Las guerras floridas

Peter K. Albers

PETER ALBERS
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

 

Los sacerdotes de los reinos de las distintas regiones de México utilizaban para sus sacrificios rituales, además de las jóvenes vírgenes seleccionadas de entre su propio pueblo, a prisioneros de guerra de los reinos enemigos. Era la mejor ofrenda que se le podía hacer a sus dioses, quienes se complacían con la sangre derramada y la carne ofrecida para su alimento y satisfacción. Y para los prisioneros de guerra era la mejor y más honrosa muerte: Ser inmolados para complacencia de dioses que les eran comunes a todas las regiones, y por lo tanto ganar así el paraíso de los guerreros.

Pero no siempre había prisioneros que sacrificar. Hacía tiempo que no habían guerras entre reinos, no se habían capturado prisioneros, no había qué ofrecerles a los dioses para saciar su apetito y lograr sus favores, garantizándose así abundantes cosechas. Era necesario reponer el inventario de prisioneros para la próxima ceremonia ritual, no bastaba la ofrenda de jóvenes vírgenes.

Pero los sacerdotes tenían la solución: la “Guerra Florida” donde los orgullosos guerreros marcharían a los combates para no morir en ellos, sino para ser capturados y morir días o semanas después, abierto su pecho por el cuchillo de obsidiana y extraído su corazón todavía latente. Marchaban alegres a la “Guerra Florida”, pues su muerte sería honrosa, en el altar de los sacrificios.

Algunos venezolanos han venido siendo como esos guerreros aztecas: alegremente han marchado a esas “guerras floridas” que organiza el CNE cada vez que se le antoja al reyezuelo de Miraflores, participando en esas batallas donde saben que serán capturados vivos para seguir participando en un largo y solapado sacrificio que los llevará a un paraíso inexistente: el paraíso comunista. Morirán engañados, tal vez víctimas de delincuentes, como muchos.

Los demás acudimos igualmente a esas “guerras floridas”, amañadas por árbitros comprometidos con el reyezuelo y siempre atentos a sus caprichos para salir corriendo a satisfacerlos. Nuestra esperanza es siempre lograr una ventaja tal que no pueda ser revertida con las triquiñuelas del mandamás y sus cómplices. Y esa debe ser nuestra actitud, con terquedad y fe inquebrantables, Otra cosa sería claudicar y enfrentar a nuestra propia conciencia que, como ya una vez, nos reclamará el haber caído en una trampa más de las que suelen usar los que pretenden, desde el poder y disfrazados de demócratas, acabar con la libertad y la democracia.

No es hora de inventos. Alegar cansancio o hastío por la permanencia prolongada de un gobernante es inválido cuando abogamos por la salida de otro, precisamente con el mismo argumento. De lo que se trata es de luchar por lo que creemos. Se trata de insistir en la reconstitución de nuestro sistema democrático participativo de verdad y no sesgado; se trata de defender el derecho de cada quien a dar a sus hijos la educación que considere conveniente; se trata de preocuparnos por la calidad de los descendientes que le dejaremos al país, y no tanto del país que le dejaremos a nuestros descendientes.

“No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio”. Ayn Rand.

 

 

 

 

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