PROCESOS

Américo Martin

Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

 

I

 

       Escoger palabras o redactar textos que parezcan decir mucho y en realidad no digan nada puede ser un arte y no de los menos refinados. No estoy pensando en don Mario Moreno, genial cómico que construyó el trabucado Cantinflas quien se defendía tratando de decir cosas diciendo otras. Hablo de la inclinación del presidente, rápidamente coreado por sus leales, a inventar términos sonoros con sentidos vagos. El sistema que nos tiene viviendo en el filo de la navaja es un arte, créanme: el arte de hacer pasar la nada por el todo, el humo por el fuego, el adorno por la sustancia, la belleza por el maquillaje.

       Es un hábito que sólo sirve al propósito de calmar a los desconcertados militantes con fórmulas a las que puedan asirse abrumados como se encuentran por las imparables fallas de las políticas revolucionarias y el impacto que tienen en la credibilidad de la gente. La palabra “proceso” es una; “constituyente”, otra. “Proceso constituyente”, el sumun.

       Venezuela es el país de las protestas en comparación con el Hemisferio, las tres Américas, que ya es decir. La frase es de la periodista egresada de la UCAB, Patty Fuentes Gimón, quien ha adquirido un rápido prestigio profesional por sus reportajes sobre cuestiones sociales. Patty escribe con sólido fundamento empírico, sin endulzar lo que considera inaceptable:

       “Venezuela es el país donde se registran más protestas. Nada más durante enero de 2011 el Observatorio de Conflictividad Social del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) se contabilizó un incremento del 14% respecto al mismo mes de 2010”

       Ese atemorizante fenómeno se ha incrementado prodigiosamente hasta el cierre de 2012, que, como saben hasta las piedras, será el escenario de las próximas elecciones de gobernadores y concejales legislativos.

 

II

 

       Lo peligroso es que el deterioro está mordiendo en la propia base y dirección media del bloque político oficial, lo que amenaza con un resultado electoral adverso al presidente y a sus precarios candidatos. Ya el año pasado Andrés Rengel, secretario general de Venalum reflejaba el drama de los líderes obreros en trance de deslindarse del régimen:

       “Yo soy chavista, pero lo que no puedo hacer y nunca lo haría es entregar mis reivindicaciones. No puedo. Mi contrato colectivo no lo puede desmejorar ningún patrón, así sea el poder del estado”

       Que el presidente, no sin pesadas sospechas y violentando reglas haya retenido el poder en 2007, no predice en forma alguna que el 16 D vaya a salir bien librado. Sobre todo porque se encuentra envuelto en una peligrosa contradicción. No quiere que su fuerza se disgregue por las incontenibles contradicciones que la sacuden y para evitarlo acentúa el agobiante centralismo; pero tampoco desea perder nuevas gobernaciones, de cara a los enormes retos que le esperan en 2013. Es una contradicción sin salida. O cierra el puño o lo abre. No la tiene fácil. ¿Cómo podría escaparse de semejante dilema? El instinto de pugilista –que lo lleva  bien- lo induce a ofrecer sin cumplir o a valerse de su habilidad de prestidigitador retórico. Crear una “causa” que agrupe a sus seguidores y simultáneamente refuerce el deteriorado espejismo colectivo.

 

III

 

Ninguna causa más oportuna y de mayor resonancia revolucionaria que el “proceso constituyente”, adornado con un Estado Comunal al que nadie elige, pero que destruye sin crear nada, como lo evidencian todas las experiencias conocidas en el universo; experiencias de degradación en la más inaudita corrupción y en una desigualdad mucho más honda que la recibida.

Anunciando con timbales el pomposo proceso de estólida justicia se le podrá decir a los atribulados militantes que, ciertamente, se cometen errores pero es porque se busca un gran e inédito objetivo que exige enormes sacrificios. Las grandes causas pasan por riesgos que deben asumirse en silencio para no dar armas al enemigo.  Sufran sin quejarse, camaradas. ¡En pie famélica legión que ésta es la Internacional!

Lo que está pidiendo el presidente es pelar una cebolla. Se quitan hojas para llegar al carozo y resulta que no lo tiene, son sólo hojas.

¿Cómo hablar de “constituyente” encerrándose herméticamente en ideas puramente socialistas? Quedaría reducida a una minoría, máxime si la limitamos al “socialismo a la Chávez”: minoría de una minoría, sombra de una sombra. Lo que en realidad se necesita es construir una sociedad sobre la base de lo que hay, no únicamente con mis amigos y adherentes. Y lo que hay en Venezuela, como en el resto del mundo, es un compendio pluralista de las corrientes del pensamiento universal. Constituyente de socialistas-versión Chávez es francamente irrisorio. Para que no se trate de  “des-constituyente” disfrazada de “constituyente” debería integrar, no excluir ni imponer una sola forma de pensamiento como el de la hojarasca agitada por el presidente.

Ciertamente hace falta un proceso constituyente después de esta era de confusión y tergiversaciones. El más avanzado posible es el que transcurra con participación masiva y sin exclusiones. Un  torrente de ideas plurales para edificar un nuevo modelo de país democrático, equilibrado, justo, pendiente del ser humano y consciente de que la economía debe ser productiva para derramar sus frutos a todos los estamentos sociales. Un país que entre en desarrollo, única manera de elevar drásticamente la calidad de vida sin tensiones inflacionarias. Un rechazo a la animalización de la gente, masa anodina y silenciosa al servicio de un omnisciente caudillo cuyos caprichos deben ser inmediatamente colmados.

Un país digno, democrático, libre y próspero o un país sumiso, silencioso y despojado hasta del supremo derecho de quejarse.

Son dos maneras de imaginar un “proceso constituyente” ¡Pero qué diferentes señores!

 
Etiquetas

Artículos relacionados

Top