Los errores de Dios

 

La capacidad que tiene el fútbol de servir como metáfora del azar de la vida, explica en buena parte el éxito arrollador del deporte como fenómeno global de masas

John Carlin

“Su nombre es Juan Mata/Lleva un sombrero mágico”, es la traducción de uno de los cánticos con los que los aficionados del Chelsea celebran a su jugador favorito. El que dirigen los del Arsenal al suyo, Santi Cazorla, es incluso peor: “Vino de Málaga a jugar con Arteta: ¡Cazorla! ¡Cazorla!”.

Santi Cazorla

No hemos podido establecer qué es lo que se han inventado los fans del Swansea para alabar la nueva estrella de su equipo, Michu, pero seguramente tampoco tendría posibilidades de ganar un premio de poesía o de entrar en el Top Ten musical del mes. Lo que importa, sin embargo, es el sentimiento; lo que importa es que estos tres jugadores españoles (sin olvidar a Arteta del Arsenal y a Silva del Manchester City) han conquistado los corazones de sus clubes británicos y se han ganado la admiración de todos los neutrales.

Una vez más el fútbol ofrece a los españoles un cierto motivo de orgullo; incluso —para los optimistas, los locos, o los que no se enteran— una pequeña compensación por las penas que vive el país. Aunque se podría agregar, sin la intención de cuestionar la calidad del producto deportivo ibérico, que el rendimiento de los fichajes españoles ofrece un alarmante reflejo de las penas que vive el fútbol inglés. Mata y Cazorla, que no son titulares indiscutibles en la selección española, son los cracks de dos de los equipos más potentes de la Premier. Es casi imposible imaginar que un jugador de la selección B inglesa triunfe en la Primera División española. De la selección A quizá tres o cuatro lograrían conseguir la titularidad en el Valencia, el Atlético o el Málaga, pero difícilmente se convertirían de la noche a la mañana, como Cazorla en el Arsenal, en las figuras de sus equipos.

No solo es un problema de jugadores ingleses. La Premier, donde dos tercios de los jugadores son de fuera de las islas, da la impresión de estar en decadencia. No en términos económicos sino en cuanto a calidad. Es verdad que el Chelsea ganó la Copa de Europa la temporada pasada. Fue uno de esos misterios que arroja a veces el fútbol, quizá atribuible a lo que García Márquez llama “los errores de Dios”. La capacidad que tiene el fútbol de generar sorpresas y grandes injusticias, de servir como metáfora del azar de la vida, explica en buena parte el éxito arrollador del deporte como fenómeno global de masas.

Juan Mata

Pero no puede ser cosa del azar que el Chelsea, que va como una locomotora en la Premier, y el Manchester City, invicto en Inglaterra en lo que va de temporada, estén siendo humillados en Europa. La prensa inglesa se deshace en elogios al “fútbol champán” del Chelsea cuando se mide a rivales de la Premier pero guarda relativo silencio sobre el repaso que le dio el Atlético en la Supercopa europea (4-1, cuando un resultado más justo hubiera sido 6-0) o su mediocre actuación en la presente liguilla de la Champions. Llevan cuatro puntos tras tres partidos en un grupo flojo y esta semana perdieron contra un Shakhtar muy superior. En cuanto al City, actual campeón inglés, la contundente derrota ante el Ajax del miércoles les deja casi sin posibilidades de pasar a la siguiente ronda de la gran competición europea.

Mientras el Chelsea y el City tropiezan, el Málaga, sin Cazorla, lleva tres victorias en tres partidos en un grupo nada fácil. Tanto los dos equipos más ricos de la Premier como el Manchester United, el Arsenal y el Liverpool se habrán fijado en Isco, la nueva estrella del Málaga, como próximo objeto de deseo. En Isco y en quién sabe cuantos jugadores españoles más. Sin hablar de Falcao, claro, al que muchos en Inglaterra ya colocan en el Chelsea.

Un jugador que brilla en España, aunque sea (como en el caso de Michu) en un equipo modesto como el Rayo, es prácticamente una garantía de éxito en la liga inglesa. Hablando de metáforas, aquí el fútbol nos ofrece otra. El destino de España va rumbo a ser, como ya lo es en algunos países africanos y latinoamericanos, el de un gran país exportador de futbolistas. Pero el de un país pequeño en casi todo lo demás.

 

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