OBAMA: BALANCE INTERNACIONAL

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr 

 

La política internacional de Obama, puesto bajo la lupa de los europeos, aparece como el paso de un equilibrista que mueve su balancín, pero no pierde de vista sus metas.

 

Barack Obama, en general, ha demostrado poco interés  por Europa: incluso, algunos consideran que simplemente la ha ignorado. Este elemento se debería al hecho de que Europa no plantea un problema para EE.UU., mientras que, otras partes del mundo en donde el país  está involucrado en problemas graves requieren una atención privilegiada.

            A grandes rasgos, lo primero que debe tenerse en cuenta en relación a la política internacional del presidente reelecto, son las circunstancias en las que tuvo lugar su elección:

            Primeramente, comenzó su tarea presidencial con el peso de haber sido convertido en icono: debido a su procedencia racial, y por la circunstancia  de habérsele  otorgado el premio Nobel de la Paz. La otra circunstancia y la de mayor peso; la de haber sido elegido bajo las peores condiciones internacionales  debido a la enorme crisis financiera que atravesaba el mundo, de la que EE.UU., no era ajeno.  Circunstancias particularmente adversas para un presidente elegido para preservar y reforzar el liderazgo mundial de su país.

 

Barack Obama ha demostrado ser un hombre de la reflexión y del pragmatismo. Rápidamente comprendió y tomó en cuenta la circunstancia en la que estaba inmerso el liderazgo estadounidense: la existencia de un mundo multipolar con el que se debía contar, y a partir de ello, desarrollar una política internacional Ad Hoc. Pese a los frenos impuesto por el senado mayoritariamente  adverso a su política, tanto internacional como doméstica, logró imponer su marca.

 

            En cuanto a la multipolaridad, muchos pretenden en el campo adverso que Obama ha contribuido a la pérdida de influencia de la hegemonía de EE.UU., sin reparar en los matices de su modo de actuar. Si vemos  con lucidez las circunstancias, su personalidad pragmática y su mecanismo intelectual más dado a la reflexión, podemos percatarnos que Obama ha obrado en pro de preservar  esa hegemonía, pero en lugar de blandir el big stick como es la tradición del país, ha preferido en muchas circunstancias, recurrir a la diplomacia y a emplear en toda circunstancia su pragmatismo, acordándose el tiempo de la reflexión.

            Tomar en cuenta los graves obstáculos financieros que enfrentaba el país ante importantes compromisos, en particular militares, fue uno de sus principales  retos. Enfrentar la amenaza del terrorismo, la continuación de dos guerras, Irak y Afganistán , lidiar con la emergencia de los países del Bric, la creciente influencia de China, fueron hechos a los que hubo de adaptar el comportamiento de la gran potencia mundial. Es decir, admitir la existencia de otros: ya no es la única estrella que brilla en el firmamento.  “El  mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él”, afirmó en uno de sus discursos, al mismo tiempo que anunciaba la noción de “building at home” (construir en casa) en  lugar de ir por el mundo imbuido de la idea de “destino manifiesto” imponiendo, -al igual que lo pretendió Moscú como templo del comunismo, La Habana,  como templo del militarismo/socialista y hoy la Venezuela  “bolivariana” -, modelos de gobierno y de pensamiento. Comprender los límites del poder de EE.UU., y percatarse de que ya no pueden  actuar solos a nivel internacional, es una demostración, no de debilidad, sino de preservar el poder  hegemónico  del país.  Esa concepción multipolar fue la que aplicó en Libia en donde se negó a implicar a su país sin el aporte de los europeos.

           

            Muchos consideran que al no ser Obama un producto de la guerra fría, tiene más empatía con el mundo de hoy. Y tratándose de un hombre que practica el realismo, para él la diplomacia constituye una herramienta indispensable. Al estar desprovisto de medios, el uso de la inteligencia se impone. El uso de la diplomacia es indispensable, hasta agotar los mecanismos al término de los cuales, se impone la violencia. La guerra es una locura, pero  a veces es necesaria. Pero no comenzar por declarar la guerra. Es el matiz de su acción en relación a su predecesor, lo que significa  admitir un debilitamiento de la potencia americana, sino una manera de continuarla por otros medios. Prefiere la fibra realista, la diplomacia como medio que privilegia la división del adversario.

 

            Su pragmatismo de tratar las circunstancias caso por caso, quedó demostrado ante los acontecimientos de la llamada Primavera Árabe por considerar irrealista oponerse a cambios que se manifestaban como irreversible, en lugar de continuar apoyando d dictaduras, hasta entonces aliadas privilegiadas de EE.UU.; en cambio , dejó que Arabia  Saudita reprimiera las revueltas en Bahrein. Apoyó la intervención en Libia, pero con respecto al caso de Siria, guarda distancia.

 

            En cuanto a la guerra contra el terrorismo, en lugar de la guerra clásica, la substituyó por una guerra de complementariedad mediante operaciones especiales entre las fuerzas militares en conjunción con la CIA, aun ejemplo fue la muerte de Bin Laden.

 

            En cuanto el auge de la potencia cada vez más manifiesta de China, – potencia financiera hegemónica hoy mientras que EE.UU. continúa siendo la potencia militar por encima de todas-, el dilema es que China es un socio comercial y financiero. A la  mano tendida que Obama  le ofreció en el G-2 al principio, rechazada por China, la política exterior de Obama respondió trenzando alianzas militares con los vecinos de China.  Sin matices, EE.UU. tomó el partido de los países limítrofes que se quejan del poderío ofensivo chino. Los acuerdos militares con India e Indonesia, el despliegue de los marines en Australia, no presagian una voluntad de obrar por el  debilitamiento de la influencia de EE.UU.

 

            Al contrario, como hombre del Pacífico, nacido en el Pacífico (Hawaii), Obama es el primer presidente  de EE.UU. que mira más hacia el Pacífico. Será el primer presidente  post-Atlántico, según algunos analistas. Es en el Pacífico en donde  está situado su verdadero rival. De allí que  no se pierde la esperanza, de ser reelecto, que tome en cuenta los países latinoamericanos bañados por el Pacífico. Algunos se han adelantado, como México, Colombia, Perú y Chile, concluyendo el Pacto del Pacífico que ya hemos mencionado en otra oportunidad.

 

Obama, de niño, vivió y fue a la escuela primaria en Indonesia. Cuando acudió a ese país para participar en una cumbre a Asia-Este, sorprendió al vestir de indonesio. Con él, Estados Unidos se vuelca claramente hacia el Pacífico.

 

Versión editada

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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