LA AMENAZA DE LAS COMUNAS

Saúl Godoy Gómez

 

Saúl Godoy Gómez
saulgodoy@gmail.com 

 

Ya en anteriores artículos hemos comentado la fragilidad histórica de las comunas. En París, Berckley, en China o Camboya, esta experiencia de organización social siempre ha resultado en experimentos fallidos que muy difícilmente sobreviven a sus fundadores. Las comunas solo son estructuras funcionales en casos de guerra y/o extrema violencia, o bajo voluntades carismáticas y utópicas que constantemente deben estar disciplinando a sus integrantes.

 

Un elemento en común en toda comuna es la permanente amenaza al individuo por parte del colectivo, en expulsarlo o eliminarlo por el bien de la misma.

 

La comuna se separa de la tribu por un estrecho margen de retórica comunista; por lo menos en la tribu existe el vínculo de sangre que une a sus miembros, en la comuna el vínculo es apenas una idea que hay que estar recordándola diariamente, pues resulta chocante y obvio que los jefes de las comunas son “más iguales” que los demás, en términos de poder y privilegios, y aunque se predique la igualdad y se la pasen discutiendo por horas en asambleas para tomar las decisiones, prevalece la voluntad de los jefes.

 

Pero la comuna tal como la entiende el presidente Chávez es mucho más propensa a la entropía, debido a que la entiende como parte de una organización política que debe someterse al poder central.

 

Las comunas chavistas dependen presupuestariamente del partido político en el gobierno, reciben línea de “outsiders”, los jefes de las comunas son, prácticamente, funcionarios del Gobierno, nombrados y removidos a conveniencia de otros fuera de la comunidad, fueron creadas dentro de un proceso que las necesita como instancias burocráticas, son parte de un proceso de destrucción y sustitución de gobernaciones y alcaldías.

 

Las comunas chavistas no son la profundización de la democracia, tal como ellos alegan; al contrario, son formas de dominio e intervención fascista, disfrazada de una supuesta participación comunitaria en asuntos en los cuales son absolutamente incompetentes, bien sea en la prestación de servicios públicos como la función policial, en la construcción de obras como es el caso de construir y mantener vías, en la elaboración de censos y catastros. Nadie, en su sano juicio, permitiría la participación de líderes comunitarios en un quirófano donde se practica una operación a corazón abierto, pero sí se está permitiendo que intervengan y opinen sobre asuntos que conciernen a la educación de los niños y jóvenes de la comunidad, actividades ambas sumamente delicadas y que requieren de especialistas; no en vano la experiencia venezolana con las comunas ha sido la de fracaso tras fracaso, gente ignorante y voluntariosa tratando de hacerse cargo de empresas productivas, de servicios tan complejos como el alumbrado público, de administrar centros de salud.

 

En realidad, se trata simplemente de un cambio de nombre, en vez de llamarse “casa del partido del PSUV” ahora se llamarán comunas; es obvio que sus miembros, en una buena medida, son miembros políticos del PSUV, y que si la comuna no es roja rojita, la comuna no es reconocida como tal.

 

También estamos observando que obligan a las comunidades a tramitar sus reclamos y necesidades por medio de las comunas, la administración pública está discriminando de manera abierta a los ciudadanos que no pertenecen a una comuna, negándoles la atención que merecen según la Constitución y las leyes de la República.

 

Todo ese discurso socialista utópico, toda esa filosofía barata sobre el cristianismo primitivo, la prédica de solidaridad, amor e independencia es pura “pajita loca”, la verdad verdadera es que Chávez teme perder alcaldías y gobernaciones, debido al pobre desempeño de sus segundones, que no hicieron otra cosa que saquear los dineros públicos, y ahora, ante la amenaza de una oposición más organizada, con candidatos que surgieron de las mismas comunidades, con el convencimiento inquebrantable de no dejar perder la democracia, intenta ahora patear el tablero, desconocer la voluntad popular, violar la Constitución e imponer a la fuerza esa entelequia que él llama las comunas, por encima de la organización político-territorial que nos viene por tradición, la de los estados con sus gobernadores y los municipios con sus alcaldes. Al final, lo que Chávez quiere es acabar con la descentralización, y que las regiones jamás tengan la oportunidad de valerse por si mismas.

 

Su sed de poder es infinita, a pesar de que sus días en la tierra están contados.

 

 

 

 

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