En nuestras manos

Mons. Baltazar Porras

Mons. Baltazar Porras
faustih@hotmail.com 

 

Sigamos luchando por un país en el que quepamos todos

 

La jornada electoral del 7-O deja lecciones y retos. La masiva participación en paz y el comportamiento ciudadano supera la actitud de algunos políticos. No hay lugar para el desánimo ni para la euforia.

Dos colectivos con visiones contrapuestas no quiere decir que sean incompatibles. Hay que agotar esfuerzos para no vivir de espaldas los unos a los otros. El Gobierno tiene la obligación de abrirse a un diálogo sincero en la búsqueda de entendimiento y complementariedad. Ser mayoría no es patente de corso para imponer sino para concertar pareceres diversos.

Para la mitad que no obtuvo el triunfo debe poner su fuerza en trabajar de manera cívica y pacífica, con firmeza y racionalidad, a pesar de todos los imponderables, en un diálogo, en oír y hacerse oír. El país no es de ninguna parcialidad sino de la totalidad.

La paz y el bienestar, la superación de carencias y necesidades, los anhelos de todos pasan por problemas que son compartidos: la inseguridad, la falta de servicios públicos eficientes, la educación. La verdad se construye creando una plataforma común que nos permita caminar juntos y no de espaldas los unos a los otros.

El libro del Eclesiástico, con la sabiduría de los sensatos, afirma: “el terco saldrá malparado, el que ama lo bueno lo conseguirá; el terco se acarrea desgracias, el cobarde añade pecado a pecado. Donde faltan los ojos, falta la luz, donde falta inteligencia no hay sabiduría”. Este consejo es válido para todos.

La esperanza es la única virtud que abre futuro. Pero no es posible sin la paciencia de aceptar al otro como a uno mismo. Sigamos luchando por un país en el que quepamos todos, para que la paz y no la violencia sea la puerta de la alegría de ver a las futuras generaciones gozando de lo que nosotros carecemos.

 

 

 

 
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