ACOSTA PRETENDE REGRESAR

JESÚS HERAS – 

La inseguridad es una expresa política de Estado. De lo contrario ¿como entender el bochornoso grado de permisividad que reina en las cárceles del país, o, per contra, las limitaciones impuestas a la acción policial?

Veamos algunas evidencias. El armamento le es negado, escamoteado o retrasado a los cuerpos policiales. La Policía Nacional, conformada por muchachitos mal formados pero bien armados, interviene en actividades que de acuerdo a la Constitución corresponden a los estados.  Mientras los esfuerzos por depurar los cuerpos policiales son entorpecidos sistemáticamente por reglamentos que impiden la aplicación inmediata de medidas disciplinarias, la impunidad judicial ejerce su pernicioso efecto desmoralizador sobre los buenos agentes. 

Esta es sólo una faceta, la más visible. Pero la invasión premeditada a la seguridad ciudadana no tiene límites. Existe inseguridad extrema en los principales hospitales públicos del país controlados por el Poder Central. Por falta de suministros, el material quirúrgico y fármacos especiales requeridos, por ejemplo, para una intervención, con suma frecuencia deben ser adquiridos por el paciente, las más de las veces de buhoneros que deambulan frente a las puertas de los centros de salud.

La inseguridad alimentaria también reina por escasez o encarecimiento de lo que comemos, fruto de la atrofia del aparato productivo o porque las naves que traen de otros países lo que ya en Venezuela no se produce, no puede atracar a tiempo y descargar la mercancía que ansiosamente se espera.  

La inexistencia de plazas de empleo fijo, los constantes apagones, el deterioro de la vialidad que entorpece el tráfico y daña vehículos cada vez más costosos, es fruto de la corrupción y la dejadez, pero también de esa política expresa que fomenta la inseguridad y va dirigida a someter progresivamente a una sociedad, que sintiéndose, como se busca, huérfana, cautiva y al desamparo, termine, como el secuestrado, queriendo a aquel que la ha privado de su libertad.

Ese mismo sentimiento de inseguridad prevalece en el campo, en la industria y en el comercio, cuyos propietarios operan conscientes de que en cualquier momento su fundo puede ser expropiado arbitrariamente o su empresa sometida al chantaje de funcionarios públicos de cualquier rango, incluyendo el SENIAT, las Alcaldías, o simplemente el hampa que no pocas veces actúa al amparo de funcionarios policiales que tendrían que haber sido depurados a tiempo, para  evitar allí, como en otros espacios de la Administración Pública,  la metástasis de la corrupción que poco a poco se va adueñando de todos los resquicios de una sociedad. 

Agreguémosle a esta indigesta Olla Podrida, la presencia de gobernantes impuestos para servirse y no para servir. Con Luis Felipe Acosta Carlez, Carabobo pudo palpar de cerca las consecuencias de la política que venimos describiendo. 

También conoció como opera el reparto del botín. Ahora, a través de su pupilo, el mismo Acosta, pretende regresar.

 
Jesús HerasNo photo

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3 Comentarios

  1. Fernando Carmona said:

    Jajajajaja!! Como le temen al Gral. Acosta Carlez que acabo con la inseguridad con la GN y construyo 35.000 Viviendas en el estado.
    “ACOSTA CARLEZ ERUCTALES OTRA VEZ”

  2. Eduardo Barrios said:

    Jajaja Sí, el acabó con la inseguridad! Pero la de la famila de sus socios Makled y la su propia familia!

  3. María Barberá said:

    ¡Qué saga la de Carlez!, orgullo sólo del lote de insurrectos, desubicados y sociopatas de Venezuela. Una vergüenza nacional de las FAN. Y los que lo apoyan, seguro han de estar a su altura, que es poca o nada.

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