LAS VIRGENES NECIAS

Angel Oropeza

 

Ángel Oropeza
@angeloropeza182 

 

Desde los primeros trabajos de Heider (“Psicología ingenua de la acción“), se sabe que las personas creen que un suceso queda explicado satisfactoriamente cuando descubren, o creen descubrir, por qué ha ocurrido. La atribución causal es un mecanismo básico para el funcionamiento psicológico de las personas. Tan básico, que la conducta de la gente muchas veces depende más de su interpretación atribucional que de los hechos objetivos.

 

Los resultados electorales del pasado 7 de octubre han sido amplia y detalladamente explicados por el Comando Venezuela, sus voceros y el propio candidato presidencial. Sin embargo, en un país tan particular donde hasta las cucarachas vuelan, siempre hay mercado para otras explicaciones más noticiosas y sensacionalistas, que van desde la existencia de un masivo fraude electrónico, pasando por la “venta” de la presidencia de la República después de haberlas ganado, hasta la infaltable conspiración para alterar los resultados.

 

El problema es que ninguna interpretación es impune y exenta de generar consecuencias. Este último grupo de explicaciones hipotéticas como las comentadas arriba conducen inevitablemente a la inacción personal y colectiva, a la desmovilización ciudadana, y a la adopción de posturas de  estéril radicalismo como la de esperar que “hasta que no se den las condiciones no participo más”, cuando ese es precisamente el sueño dorado del Gobierno de cara al 16 de diciembre. Y las llamamos “explicaciones hipotéticas” porque se basan justamente en eso, en hipótesis que nunca llegan a ser demostradas.  Estas hipótesis suponen que las irregularidades y corruptelas del CNE y del proceso electoral en general que son muchas y evidentes-  implican por sí solas que ganamos y el Gobierno nos robó (o nos dejamos robar, o nos prestamos voluntariamente para el juego, dependiendo del grado de radicalismo del opinante). Por supuesto, el “eslabón perdido”, ese que permitiría científicamente demostrar el enlace entre las irregularidades y el triunfo, nunca termina de aparecer.

 

Nadie niega la existencia de unas condiciones electorales sucias, desbalanceadas e  injustas como corresponde a un gobierno así-, ni avala la acción corrupta de las 4 señoras que dirigen el CNE. Pero lo que el venezolano conoce como “fraude”, ese que consiste en haber ganado y que le den el triunfo al otro, no ocurrió.

 

En estos días, observando la proliferación de mensajes alimentando la abstención y la desmovilización, recordé una parábola del Evangelio de San Mateo. Según ella, el Reino de los Cielos sería semejante a 10 vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. 5 de ellas eran necias y 5 prudentes. Pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. Como el esposo tardaba en venir (algunas habrán pensado: “eso ya no va a pasar, no sigo más”) les entró sueño y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: ¡Ya está aquí el esposo! Entonces se levantaron todas y aderezaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “dennos del  aceite de ustedes porque nuestras lámparas se apagan”. Pero las prudentes les respondieron: “mejor es que vayan a comprarlo, no sea que no alcance para ustedes y nosotras”. Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Pero Él les respondió: “no las conozco”. Y al finalizar la parábola, Jesús remató con una exhortación que muy bien nos viene a nosotros: “estén siempre preparados, porque ustedes no saben ni el día ni la hora”.

 

Los modelos de dominación como los que por ahora- se ha instalado en Venezuela, no se combaten con abstención ni con posturas de dignidad ofendida. Por el contrario, se alimentan y fortalecen con ellas.  La única forma de enfrentarlos es no abandonando la lucha, metiéndose por los resquicios, manteniendo la presión  y la organización del pueblo, y seguir la estrategia de acumulación gradual de fuerza popular y de poder. Porque si una característica tiene hoy nuestro país, es que su futuro es altamente incierto e impredecible. Nadie sabe lo que nos espera ni lo que va a pasar en Venezuela. Hay tareas que sabemos como las del próximo 16 de diciembre- y otras que no. Pero los acontecimientos por venir no nos pueden sorprender desmovilizados, desorganizados o durmiendo. Como las vírgenes necias de Mateo.

 

 

 

 
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