Realismo grotesco

Ruth Capriles

Ruth Capriles

 

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com

 

Ahí queda para la historia la mayor refutación del comunismo. ¿Y Venezuela?

 

El grito victorioso de una revolución fallida; la afirmación de una patria vendida y un pueblo envilecido; el beso fervoroso a un Cristo enmudecido dentro de un chaleco antibalas; el ruego por el milagro de la vida para quien con tanta insistencia revolucionaria reclamó la muerte; el ruedo de apóstoles del mal, oportunistas enriquecidos a su vera; el regreso a la isla del súcubo. Nada mágico; grotesco.

Lástima dieron porque lástima da un país desangrado por la banal estupidez humana. Un país destruido por el delirio de uno y el resentimiento de otros. Lástima dio porque más lástima damos nosotros ante el absurdo absoluto. Quienes lo idolatraban perdieron su ídolo; quienes lo adversábamos, perdimos el poco sentido que ha tenido esta revolución innecesaria, porque cuando desaparecen los enemigos por causas naturales, la lucha se vuelve incomprensible. Al menos, cuando estaba, su locura era el foco; su carisma la idolatría de unos y la repulsión de otros.

El país entró en un extraño silencio; cuando en vilo al borde del caos, todas las expresiones parecen inadecuadas.

Él se vuelve a la isla del súcubo y nos deja sin contrición ni enmienda. Ningún remordimiento por los millones perdidos en una estafa electoral que tendrá que repetirse; ningún aprendizaje de la lección que le ha ofrecido la vida antes de morir. Simplemente regresa a la isla, que lo desangra y nos desangra; en manos de aquellos que no supieron sino obedecerlo mientras llenaban sus bolsillos.

Sí, dio lástima porque el único acto valiente de su vida fue dejarnos la tierra asolada, la patria en ruinas.

Ahí nos dejó su testamento político, la deuda y la carga; el proceso de aniquilación moral legado a testamentarios corruptos y vampiros; ahí nos dejó un pueblo miserable porque le quitó su dignidad y todos sus recursos productivos.

Ahí queda para la historia la mayor refutación del comunismo. ¿Y Venezuela? El hazmerreír de la historia. No fue un sueño; fue realismo grotesco.

 

 

 

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