EL FIN DE LAS GOBERNACIONES

HENRIQUE SALAS RÖMER – 

El sistema venía haciendo aguas, las finanzas estaban agotadas, y el poder central había perdido toda capacidad para hacer frente a las demandas y exigencias de la creciente población y del aparato productivo.

El prestigio de los consejos municipales estaba en el suelo. Elegidos los concejales, el Presidente del cuerpo edilicio era designado a dedo por la cúpula partidista en la Capital. Los gobernadores, a su vez, eran designados por el Presidente, y la mitad de su presupuesto era administrado desde la capital.

 

 

En medio del caos reinante, las cámaras de comercio comenzaban a reclamar la descentralización y el voto directo y uninominal mientras en la práctica asumían por inercia el liderazgo en sus respectivos municipios.  El sector industrial, a su vez, reclamaba a viva voz la modernización del transporte y las comunicaciones. Mientras el mundo ingresaba en la Era de la globalización, en Venezuela había que esperar minutos para lograr el tono de discar. Y en ningún lugar del mundo había mayor demora de los barcos en la rada o pillaje de la mercancía descargada que en los puertos venezolanos. Como consecuencia, los importadores pagaban los fletes más elevados y las primas de seguro más onerosas. 

Fue en ese escenario que CAP propuso, a contramarcha del sentimiento de las élites, la elección directa de gobernadores y alcaldes, iniciativa que, luego del Caracazo, se hizo realidad, agregando el Congreso la transferencia de competencias del poder central a las regiones.

Yo era diputado entonces y mientras participaba en el debate que dio como fruto a aquellas leyes, jamás supuse que la Providencia Divina me depararía la suerte de ser protagonista de un proceso que, desde la sociedad civil, por muchos años había prohijado.

En 1992 se produjeron dos asonadas militares, ambas dirigidas a frenar el refrescamiento de la democracia que venía produciéndose con la elección directa de gobernadores y alcaldes. De hecho, la intentona del 27 de noviembre, ocurrió una semana antes de los comicios en los que nuestro primer mandato sería renovado. Es cierto que Hugo Chávez, con su “por ahora”, despertó sentimientos recónditos en la población, pero no lo es menos que, como reacción a estos hechos, el pueblo democrático reeligió a todos los gobernadores y a la mayoría de éstos con porcentajes que oscilaron entre el 60 y 75% de la voluntad popular.

Salvada la democracia, comenzaron a aflorar empero, en el seno de los principales partidos y en grupos de interés político y económico afectados por la descentralización, marcadas resistencias al proceso y un año más tarde, bajo la conducción de Luis Alfaro Ucero, el país político sigilosamente defenestró a Carlos Andrés Pérez, haciendo realidad el sueño que a Hugo Chávez se le había escapado.

Hoy, el mismo Chávez, confronta un dilema similar. El país está quebrado, la infraestructura física y los servicios básicos están haciendo aguas. Solo que, contrario a Pérez, quien para superar la crisis, movió al país hacia estadios más modernos de conducción, el Presidente intenta eliminar, con su estado comunal, las gobernaciones electas por voluntad popular.  Jamás lo logrará.

Cuanto me recuerda su actitud ante la crisis a la de aquel ocurrente personaje de nuestra adolescencia, al inefable Fritz, quien al enterarse por Franz de que en el sofá de su casa, su esposa le estaba siendo infiel, decidió vender el sofá.

 

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Un Comentario;

  1. Agdel José said:

    Excelente redacción, y lleva un auténtico mensaje. No obstante, traslada la resolución del problema al extremo de una crisis económica cuando CH ha practicado la figura del endeudamiento en todas las formas posibles, y le viene enfatizado al mundo que posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Lo cual quiere decir, que aún puede seguir pidiendo prestado con este aval petrolero, por supuesto, con la tolerancia del pueblo q no lo apoya y los vítores y aplausos de sus seguidores.

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