El tocón de los mochos

Peter K. Albers

PETER ALBERS
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

Un dicho venezolano se refiere al llanto de alguien que ha perdido una extremidad: “Llora más que un mocho viéndose el tocón”. Con respeto a todos los que carecen de un brazo o una pierna, verdaderamente que son dignos de lástima los que, habiendo perdido una extremidad, todo lo que hacen es lamentarse. Y son dignos de admiración aquellos que, luego de pasar por tan doloroso trance, no solamente superan la dificultad y aprenden a desenvolverse normalmente en su cotidianidad, sino que la desventaja les sirve de acicate para ir más allá de lo que antes de la mutilación se conformaban con hacer, y logran asombrarnos con destrezas insospechadas. Conocidos son los que, habiendo perdido sus manos y brazos, aprenden a pintar sosteniendo los pinceles con los dedos de los pies, y nunca antes se habían interesado por ese arte plástica. Los conocedores de música saben que Maurice Ravel escribió un “Concierto para la Mano Izquierda” para que fuera interpretado por el pianista Wittgenstein, quien había perdido su brazo derecho en un episodio de la Primera Guerra Mundial. Wittgenstein no se dejó llevar por la depresión y superó con creces el reto que se le planteó como pianista. Los grandes torneos de tenis incluyen campeonatos para jugadores que se desplazan en sillas de ruedas, y ya se han consolidado mundialmente los llamados “Juegos Paralímpicos” para atletas con alguna desventaja física.

Los venezolanos que no compartimos las trasnochadas ideas del llamado “socialismo del siglo XXI” y la descarada corrupción que impera entre los capitostes del régimen chavista hemos reaccionado de distintas maneras ante el nuevo triunfo electoral de su máximo representante y líder. Algunos han jurado no volver nunca más a votar, lamentándose de la derrota e insistiendo inútilmente en supuestos fraudes y trampas. Cosas que todos sospechamos ocurrieron, pero que no descuentan suficientemente la distancia entre los votos logrados por Goliat contra David. Son los “mochos que lloran viéndose el tocón”, rindiéndose ante el infortunio, y quedarán para pedir limosna. Otros han pensado en emigrar, a ver si en el exterior consiguen una prótesis que les alivie su desmembración; podrán conseguirla, pero seguirá siendo una prótesis.

Los que verdaderamente continuarán en la lucha por la libertad y una vida digna seguirán adelante a pesar de las dificultades y no se rendirán. Saben que detrás de la constancia y la valentía siempre estará el esquivo triunfo. Saben que quien pierde una batalla y se rinde ante el vencedor nunca más podrá recuperar su dignidad, y, por cobarde, vivirá para siempre despreciado por el adversario. Ni siquiera de una limosna será merecedor. Son los que saben que deben continuar en la palestra, pues esa es la única manera de alcanzar la victoria. Son los que, perdidos un brazo o una pierna, saben que siempre queda otro brazo u otra pierna para continuar viviendo, y que posiblemente esa carencia los llevará a logros que ni siquiera soñaban alcanzar.

Tenemos dos opciones: o nos quedamos como los mochos “llorando viéndonos el tocón”, o aprendemos del percance y superamos las dificultades para alcanzar la meta superior: deshacernos de un régimen corrupto, malversador, improvisador e inepto.

No hace falta ser muy inteligente para saber cuál es el camino. Sigue ahí, delante de nosotros.

 

 

 

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