PODEROSO CABALLERO

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
 @AmericoMartin
amermart@yahoo.com

 

“Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.”

Francisco de Quevedo

I

            Los 8 millones que se registraron a favor del presidente Chávez movieron a una rápida auditoría pública. La agenda y la iniciativa de campaña fueron dominadas por Capriles, en la barahúnda de su activismo electoral inédito y sin precedentes cercanos o remotos. Uno puede evocar a José Manuel “Mocho” Hernández, precursor de los actos públicos electorales en contraste con la abulia del general Ignacio Andrade, acólito del taita Crespo. O puede traer a la memoria lo que fue la campaña incansable de Rómulo Betancourt destinada a conquistar el voto rural y así imponerse al centro costero, que le era hostil. Mas fresco el  recuerdo de la primera ofensiva electoral de Carlos Andrés Pérez, con toda razón llamado “el caminante”. Pero ninguna de esas campañas impactantes y victoriosas se le acerca al esfuerzo descomunal de Capriles en las populosas urbes y también en los más remotos rincones del territorio

            Por eso, que salvo el del desdichado Mocho, aquellos esfuerzos fueran coronados con la victoria y el mayor de todos registrara una derrota, pedía y pide una convincente explicación. Tanto más si pensamos en lo que fue la actividad electoral del presidente, cansina, a la defensiva, intermitente, invadida por una sensación de malestar físico y emocional.

 

Capriles Radonski hizo un esfuerzo descomunal

           No entraré en ese tema, mejor tratado que yo por grupos especializados que sin discutir la correspondencia de las actas de votación con el boletín anunciado por el CNE, desnudan por completo las tramas mayores y menores que contaminaron las presidenciales del 7 de octubre. Los datos y evidencias que se apilan unos sobre otras revelan, para decirlo rápido, que Capriles sacó claramente más de los seis millones y medio que le atribuyeron y Chávez menos de los ocho anunciados. Si, pese a todo ganó, lo haría de barriga, para decirlo en lenguaje beisbolero. En realidad el fenómeno electoral fue Capriles Radonski. Que el reconocimiento de estas perversiones no debilite la decisión de ir con todo entusiasmo al reto del 16 de diciembre, con la voluntad de vencer. Con coraje hay que lograrlo.

 

II

            Tampoco se explica que el gobierno obtuviera más votos que la unidad democrática en Zulia, Carabobo y Miranda. Sospecho que si la moral democrática se pone a punto, los flancos débiles que se detectaron son atendidos y la participación es masiva el 16D, Pablo Pérez, Henrique Fernando Salas y Capriles retendrán cómodamente sus gobernaciones y la UD obtendrá una excelente victoria en muchos estados grandes y pequeños.

            Pero vale la pena detenerse en dos cosas. La primera, el presidente sigue gozando de popularidad. La segunda, su caudal se elevó artificialmente por causas groseramente materiales que van desde el desvergonzado uso y abuso de la totalidad del poder hasta el océano de dinero que vertió para dominar el escenario y financiar su maquinaria electoral. Violó la Constitución y las propias normas acordadas por el CNE, con una llamativa tolerancia de éste.

 

III

            La mitomanía del pensamiento mágico atribuyó este resultado a la religiosidad que supuestamente rodea a Chávez. Campeona de semejante argumento fue Hinterlaces de Oscar Schemell, quien a lo largo del proceso no sólo ofreció resultados que daban al presidente una aplastante mayoría superior al 20%, sino que los adornaba con comentarios tendenciosos contra Capriles. Está documentado que aún esas cifras fueron sacudidas por el gran empuje del candidato opositor al punto de que sus cultores tuvieron que rebanarlas sensiblemente. Y no obstante, Schemell siguió con la lata de que la unidad democrática no entendía el aura que bordeaba a Chávez. Lo sorprendente es que reconocía la fuerza de las grandes concentraciones espontáneas que salían al paso de Capriles y no obstante alegó una y otra vez que “carecían de mensaje”. ¿Multitudes muy superiores a las del rival moviéndose “sin mensaje” con entusiasmo desbordante?

            Escandalosas fueron las gruesas irregularidades, el ventajismo brutal, el uso descarado de recursos del Estado, la depredación de mesas por militares y grupos violentos del oficialismo, que “inflaron” la fuerza la votación del presidente y menoscabaron la del rival. Si se admite que las elecciones transcurrieron en condiciones que ningún candidato de cualquier otro país hubiera aceptado, por fuerza ha de aceptarse que afectaron la votación del Capriles y engrosaron la de Chávez. Si el presidente ganó lo hizo por ventaja inferior a la que exhibió el boletín del CNE

            Pero Schemell siguió adelante con su tema. Chávez era ahora “una iglesia”. Si lo tomáramos en serio deberíamos concluir que sus sacerdotes son los militares y agentes violentos que brillaron el 7-O.  Aunque la imagen divina me parece una superchería bien pudo utilizarla para explicar el extraordinario impacto de Capriles, que en sólo cuatro meses puso los números de la oposición a alturas  jamás alcanzadas, incluso si tomáramos como enteramente reales los proporcionadas oficialmente por el árbitro. Sobre todo, si se tiene presente que la MUD siempre jugó limpio, dispuso de medios muy inferiores a los del gobierno y no pudo valerse de la fuerza pública para contrarrestar las bárbaras amenazas en su contra.

            En el repertorio oficialista de los golpes prohibidos se incluyen los cañonazos de dólares por el estómago de los logreros, para recordar la graciosa fabla Pancho Villa. Pequeños grupos en subasta y reputaciones que terminaron fulminadas.

Y pues es quien hace iguales/Al rico y al pordiosero/Poderoso caballero
es don Dinero.

 
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