El ciclismo, sin piedad del ciclismo

Lance Armstrong

Lance Armstrong

 JON RIVAS |

El ciclismo no tiene piedad del ciclismo. El revisionismo histórico se abre paso. Armstrong se quedó sin sus siete Tours. A él no le importa, pero ¿a los demás? ¿Quién indemnizará a los millones de seguidores de este deporte que siguieron con pasión aquellas hazañas? Los periodistas ya sabemos, como dijo alguien para bajarnos del pedestal, que nuestra magnífica crónica de hoy servirá para envolver el pescado mañana (algo que las autoridades sanitarias no permitirían en la actualidad pero que siguen siendo muy significativas todavía), pero aún así, algo se revuelve por dentro al regresar a aquellos años en los que el estadounidense reventaba la carrera francesa.

Siempre el ciclismo, sí. ¿Alguien cree probable que se anule un resultado de fútbol por la acción irregular de un futbolista? Deportivo 4, Barcelona, 5. Ya está, para siempre. Las estadísticas no variarán; las crónicas seguirán siendo válidas por los siglos de los siglos, pero vaya usted a una hemeroteca y lea las informaciones del Tour de 2003, por ejemplo. No valen para nada, son ridículas. Todo lo que se escribió con buena fe se puede arrancar y arrojar a la basura.

¿Seguimos adelante? Tal vez haya que ir más atrás. Remover la tumba de Laurent Fignon y desposeerle de sus victorias. Murió de cáncer hace dos años pero antes confesó que, tal vez, todo lo que había tomado durante su carrera le había pasado factura. Confesó que se había dopado. Como antes Anquetil; como desveló, ya en 1923, Henri Pellisier, en una conversación con el periodista Albert Londres: “Esto es cloroformo para las encías; esto cocaína para los ojos. ¿Pastillas? Llevo dos botes de pastillas. Vamos a la dinamita”. Pellisier ganó el Tour. ¿Hay que quitárselo? El palmarés podría quedar muy dañado, tal vez la carrera debería desaparecer.

Dice Daley Thompson: “Tras lo de Armstrong, el ciclismo debería desaparecer de los Juegos Olímpicos”. ¿Desapareció el atletismo tras el escándalo de Ben Johnson? Revisar hacia atrás es muy peligroso, muy dañino. Lance Armstrong nunca dio positivo. Su condena se basa en testimonios de muchos de sus enemigos.

Es posible que el estadounidense fuera un tramposo, pero en su tiempo como corredor había unas reglas establecidas que nunca traspasó. A mí, todo esto me da mucha pena y eso que cada vez que viajaba a Francia para seguir el Tour en aquellos años de tiranía del tejano, tenía la esperanza de que alguien consiguiera desbancarle de su pedestal, nunca me cayó simpático. En siete años nadie lo logró. Ahora, entre la USADA y la UCI lo han hecho, pero así no me gusta.

 

 

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