LA FIESTA SIGUE

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
 

 

“La guerra no es simplemente un acto bélico, sino la verdadera continuación de las relaciones políticas. Una gestión de aquella con otros instrumentos.”      Clausewitz

I

El presidente se percibe a sí mismo como un excelente estratega militar al punto de que tiende a llevar al dominio de lo político la filosofía y vocabulario militares. Parece que su concepción bélica se reduce a sostener que siempre debe mantenerse la ofensiva hasta cansar y aplastar al enemigo. El hombre disfruta como un niño cuando sus seguidores, con sonrisa sobrancera, pregonan su habilidad estratégica. Es verdad que se trata de un militar sin combates pero no tiene que avergonzarse por eso pues al fin y al cabo es laudable que Venezuela no haya participado en guerras foráneas y lleve más de una centuria sin guerras civiles.   Entiendo que los oficiales generales, mejor formados y por esos son superiores, estén más inclinados a asimilar la regla de que la guerra, más que destruir al enemigo,  se propone desarmarlo, de modo que no esté en condiciones de seguir luchando. Vencer es algo mucho más complejo e inteligente que sólo echar tiros y no descarta sino que supone dialogar. No necesito recordar que estoy invocando a uno de los más grandes conductores y teóricos militares de la historia: el mayor general Carl Von Clausewitz

 

II 

            En los partidos políticos las unidades básicas se llaman células, comités de base o asambleas locales; en el PSUV, batallones, patrullas, comandos. Chávez no tiene “política” sino “estrategia”. Cada vez que aborda algún problema urgente, como por ejemplo el de la crónica crisis eléctrica, anuncia con pífanos la creación de un “Estado Mayor” o un “Destacamento”.  Aún se recuerda el Estado Mayor eléctrico presidido por Alí Rodríguez Araque y su último parte de guerra: “el enemigo ha muerto” “la crisis ha sido ha sido derrotada”.

Por desgracia el enemigo siguió gozando de buena salud y el que “murió” fue el Estado Mayor de Alí. De la guerra eléctrica no se habló más, pero no porque cumpliera su objeto, sino porque no lo cumplió.

            Que recuerde, ninguna de esas batallas ha honrado la bombástica proclama que la anunció. Pero el presidente no se da por vencido. Sigue metido en la lógica guerrera que habla del ataque permanente como mejor forma de defensa. Lo que tenemos a la vista e inevitablemente se convirtió en el tema decidendum de las elecciones regionales del 16 de diciembre es la estrategia comunal.

            El hombre la ha ido ensamblando. Las sobrevivencias institucionales “burguesas” serán convertidas en arena del desierto. Es un nuevo modo de producción sin inversiones y una nueva forma de Estado sin Congreso, descentralización, gobernaciones y alcaldías. El futuro es de las Comunas. Al igual que los soviets de la revolución rusa de 1917 el sistema será socialista y soviético. Olvídense de contrapesos entre funciones ejecutivas, legislativas, judiciales y contraloras o fiscales. El poder único, indivisible y centralizado será la Comuna.

            La Comuna de París  fue el resultado de un alzamiento insurreccional de los parisinos que quiso organizar un poder autogestionario; una democracia, como diríase hoy, “directa y protagónica”  Duró 70 días y, luego de dejar diez mil muertos, desapareció para siempre. Pero la palabra “Comuna” tiene una resonancia épica en el oído del poco épico presidente venezolano. El hombre la convirtió en leit motiv de su revolución, de la que si no se ha visto nada en 14 años ha de admitirse que el país retumba con su retórica guerrera.

            La ley de las Comunas, la ley orgánica del trabajo y la Resolución 058 configuran la estrategia ya completa de la trepidante revolución bolivariana. Caería todo el aparataje democrático y sus principios, desaparecería el concepto mismo de “escuela” tal como se conoce y acepta en el mundo y tocarían a rebato la libertad sindical, la contratación colectiva y la independencia del movimiento obrero. Así como los soviets fueron integrados y se convirtieron en punta de lanza de la burocracia todavía presidida por Lenin y luego Stalin[i], las comunas transferirán todo el poder que antes estaba descentralizado a las manos incompetentes pero obsesivamente ávidas del presidente

 

III

            Lo que nadie consideró nunca hasta que la Humanidad (en todas sus tendencias ideológicas) hubo de aceptarlo es que esas fórmulas “alternas” destruyen la capacidad productiva de los países y aniquilan las libertades y derechos humanos sin dar nada a cambio porque no son productivas. El andamiaje comunero- “controlobrérico” -consejo educativo deberá ser subsidiado a una escala que no hemos visto o imaginado. Como no hay controles, contrapesos ni rige la ley de Contraloría, es de suponer lo que harán cientos de miles con esas masas dinerarias malversadas. Sé que semejante esperpento no funcionará pero la destrucción puede ser colosal.

El 16 de diciembre el reto es de una claridad rutilante. Un puñado de invasores digitalizados se han lanzado en paracaídas al asalto de los estados para sin otro propósito que el de entregarlos a una voluntad omnipotente.

            Afortunadamente en todo el territorio nacional candidatos emanados de primarias o de muy amplios consensos van a defender las prerrogativas de sus estados, la descentralización, la libertad, el crecimiento de la economía y de la oferta de empleos y en general el progreso económico, cultural, intelectual. Es un dilema de tómelo o déjelo. Todas las voluntades son necesarias. Nada de abstenciones.  Votar por nuestro abrumado país y conjurar la tentación totalitaria.

Para que podamos decir con José Martí: es la hora de los hornos y no se verá sino la luz.                                                                                                      



* (En la Unión Soviética) las muertes por inanición o enfermedades causadas directamente por la colectivización han sido estimados entre cuatro y diez millones. Según las cifras oficiales soviéticas, unos 24 millones de campesinos desaparecieron de áreas rurales y solo 12,6 millones se mudaron para ocupar puestos en el Estado. Se infiere que el número total de muertos (tanto directos como indirectos) por la colectivización estanilista fue del orden de las doce millones de personas. Wikipedia

 

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Un Comentario;

  1. MAMMUT ROSELL said:

    PREGUNTA SI SABEMOS QUE ESTAMOS EN LAS PUERTAS REALES Y NEFASTAS DE UN PROGOBIERNO COMUNISTA ¿POR QUE NO LLAMAN AL REGIMEN COMO SE DEBE “COMUNISTA” Y A HUGO CHAVEZ “DICTADOR2 CUAL ES SU MIEDO SEÑORES INTELECTUALES………………….

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