CONSTRUYAMOS EL DIQUE

Gerardo Blyde

Gerardo Blyde

Gerardo Blyde
gblyde@gmail.com
@gerardoblyde

 

Debemos ganar gobernaciones. Cada espacio que cedamos se convertirá en tierra arrasada

 

La derrota de la oposición el 7 de octubre fue el resultado de varios factores. Entre ellos, y sin menoscabo de otros asuntos igualmente importantes, hay que resaltar la todavía falta de la indispensable conexión con las clases populares. Nos hizo falta conectar más con las zonas populares, con sus expectativas y sueños, con sus emociones y sentimientos, y ése será uno de los grandes desafíos de campaña en las elecciones regionales. Pero no menos crucial es trabajar el ánimo de nuestro electorado natural, ése que nos ha acompañado y que hemos acompañado durante años de esta lucha por una Venezuela mejor para todos.

 

Tuvimos errores en cuanto a la conexión del discurso, sobre todo en lo que respecta a algunas clases sociales que necesitaban un discurso más directo, más concreto, más convincente. Más que errores fueron imprecisiones. Es cierto que a Henrique Capriles le faltó tiempo para llegar con su mensaje a todas partes. La campaña fue corta y seguramente en la agenda faltaron espacios por contactar. Pero eso no lo podemos cambiar. Podemos sí enfocarnos en el meollo del discurso. En eso hay que trabajar.

 

En estados como nuestro Miranda, una región en la que gobernamos, Henrique Capriles es nuestro abanderado, debemos hacer énfasis especial en los electores de clase media, sin descuido de los sectores populares. No es un asunto de clasismo, al cual estamos por diseño político y humano enfáticamente opuestos, sino antes bien a motivarles para que asistan a las urnas, no sólo como un deber sino como un derecho irrenunciable que no podemos permitir que nos arrebaten con esas chapuzas y ventajismos a los cuales el Gobierno Nacional es tan afecto. El 7 de octubre pudimos haber visto recrecido aún más nuestro caudal de votos de haber contado con aún mayor participación de las clases medias. Acaso esto se explica por cuanto el eje del discurso de campaña estaba más orientado hacia ese chavismo ligero y a ese demasiado alto porcentaje de indecisos que a pocos días de la elección reflejaban todas las encuestas. Quizás por procurar esos votos se puso un poco de lado -o se dio por descontado- a esos electores definidos que quizás sintieron que su voto no era necesario. No es una queja, ni un reclamo a ellos; es antes bien una reflexión para los equipos de campaña.

 

Que tenemos que mejorar nuestra capacidad de movilización el día de la elección, eso es cierto. No es tan fácil como algunos piensan. Carecemos de los ingentes recursos a los que echa mano el oficialismo (sabemos que hacen uso indiscriminado de los dineros públicos y abusan sin control de los medios). Pero eso no debe hacernos mirar en el espejo cual perdedores. Por el contrario, debe instarnos a luchar con más inteligencia, más denuedo y sobre todo con más convicción.

 

Tenemos frente a nosotros unas elecciones fundamentales y en las que con anterioridad hemos demostrado nuestra capacidad para alcanzar los votos mayoritarios que colocaron en las postas regionales a quienes se echan encima la tarea de gobernar con eficiencia para en realidad atacar con soluciones y no con palabrería y promesas vanas los problemas que acucian a los ciudadanos. El 16 de diciembre debemos consolidar nuestro liderazgo y detener la ola triunfalista en la que se montó el Gobierno luego del 7 de octubre. Es necesario que mantengamos nuestras gobernaciones y conquistemos otras. El Gobierno quiere recentralizar el poder, el control, el país. Algunos incluso alertan sobre la posibilidad que se busque acabar con el sistema de gobernaciones y alcaldías que manda la Constitución.

 

Defendemos y promovemos el modelo de gobierno que permite y fomenta que los esfuerzos privados florezcan. Ello genera empleo y fortaleza de la sociedad. Estamos en contra de un capitalismo de Estado, en el cual se produce un desgastante vampirismo. La sociedad será más fuerte tanto en cuanto sus ciudadanos, sus organizaciones no estatales y sus instituciones descentralizadas minimicen el poder omnímodo del Estado, con lo cual se evitará el aplastamiento de un elefante desbocado que entra en los espacios de la sociedad rompiendo y pisoteando todo a su paso. Para ello, para garantizar los parámetros claramente establecidos en nuestra Constitución, no debemos perder gobernaciones y debemos conquistar varias más.

 

El único modo de poner un dique a esto es ganar gobernaciones. Cada espacio que cedamos se convertirá en tierra arrasada.

 

 

 

 

 
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