UNA ROSITA PARA PODEMOS

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

 

El partido (sic) “Podemos” quiere convertir a la vedette Rosita en la Rigoberta Menchú venezolana, algo que no se le hubiera ocurrido ni al mismísimo Osmel Sousa. Probablemente, la idea surgió hace tiempo en un zapping en el que algún dirigente prefirió quedarse viendo las peripecias de la actriz en minifalda sobre una escalerita, que alguna monserga de la líder indígena, con sobrepeso y en batola. Lo cierto es que ahora Rosita es la secretaria de Derechos Humanos de la facción aragüeña. “No tiene talento pero es muy buenamoza”.

 

Olvídense de Liliana Ortega, Carlos Ayala, Alfredo Romero o Héctor Faúndez. Olvídense de Provea, el Observatorio Venezolano de Prisiones o el Foro Penal. Según “Podemos”, la verdadera paladín de la justicia es, nada más y nada menos, Rosita, de quien se alega hacía de stripper en la cárcel de Tocorón y, presuntamente, es cómplice en la fuga de un Pran (condenado por homicidios y secuestros entre otras bagatelas). Indudablemente, les gustó su currículum y sacaron de debajo de la manga o de la falda, quién sabe un cargo para la hasta ese momento desempleada mujer y ahora bomba sexy de los derechos humanos. “¡Pero mira, mira, mira como son las cosas!”.

 

Los “podemistas” ¿cómo se le dice a ese hatajo  de menesterosos de la política?  Cansados de la sobriedad de quienes han pasado décadas defendiendo y estudiando el ámbito más fundamental del derecho, decidieron crearle un traje hecho a la medida a la popular Rosita, por eso no se preocuparon de tapar nada. Con la falta de pudor propia de la pornografía política que han protagonizado desde hace años, entronizaron a la reina del picón como la encargada de opinar y argumentar sobre los abusos sufridos por la juez Afiuni, el comisario Simonovis y muchos otros, cuyas razones a pesar de ser legítimas, no artificiales como las de la novel defensora no son tan atractivas. “Tiene buen cuerpo, razón poderosa” .

 

Poco se ha oído hablar a la actriz. Más allá de las frasecitas creadas para complacer al “portu” de su sketch y una declaración a favor de Chávez, no se conoce nada de su filosofía sobre la dignidad humana y sus implicaciones para la democracia y el Estado de Derecho. Se sabe, sin embargo, que ha escrito hasta 140 caracteres en Twitter y, según la prensa, declaró que no le habían secado el pelo en la cárcel ni había actuado en parodia alguna junto a las otras condenadas mientras estuvo tras las rejas. La parodia se la dejó a uno de los bisoños de Didalco Bolívar, cuyo máximo acto de interés por los derechos humanos fue sacar cargada a la imputada entre risas y deseos mal disimulados. “Muy poderosa en televisión, tiene un trasero que causa sensación”.

 

“Al ejecutivo de arte dramático lo embrujó”. Que cautiven a alguien en un canal de TV es más o menos inocuo, aunque impropio, como lo hizo saber el gran Willie Colón con su “talento en TV” aquí citado. Pero que quienes se atribuyen ser políticos, socialistas escrupulosos, chavistas subsidiados, se hayan inventado la jugada de meter las protuberancias de Rosita entre las filas de los defensores de derechos humanos es la prueba patente de lo insignificante que para ellos es esa área. Los DDHH son una invención no sólo accesoria sino digna de burla; un adorno prescindible, como una tanga.

 

“No tienen talento pero echan pa’lante”. ¿Por qué al necio que cargó a la conejita jamás se le ocurrió levantar, en peso, a Rigoberta Menchú? ¿Sabe quién es Aung San Suu Kyi y los maltratos de que ha sido víctima por su defensa de los DDHH en Birmania? ¿Hubo alguno de ellos que levantara la voz ante la actuación impune de los grupos exterminio o los presos políticos? Nada de eso importa, salen pa’lante a rescatar a una presunta implicada en un delito que de repente manifestó su fe en Chávez. Eso fue suficiente. Rosita apela al mandón para salvarse, “Podemos” la rescata para congraciarse, un pobre diablo la carga para aprovecharse y todos ven hasta dónde pueden meter mano. Eso es “Podemos”, eso es el chavismo: un monumento al oportunismo inescrupuloso e  insolente; un carnaval de frivolidad, descaro e impunidad. La maquinaria converge en su paradójico fin: la coyuntura, la oportunidad. El partido es un artefacto para el placer, no un medio para servir. El partido es el chance.

 

Ya lo dijo Chávez creyendo que citaba a un filósofo cuando es sólo un cliché de Broadway, “el show debe continuar”. Esto no es un show, es una tragedia griega.

 

 

 

 

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