EL PRINCÍPE ROJO

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
@manuelfsierra 

 

Esa mañana de octubre de 1991 la plaza Tiananmen luce despejada y una lluvia de pequeñas hojas se desprende de los árboles cercanos. Dos años antes el inmenso espacio construido en 1949 como símbolo de “La Nueva China”, fue escenario de una sangrienta masacre estudiantil. Minutos después, ya en los salones majestuosos de “La Casa del Pueblo” se camina por largos corredores y al final se abre una puerta. Varios ayudantes conducen a los miembros de la delegación venezolana hacia un enorme salón que guarda en sus paredes la milenaria simbología asiática. Con pasos calculados, sonriente y de sobrio vestir aparece el primer ministro Li Peng, escoltado por sus ministros. El diálogo se desarrolla en idioma chino pese a que el funcionario y su entorno manejan el inglés a la perfección. La misión de Venezuela la encabeza el Ministro de Relaciones Exteriores Armando Durán y procura un mayor acercamiento comercial. Li Peng agradece la visita y dice que su país tiene la mejor intención de mejorar y ampliar las relaciones diplomáticas y comerciales con América Latina; y ordena a sus funcionarios avanzar en negociaciones en busca de acuerdos. Luego destina unos minutos a destacar la potencialidad petrolera venezolana.

 

Xi Jinping

Durán le comenta que está próxima la elección del secretario general de las Naciones Unidas y que existe un consenso entorno a la candidatura del excanciller egipcio Butros Ghali. Hasta ese momento se desconocía el voto de China que tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. “Es un nombre propuesto por el presidente de Francia Francois Miterrand” comenta el venezolano. Li Peng sonríe malicioso: “Por Miterrand no, por Bush” y explica que el asunto no está entre las prioridades de su gobierno. La conversación se torna anecdótica y con numerosas referencias históricas. A la hora de la despedida protocolar el líder chino se distiende y le dice a Durán “trasmítale a su presidente Carlos Andrés Pérez que por él, por Venezuela y América Latina China votará por Butros Ghali.

 

De esta manera el llamado arquitecto de los Acuerdos de Camp David de 1978 para la paz del Medio Oriente aseguró la secretaría general del organismo. China se asomaba en ese tiempo a una vigorosa expansión económica y cobraban fuerza las reformas de Deng Xiaoping iniciadas en 1978, si bien los sucesos de Tiananmen reflejaban la brutalidad represiva del viejo comunismo de Mao Tse-tung.

 

Veintiún años después de aquel encuentro, la presencia de China en el mundo se expande de modo acelerado. No sólo es la segunda economía del planeta sino la que ha gozado hasta ahora de mayor vitalidad para afrontar los sobresaltos provocados por la crisis norteamericana y europea. América Latina y África conocen hoy su activa y creciente presencia comercial. No obstante, el régimen de Beijing sigue siendo un modelo asfixiante de las libertades y violador de los derechos humanos y los esfuerzos por aperturas políticas han resultado insuficientes. Su estrategia capitalista ha generado en cambio una capa de  privilegiados multimillonarios y facilitado una corrupción sin límites.  Y pese a los avances en la lucha contra la pobreza éstos no han sido eficaces todavía para aminorar las desigualdades sociales.

 

Esta semana en el “Gran Palacio del Pueblo”  se reunió el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino. Dos mil delegados escogieron al nuevo Comité Central, el Comité Permanente y el Politburó del único partido que existe en esa nación. La reciente caída en desgracia de Bo Xilai ex ministro de comercio acusado de abuso de poder y corrupción así como de una condena a muerte contra su esposa, enturbió el ambiente conventual del cónclave. En el seno del PCCh conviven varias corrientes que si bien mantienen diferencias de óptica sobre algunas materias, de ningún modo son antagónicas. En términos ideológicos los analistas suelen hablar de Liberales Conservadores y Social Reformistas. Los primeros apoyan la liberación económica, pero rechazan cualquier reforma política; y los Social Reformistas cuyo mayor referente es el actual presidente Hu Jintao, se inclinan por dotar la apertura de mayor contenido social y avanzar en el reformismo político. 

 

Desde el jueves 15 y como resultado de la votación del Congreso, el nuevo líder de China es Xi Jinping  perteneciente a la quinta generación de líderes desde 1949. Su padre fue un héroe revolucionario al lado de Mao Tse-tung y como todos ellos fue víctima de la “purga” de la “revolución cultural” de los años sesenta.  Regresa al poder con Deng Xiaoping y se convierte en uno de los artífices de la economía de mercado. Xi pertenece a los llamados “príncipes” y ha ocupado cargos de alta responsabilidad en el liderazgo civil y militar. Le ha correspondido manejar las relaciones con Venezuela y estrechar, según comentan ambos, una buena amistad con Hugo Chávez. En abril del 2009 el gobernante venezolano se reunió en Beijing con el entonces vicepresidente y éste le abrió las puertas de la escuela de dirigentes de su partido para formar e ideologizar a militantes del PSUV. En aquella oportunidad se llamaron “amigos”, se tomaron fotos y rieron jocosamente. “Dios puso el petróleo que China necesita los próximos 200 años en Venezuela” dijo Chávez entre aplausos de la dirigencia.

 

Una nota del diario El Universal recuerda que ese mismo año Xi Jinping inauguró en Caracas un foro empresarial binacional durante el cual se firmaron millonarios contratos entre ambos países que lograron que en 2011 el intercambio comercial cerrara en 18 mil millones de dólares. En esa oportunidad también se suscribieron documentos para el préstamo chino que elevó a 8 mil millones de dólares la deuda venezolana con uno de los fondos que se mantiene con esa nación. Según la crónica luego de aquella rúbrica el dirigente comunista exclamó: “el pueblo de Venezuela es un buen amigo”.

 

El nuevo secretario general del PCCh es ingeniero químico con un doctorado en teoría marxista ambos títulos obtenidos en la Universidad de Quinghua, Beijing y reemplazará como presidente de China a Hu Jintao en la reunión de la Asamblea Popular Nacional en marzo del 2013. El príncipe rojo (“taizandang” en mandarín) asumirá la enorme responsabilidad de conducir una nación de creciente influencia en el mundo de hoy y seguramente en el futuro. Hace muchos años Nehru, el primer ministro de la india advertía: “cuando China crece se hace imperialista”. 

 

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