NUESTROS LOGROS

 

Antonio Cova Maduro

ANTONIO COVA MADURO
antave38@yahoo.com 

 

Hoy estamos mejor preparados que nunca antes para seguir por el camino que hace tiempo escogimos

 

Los días siguientes de un huracán, un terremoto o un tornado son para constatar lo que quedó en pie y cómo, en medio de la catástrofe hubo estructuras, individualidades y hasta recuerdos que con amor guardábamos que permanecieron incólumes. Cómo y por qué lo hicieron se nos impone luego de que con alegría los rescatamos. Es lo que debemos hacer en esos terribles días en que el llanto lo tenemos a flor de ojo.

 

Miles de venezolanos, en diferentes partes del mundo, se movilizaron para votar

Todavía no es el momento de lanzarse a análisis profundos y mucho menos a lamentos filosóficos, al estilo de “este pueblo votó por… “. Ya llegará el momento en que tengamos más datos -sobre todo esos vitales datos de naturaleza “antropológica”, de las conversaciones diarias de la gente en automercados, farmacias y cafetines- para sentarnos y con paciencia revisarlos, contrastarlos y exprimirlos. Ahorita no.

 

Recordemos que, cuando el horror de la gente quedó paralizado al ver cómo las Torres Gemelas caían con aquel estruendo la mañana del 11 de septiembre de 2001, lo primero que apareció fueron las cuadrillas de salvamento. Luego vendrían los investigadores especializados, minuciosos y con gran paciencia para recoger, guardar y archivar todo lo que luego iría dando de sí.

 

Creo que lo que debemos hacer hoy es rescatar algunos asuntos que brillaron luminosos en la campaña presidencial, y que no tienen porqué apagarse abruptamente. Sería un error que permitiésemos tal cosa. Vayamos, con paciencia, escogiendo algunos que merecen nuestra atención.

 

El primero, y más singular, que contra viento y marea -tanto desde adentro de nuestro propio campo, como desde las apuestas del chavismo- en un proceso singular escogimos al hombre que queríamos para conducirnos a la batalla. Y lo hicimos por un proceso que, a diferencia de lo que es usual en toda primaria, ni fue brutal ni dejó traumas en lo que al candidato a Presidente se refería.

 

Y parece que dimos en el clavo. Hasta los más escépticos fueron reconociendo que Henrique Capriles era el mejor que podíamos haber encontrado, tanto que jamás hicieron mella en él las trampas que Chávez le tendió ni los epítetos que quiso endilgarle. Resultó, además, de una inmensa capacidad relacional. Todo el mundo lo sentía cercano y como a su orden.

 

Henrique Capriles pasó a ser de un líder regional a un líder nacional.

Fue un candidato, además, que no apareció de una sola pieza, sino que fue haciéndose en el camino. Probó aquello de “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y creció burda en estos meses, sin jamás perder las dotes que desde antaño le adornan.

 

Y ese candidato nos sacó del ghetto -por primera vez paseó nuestra opción de país por ciudades, pueblos y aldeas de Venezuela. Este fue el segundo logro: nos hicimos presentes, en carne y hueso, donde jamás habíamos estado. Y allí quedó una semilla sembrada, o incluso semillas dormidas, brotaron de nuevo.

 

El tercer logro ha sido la legión de jóvenes, estudiantes y profesionales, que se entregaron por entero a la tarea de armar nuestra propuesta y estructurar nuestra capacidad en la calle. En ese sentido, la democracia venezolana cuenta con un arsenal de talentos que ya quisiera el chavismo para sí. A su lado apareció otro logro: las legiones de la resistencia que está aquí y aquí sigue, ahora nutrida por varios millones más de los que tradicionalmente hemos tenido. Como bien lo destacó la BBC de Londres, la oposición venezolana perdió… ¡creciendo! Todo eso está allí y será decisivo cuando el momento llegue.

 

Por último, hay un logro que quiero destacar, al tiempo que pido perdón. En efecto, confieso que me ha sido difícil ocultar el malestar y el rechazo que siento por los cientos de venezolanos que, con premura, nos abandonan para irse a otras tierras. Constatar que nunca han partido, ni en su corazón ni en sus lealtades, ha sido algo conmovedor. Ver sus sacrificios -monetarios incluso- para que su voto se contase y para que su presencia, ruidosa incluso, se notase, ha logrado estremecerme. Muchas gracias. Ha sido un soplo de aire fresco que nos urge -ni imaginan cuánto- en estos tiempos de angustia y desazón.

 

Con estos logros en la mochila nos preparamos a emprender una marcha -¿tortuosa?- hacia un futuro del que sabemos muy poco. Lo que sí sabemos ya, gracias a Dios, es con qué recursos contamos y cuán a la mano están para que los usemos sabiamente. Cómo, cuándo y dónde, ya lo irán diciendo las circunstancias y nuestras propias experiencias, torpes unas, sagaces otras. Hoy, quién lo puede dudar, estamos mejor preparados que nunca antes para seguir por el camino que hace tiempo escogimos.

 

 

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