CHAVEZ, GALARRAGA Y BARRY BONDS

 

Angel Oropeza

Ángel Oropeza
@angeloropeza182 

 

“No hay nada más triste que un ponche cantado. Tanto en el beisbol como en la vida.”

 

Como parte de la preparación para las cruciales elecciones del próximo 16 de diciembre, es prioritario seguir analizando y entender lo ocurrido el pasado 7 de octubre, porque la conducta electoral de muchos venezolanos va a depender de su interpretación de lo que pasó. Si bien el presidente Chávez va a intentar sembrar la matriz de opinión de que la votación a su favor es una votación ideologizada y militantemente comprometida con su proyecto personal, saben muy bien en el alto gobierno que, en realidad, ello no es así.

 

Bajo el paraguas de la votación oficialista, se esconde una pléyade de razones que van desde la simpatía e identificación con el actual Presidente, hasta el miedo a perder beneficios reales o esperados, la coacción bajo amenaza de perder un puesto de trabajo, el engaño de creer que el voto no es secreto, o la movilización “a juro” de votantes, por medio de un aparato estatal-militar convertido en partido político. De todas estos “componentes” del voto pro-Chávez hay no solo denuncias ampliamente sustentadas y pruebas documentales, sino hasta registros fotográficos y de video que comprueban, p.ej, la falsa espontaneidad de mucha de la votación oficialista. Pero, además, esa votación no puede ser analizada haciendo abstracción como si no hubiese existido- de una campaña electoral desbalanceada y caracterizada por una enorme y abierta corrupción por parte del Gobierno, donde la norma fue el uso delictual de los bienes públicos edificios, recursos monetarios, medios de transporte, espacios en los medios públicos-, y evasión generalizada de las restricciones electorales.

 

El gran Andrés Galarraga llegó a batear 399 jonrones en su gloriosa carrera en las Grandes Ligas, quedando solo a 1 de la cifra mágica de 400 cuadrangulares, lo cual le habría significado, sin duda, un paso importante en el camino al Salón de la Fama. Su compañero de los Gigantes de San Francisco, Barry Bonds, terminó su carrera con 762 jonrones, convirtiéndose así en el pelotero con mayor número de cuadrangulares de la historia de las Mayores, llegando incluso a batir la marca de más jonrones en una sola temporada (73, en el año 2001).  Sin embargo, tanto la actuación como las cifras de Bonds están actualmente en entredicho, luego que se descubriera el uso ilegal de esteroides para “inflar” su rendimiento.  Los jonrones de Galarraga fueron a punta de arepa y sancocho. Los de Bonds, al menos algunos ¿o muchos?- de ellos fueron “puyaos”, término que se utiliza en el deporte para referirse a quienes recurren a drogas o suplementos prohibidos para abultar artificialmente su desempeño.

 

Volviendo a nuestra pasada elección, ¿cuál es el peso de cada uno de los extraños “componentes extra-simpatía” que mencionamos arriba, en el resultado final de la votación hacia el actual presidente? Es imposible saberlo. Sólo se sabe, de manera comprobada, que existen. Igual que es imposible saber cuántos de los jonrones que bateó Bonds en su carrera fueron producto de su habilidad beisbolera, y cuántos ocurrieron gracias a la acción o influencia de los esteroides.

 

Mientras los 6 millones y medio de Capriles son como los jonrones de Galarraga, los 8 de Chávez son como los de Barry Bonds. Este último tiene “oficialmente” más jonrones que el criollo, pero todo el mundo sabe que está “puyao”. Y el problema con los triunfos “puyaos”, como el del 7 de octubre,  es que carecen de la suficiente e incuestionable legitimidad moral que se requiere para despertar autoridad, y son, a pesar de su aparente fortaleza, sumamente frágiles.

 

El Gobierno necesita desesperadamente alimentar la abstención y la desmovilización en el país opositor en las próximas elecciones regionales, para poder obtener la fuerza y la credibilidad que su triunfo “puyao” de octubre no pudo obtener. Pero ya que hablamos de beisbol, permítanme una última reflexión.

 

El beisbol no acepta las “abstenciones”. De hecho, uno de los axiomas sagrados de la pelota, y que repite como advertencia permanente desde el chamo preinfantil hasta el profesional, es aquella de que “al que no hace, le hacen”. En el beisbol, como en la vida, sería muy fácil batear si uno supiera qué nos tiene preparado el pitcher, y adivinar con certeza cuál es el lanzamiento que viene. Pero justamente allí está el mérito. Porque la idea es pararse allí en el home, y sin saber qué es lo que viene- hacer lo mejor que seas capaz. Y no vale llorar ni lamentarse porque el lanzamiento no era el que tú esperabas, o porque es muy difícil saber qué es lo que viene. Tu labor es enfrentarte a la incertidumbre -la del beisbol y la de la vida- e intentar batear lo mejor que puedas. Aunque algunos del otro equipo te quieran convencer que no lo hagas, que no vale la pena, lo cierto es que si no lo intentas, -si no le tiras- nunca vendrán las victorias: porque no hay nada más triste que un ponche cantado. Tanto en el beisbol como en la vida.

 

 

 

 
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