¿EL PRECIO DEL SILENCIO?

JESÚS HERAS – 

 

Generalizando, se podría sostener que en Venezuela hay dos tipos de militares. Los institucionales, que serían la mayoría, y los – digamos –menos institucionales. Entre los últimos, también existen diferencias.  Sin embargo, para simplificar, los invito a concentrarnos de momento en los políticamente activos. A su vez, asignemos arbitrariamente este segmento del mundo militar al Capitán (r) Diosdado Cabello. Esa sería, digamos, su parcela de poder.

No es un simple decir. Cabello preside la Asamblea Nacional, es vicepresidente del PSUV, y un porcentaje importante de sus compañeros de promoción ocupan, como generales de brigada, posiciones de mando en el ámbito militar.

Algo similar ocurre entre los civiles adscritos al PSUV. Allí también hay diferencias. Los hay ideológicamente comprometidos con Cuba, y los hay de otras tesituras. Asignemos arbitrariamente esta variopinta parcela de poder al nuevo vicepresidente, Nicolás Maduro.

¿Me preguntarán Uds. por qué hacemos este ejercicio? La respuesta es a la vez sencilla y compleja. Sencilla, porque el nombramiento de Nicolás Maduro fue fruto de una negociación y compleja porque no fue fácil repartir “equitativamente” las cuotas de poder.  No se trata de una simple especulación. Si revisamos la lista de candidatos postulados para optar por las gobernaciones del país, la mitad más uno son militares (12). Los restantes, son civiles, once en total.  Más claro no canta un gallo.

Lo que antecede sugiere, no garantiza, pero sugiere, la búsqueda de un equilibrio, si  bien precario en ausencia de Chávez, a la espera de acontecimientos de gran trascendencia, como podrían ser, en los extremos, una ofensiva política enérgica para contrarrestar los efectos de la inminente devaluación del bolívar, al inaugurarse  el nuevo período constitucional, o una transición política, a consecuencia del deterioro de la salud del Presidente.

Los invito, sin embargo, a analizar conmigo un caso muy peculiar, quizás la excepción a la regla, que se produce en el ámbito militar y que, aunque atañe en lo inmediato a Carabobo, parece tener ramificaciones y repercusiones importantes sobre todo el andamiaje que construye el Presidente. 

Si conforme a los términos del convenio, a Carabobo le correspondía un candidato militar, la figura natural habría sido el General Clíver Alcalá, Comandante de la IV División del Ejército. Por esa Comandancia, acantonada en Maracay, habían pasado, antes de ser ascendidos, dos ministros de la Defensa, los Generales en Jefe, Lucas Rincón Romero y Raúl Isaías Baduel.  Alcalá, al igual que Diosdado, proviene del Ejército,  y venía recorriendo Carabobo sin ocultar su aspiración a ocupar la gobernación del estado. Sin embargo, fue sacrificado. Le asignaron nuevas responsabilidades muy lejos, en Guayana, y el dedo presidencial se posó sobre el Mayor (r) Francisco Ameliach, cuyo padrino político es el General (GN) Luis Felipe Acosta Carlez, execrado por Chávez tras su patética gestión en Carabobo, declarado enemigo del desterrado Alcalá… y compadre de Walid Makled, quien – luego de ser extraditado por Colombia en mayo de 2011- permanece confinado en el Sebin.

¿Valdrá tanto su silencio?

 

PS: Con motivo de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, recomendamos la lectura de nuestro editorial titulado Un Futuro Negro publicado el pasado 12 de mayo del 2011

 
Jesús HerasNo photo

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