Las arrugas del vestido

Fernando Sánchez Arias
@fsanchezarias

 

Las más hermosas y nutritivas relaciones son las que trascienden porque se cuidan

 

“La gente realmente leal es la que sin importar las arrugas que ahora ve, sigue valorando el vestido por lo que una vez fue.”
– Takumi

 

Mucho se dice de que el enamoramiento bioquímico dura un promedio de dos años y que a partir de allí la decisión de permanecer al lado de otra persona es una decisión de amor. Esta mirada, fruto de serios y repetidos estudios científicos en psicología, antropología y sociología, nos permite ver cómo las relaciones de amigos, socios y aliados permanecen solo cuando uno es capaz de ir por encima de las arrugas que, metafóricamente hablando, se comienzan a ver en el otro a medida que lo va conociendo más profundamente, gracias al roce de la rutina y de la proximidad que trae el hacer cosas juntos con más frecuencia.

En esta realidad es muy importante que los acuerdos a los que se llegan al iniciar la relación se vayan cumpliendo, sin importar que el vestido vaya envejeciendo y se vayan viendo arrugas, pues de lo contrario la legitimidad de la relación se va perdiendo y con ella la oportunidad de sostenerla en el tiempo.

Cuando empezamos a cambiar quien somos y como actuamos, excusándonos con la máxima de que “las cosas cambian” o es “que yo no sabía que esto iba a ser así” y dejamos de cumplir lo prometido o de hacer lo que solíamos hacer con y para la otra persona, irrespetamos al otro y atentamos contra la relación. Por supuesto que las realidades pueden cambiar, pero a menos que se revisen los acuerdos y la otra persona acceda a modificarlos, lo que se haya prometido y ofrecido deberá cumplirse, so pena de asumir las consecuencias de una ruptura, sea esta intencional o incidental.

Las más hermosas y nutritivas relaciones son las que trascienden porque se cuidan, haciendo caso omiso de las arrugas, que al surgir, en vez de alejarnos de cumplir lo ofrecido, nos motivan más a hacerlo.

 

 
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