El Alquimista que no está aquí

JESÚS HERAS – 

 

El mundo de Chávez, ese mundo que hemos conocido a través de sus prolongados discursos, no es muy distinto al mundo celestial. Allí aparecen en permanente conflicto las fuerzas del Bien y las fuerzas del Mal, y allí también está presente siempre, blandiendo su espada justiciera, él mismo, Hugo Chávez, suerte de San Miguel Arcángel, defendiendo a un pueblo que, transformado por dotes de alquimista en el Reino de Dios, debe ser protegido de los embates del Imperio y las argucias de la Oligarquía, figuras alegóricas de Satanás.

Solo que el pueblo que en su imaginación observa, no es realmente el pueblo, pueblo, sino aquellos que están de su lado o, en un sentido igualmente alegórico, del lado de la Revolución, sin importar su procedencia, su posición política, económica o social. Tanto así, que el Imperio Chino, Rusia e Irán, al igual que aquellos que se han enriquecido vilmente a su lado, armados de arpa, cuatro y maraca, se unen en su mente a un imaginario Juan Bimba, mientras todos los que disienten, ocupan el lugar del malévolo dueño de la Oscuridad

Claro, se trata de un sainete. Un sainete que nada vale sin su protagonista, sin su actor principal, sin el mismo Hugo Chávez, cuya indiscutible capacidad histriónica, sumada a una abundante arca, le han servido para embelesar tanto a avaros como a desposeídos. De allí el drama que hoy viven los candidatos que, a su amparo, decidieron aspirar a alguna gobernación… cuando por graves trastornos relacionados con su enfermedad, el Presidente se ha marchado, y cada quien deberá defenderse sin su aliento o su presencia activa.

Un caso patético derivado del drama que he descrito se vivió esta semana en Carabobo. El candidato “oficialista”, fruto de la cuota militar impuesta al disminuido Comandante, compañero de aulas por demás y pupilo del inefable General Luis Felipe Acosta Carlez, se atrevió por vez primera a abrir la boca, cosa novedosa, al anunciar que su lucha es “contra la Oligarquía”, mientras, a falta de un ángel mentor, se traía a la carrera a un analista político, disfrazado de encuestador y transformado por otro tipo de magia en payaso de circo, para que proclamara a los cuatro vientos, que ya no son 7 puntos, como él mismo había anunciado días antes, sino que la ventaja de su candidato (sí, él mismo candidato que de pronto ha emprendido la lucha contra la oligarquía), había aumentado -acá también la magia vale- a 16 por ciento. Siendo que su candidato no habla y, más allá de la foto colgada en cada poste, es muy poco conocido, el anuncio a nadie convenció.

Hombre acostumbrado a la comodidad de la hamaca, a la partida de dominó y a la siesta a medio día, el mundo de Chávez definitivamente no es el mundo de Ameliach. Y para colmo de males, Acosta Carlez sigue a su lado, y el alquimista no está aquí.

 
Jesús HerasNo photo

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