TODO ARTE ES POLITICO

Daniel Lansberg Rodríguez

 

Daniel Lansberg Rodríguez
@Dlansberg 

 

El martes pasado, durante el programa La Hojilla, transmitido por Venezolana de Televisión, Mario Silva, denunció que los caricaturistas venezolanos no estaban haciendo arte sino política, y que eso le “faltaba respeto al pueblo”.

 

“Toda verdad pasa por tres etapas” Arturo Schopenhauer

La presunción de que el arte y la política constituyen dos campos diferentes, fácilmente discernibles y divisibles, es errónea. Es más, el argumento evidencia un profundo desconocimiento tanto en política como en arte.

 

El gran filósofo alemán Arturo Schopenhauer decía: “toda verdad pasa por tres etapas. Primero, se ridiculiza. Segundo, genera una oposición violenta. Tercero, resulta aceptada como evidente”.

 

Es durante la primera etapa, el período de ridiculización, que el arte libre resulta más vital. A través de su representación subjetiva de una realidad dada, en un momento dado, el arte capta y sintetiza un entorno social infinitamente complejo y lo reduce a su más básica esencia. A diferencia de los científicos, los artistas no tienen que respaldar su perspectiva con evidencia objetiva. Como un barómetro social, los artistas con frecuencia identifican las tendencias y cambios sociales cuando aún están en estado primitivo -a veces años o décadas antes de que puedan otros oficios, limitados por el rigor del método científico.

 

Tomemos, por ejemplo, la idea del relativismo. Aunque los antecedentes filosóficos de este concepto han existido en el mundo occidental desde la época de los sofistas griegos, cada idea requiere su momento para prosperar. No fue hasta la década de los 1860s, que los impresionistas europeos comenzaron a explorar cómo nuestra percepción subjetiva determina nuestra lectura de la realidad (la cual, a su vez, determina nuestra acciones…)

 

Años más tarde científicos sociales, explorarían cómo nuestra percepción subjetiva resulta de factores ajenos a nuestro control y marca nuestra relación con el entorno económico, político y social. Marx (1870s) lo hizo “de afuera hacia adentro” identificando cómo la estructura de clase crea una “conciencia falsa…” que justifica injusticias económicas; y Freud (1890s) lo hizo “de adentro hacia afuera” identificando la manera que nuestros dramas internos limitan y parcializan nuestra interpretación de la realidad. No fue hasta las primeras décadas del siglo XX, que Albert Einstein encontró una manera de cuantificar los efectos de la relatividad de manera científica, demostrando que hasta parámetros de nuestro entorno físico tan tangibles como lo son el tiempo y la masa son relativos a la velocidad con que nosotros (observador y objeto) nos desplazamos por el universo.

 

Del mismo modo, en el ámbito político, los dibujos animados frecuentemente representan un preludio a importantes cambios políticos y sociales. Tomemos, por ejemplo, las caricaturas políticas de Benjamín Franklin en 1750 en Estados Unidos veinte años antes de su revolución contra el Reino Unido, o de E.H. Shepard en la Alemania de los 1930s, quien logró identificar con sus caricaturas el peligro presentado por el gobierno fascista años antes que los demás se dieran por enterado. Igual recuerden las reacciones populares del mundo radical islámico a las caricaturas europeas de Mohamed, o los grafitos de artistas como Banksy que igual canalizan movimientos surgentes religiosos o económicos.

 

¿Será que Guernica, el famoso cuadro de Picasso, donde figuras dibujadas de manera infantil logran capturar la violencia y la devastación de la Guerra Civil española era una caricatura política? ¿O los temas de opresión industrial captados en las obras de Diego Rivera? ¿Qué tal el motivo inequívoco de separación del hombre de Dios, en la cúpula central de la Capilla Sixtina, obra de Miguel Ángel?

 

Aunque algunas caricaturas de periódico (al igual que incontables imágenes que nos apabullan desde nuestras calles con mensajes oficialistas) pueden carecer de sutileza, y dejan poco a la interpretación, esto podría ser síntoma de los tiempos y la situación que se vive actualmente en Venezuela. Pero no lo duden amigos, todo el arte es político, y si su mensaje no se nota inmediatamente solo hay que esperar que pase un poco de tiempo para poder averiguar porqué.

 

Cualquier administración política que pueda defender sus posiciones solo con imponer el silencio, en lugar de triunfar a través de la fuerza de sus propias ideas, admite implícitamente la debilidad de esas ideas. Lo qué propone La Hojilla sería  una censura al derecho constitucional que teóricamente le pertenece a todas y todos los venezolanos ESO sí sería faltarle el respeto al pueblo.

 

 


 
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