime, para justificar su actitud ante la vida, es creer que no se pueden hacer transformaciones políticas sin poder dominación. Es un argumento persuasivo, pero no es verdadero. La dominación no traerá más justicia. Los individuos podemos hacer la diferencia si actuamos de acuerdo al sentido de la justicia.

 

Platón decía que el hombre sabio es quien tiene la república ideal en su alma. Por eso Sócrates era el más importante político de Atenas, a pesar de no tener una actividad política destacada. Lo importante es no dejar que venza la maldad. La maldad puede ganar en el mundo real, pero no debe conquistar nuestra interioridad. El asunto es no dejarse vencer por los hechos. Tratar de actuar de forma  recta. Esto implica no dejar enturbiar la conciencia con ideología y hacer aquello que los principios morales nos imponen como correcto.

 

El actor Ulrich Mühe encarna al agente de inteligencia Gerd Wiesler en la película “La vida de los Otros”

LA HUMANIDAD NOS ASALTA DE REPENTE

 

Cuando digo esto, me viene a la mente la novela Matar a un ruiseñor de Harper Lee (1960). Es la historia de Atticus Finch, un valiente abogado del sur de los Estados Unidos en la época de la gran depresión, quien asume la defensa del impopular caso de un trabajador negro que supuestamente había violado a una muchacha blanca. A pesar de Atticus ser una persona muy estimada por la comunidad, se convierte en objeto de ataques por los racistas. Le endilgan el calificativo de ‘amante de los negros’. El juicio es lo más impactante del libro. Las interpelaciones van revelando que la violación realmente no tuvo lugar. Atticus sigue adelante, a pesar de todos los inconvenientes, sostenido por su sentido de la justicia. Gregory Peck protagonizó a Atticus en la versión cinematográfica (1962). Es memorable el alegato final que hace el abogado defensor, aunque no logra convencer al intolerante jurado de las evidencias en descargo. El jurado, en su totalidad de raza blanca, condena al hombre de color. Es sobrecogedora la escena cuando el abogado sale, cabizbajo, del recinto del tribunal, y la segregada comunidad negra se pone de pie para reconocer la estatura moral de este hombre. El culto a la justicia es lo que hace la diferencia entre una vida con o sin sentido.

 

Esto lo explica muy bien Joseph Campbell, el famoso historiador de las religiones, quien descubrió que detrás de todos los mitos hay un mito fundamental, el Viaje del Héroe, la narración de la gesta que deben atravesar todas las personas que intentan mantener su integridad moral y mental. Los peligros que surgen en la aventura son metáforas de las exigencias de la negación de la propia humanidad.  Cuando lo impersonal gana sobre la persona, entonces, tiene lugar la esquizofrenia. La ideología, llevada a su extremo, se convierte en demencia.

 

En Campbell hay un importante humanismo. El afirma que el desafío humano es escapar a las exigencias alienantes del sistema. O, para decirlo en otras palabras, el problema está en la oposición entre lo humano y lo inhumano. El triunfo de lo impersonal conduce a la esquizofrenia.

 

Cuando pienso en estas ideas de Campbell, me viene a la mente la película ‘La vida de los otros’ de Florian Henckel von Donnersmarck (2006). En esa película se ilustra, de forma magistral, lo que significa encontrarse, repentinamente con la propia humanidad. El argumento cuenta la historia de Gerd Wiesler, un agente de inteligencia, un esbirro de los servicios de seguridad de la Alemania comunista. Un perfeccionista de los interrogatorios y de la escucha electrónica. Le asignan investigar a un intelectual sospechoso de disidencia. Durante su trabajo de espionaje, conoce tan profundamente al poeta, que sufre una transformación. Hay momentos en que los principios se hacen evidentes. Wiesler comienza a ocultar información sobre el poeta para evitar que sea perjudicado. El agente redime su alma de un historial de represión y se reconcilia con la humanidad, a pesar de que pierde su empleo y es degradado a ser un anónimo empleado de correos.

 

El siglo XX fue el escenario para que floreciera ese hombre pusilánime que olvido la justicia, entendida como la percepción de los principios morales que rigen la dimensión de la comunidad política. Al suceder esto, no es extraño que también el siglo XX sea el siglo de los totalitarismos. El totalitarismo está basado en la tiranía de los dominadores y el silencio de los pusilánimes. Tanto dominantes como pusilánimes niegan el valor de la persona humana.

 

La humanidad nos puede sorprender en cualquier momento. Aunque estemos atrapados en un círculo vicioso de deshumanización, siempre podemos romper con esa condena por medio de la acción de acuerdo a los principios morales. Siempre tenemos la opción de decidir en términos de la democracia, la justicia y la compasión.

 

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