¿REFORMA MIGRATORIA O MARIEL LEGAL?

 

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr 

 

La medida, anunciada por Cuba de que sus nacionales podrán viajar al exterior sin necesidad de un permiso, llega tan condicionada por otras normas y tan selectiva en su aplicación, que se reduce a favorecer las necesidades del gobierno cubano, en vez de brindar libertad de movimiento a la población.

A partir del 14 de enero de 2013 “como parte del trabajo que viene realizando para actualizar la política migratoria y ajustarla a las condiciones del presente y del futuro previsible (el subrayado es nuestro), el gobierno cubano (…) ha decidido eliminar el procedimiento de solicitud de Permiso de Salida para los viajes al exterior y dejar sin efecto el requisito de la Carta de Invitación”, igualmente, el cese de las cuotas mensuales por concepto de estancia en el extranjero en los primeros 24 meses y la derogación de la ley de confiscación de propiedades.

El Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, ante el anuncio publicado en el Granma del martes 16 de octubre, se pregunta si Cuba no estaría de hecho planeando un “Mariel Legal”.  Con toda razón cabe preguntarse las razones que han inducido a la dirigencia cubana a tomar una medida que incitaría a creer que al fin la oligarquía cubana le reconoce algún derecho elemental a la población cubana.

Para tratar de comprender “la actualización de la política migratoria”, -la terminología oficial del régimen, y no como de manera ligera la prensa internacional ha publicado que Cuba autoriza la libre la salida de los cubanos al extranjero- es necesario volver al momento en que Raúl Castro es designado por su hermano, para ejercer el poder en su lugar y asume la gestión de la situación catastrófica del país.  Raúl Castro en un discurso sobre la situación económica del país y las reformas que se deben emprender para mejorar la situación, anunció, entre otras, un plan de despido de un millón y medio de personas que hasta ahora “han vivido a costa del Estado”. Ni aún en los países que han practicado el liberalismo más radical,  ni en donde se han aplicado los ajustes económicos más drásticos debido a la crisis, se ha llegado a semejante ola de despidos.  La pregunta que cabía hacerse ante aquel anuncio del general presidente era: “Qué va a pasar con ese millón y medio de parados?” Para quien está al corriente de la relación de interdependencia de los regímenes de Caracas y de La Habana, la respuesta era fácil de imaginar.  Venezuela y los países “hermanos” de la Alba iban a verse obligados a acoger a las víctimas del desastre cubano.

Pero eso es sin contar con la maquinaria castrista que al verse confrontada a tomar alguna decisión, lejos está de actuar a la ligera.  Una de las características del castrismo, es la capacidad de manejar varios escenarios a  la vez.  Nunca se tomará desprevenida la oligarquía castrista.  Siempre tendrá  bajo la manga, no un plan B, como sería lógico en cualquier contexto político, sino que, si es necesario, tendrá tantos planes alternativos como letras tiene el alfabeto.  La amenaza de un exilio masivo hacia las costas de La Florida, se convirtió desde mayo de 1980, cuando el régimen desencadenó el éxodo del Mariel, en el arma más potente contra EE.UU.  Pero como “nosotros siempre hemos sabido adaptarnos a los tiempos” (dixit Fidel Castro, Biografía a dos voces), así como ha sabido continuar exportando la revolución adaptándose a la época, en lugar de la lucha armada, se toma el poder mediante elecciones.  En lugar del envío agresivo de masas de exiliados hacia las costas de la Florida, “la actualización de la política migratoria”, permite crear un contexto de presión permanente ante la Oficina de Intereses de EE.UU. y demás embajadas con sede en La Habana de personas provistas de pasaporte, deseosas de viajar al extranjero, en particular a EE.UU. y ello en un momento de crisis de extrema gravedad cuando, tanto EE.UU como los países europeos, luchan por frenar la inmigración.  Por supuesto que cubano que ponga los pies fuera de Cuba, en particular en el norte, difícilmente regrese de nuevo a pasar trabajo en la isla.  Por supuesto que también supondrá un ingreso de dinero puesto que los exiliados (ex gusanos) proveerán a sus familiares de lo necesario para que puedan viajar.  Para México significará también una preocupación, porque aquellos que no logren viajar directamente a EE.UU., buscarán hacerlo a México para luego pasar la frontera.

El Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, enumera las razones que movieron a Raúl Castro a tomar semejante medida:

Para aliviar la presión interna de la gente que el Estado ya no puede tomar a su cargo.  Para crear una válvula de escape y debilitar la oposición interior.  Elimina así una de las mayores quejas de la población, la do no poder viajar para visitar a sus familiares.  Si los EE.UU. se niegan a proveer de visas de turismo a los cubanos, los Castro utilizarán el argumento como parte de su propaganda antiamericana (en la actualidad, EE.UU. limita a 30.000 el número de cubanos que  pueden inmigrar anualmente).  Servirá para presionar a Washington para que autorice a los turistas norteamericanos a viajar a la isla, puesto que La Habana permite a sus ciudadanos hacerlo.

Lo importante son las condiciones, pues no se debe creer que la reforma migratoria abarca toda la población cubana.  La clave radica en el siguiente párrafo: “La actualización de la política migratoria tiene en cuenta el derecho del Estado revolucionario de defenderse de los planes injerencistas y subversivos del Gobierno norteamericano y sus aliados.  Por tal motivo se mantendrán medidas para preservar el capital humano creado por la Revolución, frente al robo de talentos que aplican los poderosos”.  Ello significa, primeramente, que el régimen se arroga el poder de disponer de los profesionales que alquila a otros gobiernos como es el caso de Venezuela y de muchos países latinoamericanos y africanos.  Luego, se mantienen los criterios discriminatorios en función de credos políticos e ideológicos.  Ya no se trata de conseguir el permiso de salida, sino aquel que no sea obediente, no obtendrá el pasaporte.  Según miembros de la oposición cubana, se trata de un cambio de método, pero el principio sigue siendo igual: se trata del mismo método empleado en China, donde el régimen fomenta una emigración obediente.  Viajar significará premiar al sumiso o a la lealtad hacia el régimen.

Para los emigrados, las nuevas disposiciones mantienen el sistema de “habilitación del pasaporte”, con el cual el Gobierno decide quién puede entrar a la Isla. 

La libertad de movimiento bajo condición no significa realmente la libertad.

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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