Lo que queda del genio

Steve Jobs

Ángel Giménez De Luís

A principios de 2009 el sociólogo americano Joel Podolny recibió una oferta de trabajo poco usual; abandonar su puesto de decano de la escuela de negocios de Yale para pasar a una posición similar dentro de una universidad desconocida. Es una institución en la que sólo estudian un puñado de alumnos, todos ejecutivos dentro de una misma empresa. La dirección del campus es inconfundible. One Infinite Loop, Cupertino, California.

De Apple University se conoce poco más que el nombre pero varias personas que han tenido relación con ella coinciden en valorarla como uno de los planes más ambiciosos de Steve Jobs. Durante sus últimos años al frente de la compañía encargó a Podolny crear un programa de estudios que, imitando a las grandes escuelas de negocios, analizase casos reales a los que se había enfrentado Apple a lo largo de su historia y lo que se aprendió de ellos.

La nueva sede de la universidad de Apple estará lista en el 2015.

En cierto modo fue la forma de preparar Apple para un futuro sin Jobs, de imprimir un etos que permitiera a la compañía funcionar tal y como lo hizo tras la vuelta de su fundador en 1996. Jobs distaba de ser perfecto y a lo largo de los años tomó posiciones estratégicas que hoy Apple puede lamentar. Suya fue la decisión, por ejemplo, de no entrar en el mercado de los libros electrónicos. Amazon creó el Kindle siguiendo paso a paso el modelo que Apple desarrolló con el iPod: un dispositivo sencillo y bien diseñado, una tienda de contenido asociada y un modelo de precios revolucionario. Cuando en 2008 el New York Times le preguntó por el fenómeno Jobs se limitó a decir que “nadie lee ya, no importa lo bueno que sea el producto”. Dos años más tarde, durante el lanzamiento del iPad, Apple terminó en manos de las editoriales, teniendo que aceptar un cambio en el modelo de precios para los libros que acabó por llevarla a los tribunales.

En su estilo de dirección, sin embargo, había también indiscutibles pinceladas de genialidad: su capacidad de enfoque, su confianza en su propia intuición, su obsesión por el control de todos los aspectos que rodean a un producto y la disciplina para saber decir que no a ciertos proyectos. Cualquier compañía se podría considerar afortunada con un presidente que lograse la mitad de lo que Jobs logró en su segunda etapa en Apple.

Tim Cook

Es pronto para saber si el plan de Apple University ha tenido resultado. Tim Cook ha heredado una máquina perfectamente engrasada -engrasada en buena parte por él durante sus años de vicepresidente de operaciones- y con las guías maestras ya trazadas para los próximos dos o tres años. Dicen que el iPhone 5 fue uno de los últimos productos en los que Jobs tuvo influencia directa. Si finalmente el rumoreado iPad Mini ve la luz este año no es descabellado pensar que en él también tuviese voz, aunque siempre se mostró partidario de la tableta de mayor tamaño. Por su biografía sabemos también que la empresa se plantea entrar en nuevos territorios, como la televisión, aunque los planes parecen haber encallado durante las conversaciones con las cadenas de cable estadounidenses.

Para Cook, sin embargo, ésta es la oportunidad también de dejar su propia marca y estilo en Apple. Hay cambios en la política de la compañía que eran impensables durante la era Jobs, como el reparto de dividendos entre accionistas o la donación pública de dinero a causas benéficas. En una de las primeras declaraciones a los empleados tras la muerte de Jobs, Cook reconoció que una preocupación constante del fundador era que la compañía quedase lastrada por el “¿qué habría hecho Jobs?”. Bajo su mando Apple tendrá que ser a la fuerza diferente, mejor o peor, con más éxito o con menos, pero diferente.

Steve Jobs – Ashton Kutcher

Engrasada o no, Cook está descubriendo que Apple es una compañía imposible de gobernar lejos de la atención del público. Durante los primeros años cualquier cambio en el núcleo duro -como la tentativa retirada de Bob Mansfield, que finalmente se ha quedado como asesor a cambio de un más que generoso sueldo- y cualquier desliz en el producto -como los mapas de iOS 6- se analizará y vigilará con una intensidad con la que ningún presidente podría sentirse cómodo. 

Apple sigue en la cumbre a un año de la muerte de Steve Jobs.

 

 
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