El ABC de Monseñor Ovidio Pérez Morales – Arzobispo Emérito de Los Teques

Monseñor Ovidio Pérez Morales: “viene funcionando el “síndrome de Estocolmo” con Cuba”

Monseñor Ovidio Pérez Morales: “viene funcionando el “síndrome de Estocolmo” con Cuba”

Lo sucedido con la decisión del TSJ era de esperarse. Para mucha gente es algo normal que el centro de decisión política se haya trasladado a Cuba. Nunca se le presentó a Venezuela una situación tan dramática como la que vivimos hoy. Lo señala quien en su momento fuera presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Arzobispo de Maracaibo y hoy Arzobispo Emérito de Los Teques.

 

Macky Arenas

 

En el marco de la XCIX ASAMBLEA PLENARIA ORDINARIA de la Conferencia Episcopal Venezolana, realizada los primeros días del año en Caracas, tanto las palabras de apertura pronunciadas por Mons. Diego Padrón, su Presidente de la CEV, como el comunicado conjunto de los pastores de la Iglesia Católica Venezolana fueron de gran impacto por su contundencia, pertinencia y coraje. Sobre el tema conversamos con Monseñor Ovidio Pérez Morales y estas son sus reflexiones para los lectores del ABC de la Semana.

 

Sin duda que declarar “moralmente inaceptable” la manipulación de la Constitución es la condena más tajante que se ha escuchado a todo el manejo político detrás de la decisión del TSJ. ¿Cómo visualizan esta coyuntura?

 

En la raíz de todo esto está la falta de separación de poderes en este país, no sólo de hecho, sino que desde el propio TSJ se ha afirmado que armar un poder monolítico es lo deseable. Cuando se parte de esa premisa, no debe extrañar que el TSJ manifieste su total acuerdo con lo que diga el Ejecutivo. No hay equilibrio. Y ese es el verdadero problema. Aquí no hay poderes independientes y abiertos a todos los venezolanos. Así que lo sucedido con la decisión del TSJ era de esperarse y muy lamentable tanto desde el punto de vista democrático, como ético.

 

 A partir de ese momento la gente ve cerrados los caminos a cualquier desarrollo democrático y abiertos para la incertidumbre y la desestabilización. ¿Quedan alternativas, a su manera de ver?

 

La preocupación fundamental del Episcopado en torno a esta situación es la búsqueda de un acuerdo o consenso básico en el país. Eso es ineludible y la apelación y el respeto a la Constitución es la línea maestra. Hay que mover a los sectores políticos y sociales para una salida de unión, que el país no marche partido en dos. Lograr eso requiere de diálogo, encuentro, o como se le prefiera llamar. Ningún país es viable en la situación en que está Venezuela. Estamos andando sobre una sola pata. El país tiene que marchar con el conjunto de la población.

 

“Las puertas de la iglesia están abiertas para todos”

“Las puertas de la iglesia están abiertas para todos”

¿A quiénes corresponde auspiciar ese proceso?

 

A las autoridades del país, comenzando por la Presidencia de la República. Quienes tienen la responsabilidad de conducir el país no la ganaron para dedicarse a un color político, ni a una facción determinada. Están allí para responderle a la nación. La Asamblea Nacional es de y para la República, al igual que el resto de los poderes. No pueden estar al servicio de un partido. Lo grave es cuando el Estado se identifica con un gobierno, el gobierno con un partido y el partido con un  líder. Es una monopolización que polariza al país, lo enfrenta y produce resultados como la complicada situación en que nos encontramos actualmente.

 

Como el TSJ, que se adecuó sin ningún problema al objetivo oficialista…

 

Y esto no puede ser pues se pierde la estatura, el respeto, la majestad del poder y la seriedad de las instituciones, al convertirse en agencias político partidistas. Eso es muy peligroso pues en momentos críticos las instituciones deben conservar una gran altura.

 

PÉRDIDA DE SOBERANÍA

 

El diálogo se dificulta cuando el poder se ejerce, extremo sin precedentes en nuestra historia, desde otro país. Para dialogar habría que ir a Cuba…

 

Aquí ha venido funcionando el archiconocido “síndrome de Estocolmo”. Hace diez años habría causado estupor y escándalo. Ahora, para mucha gente, es algo normal  que el centro de decisión política de Venezuela se haya trasladado a otro país. Todo el mundo mira a Cuba, no sólo porque sea el lugar donde se atiende la salud el Presidente, sino porque es la sede donde se están cocinando las decisiones políticas de Venezuela. Esto es absolutamente inaceptable y constituye una pérdida de soberanía para el país. Una clara injerencia que lleva a la gente a habituarse a la pérdida de soberanía, a la no separación de poderes, a la confusión entre Estado, gobierno, partido y líder. Allí hay una lógica maléfica. Cuando la gente no encuentra respuestas se lanza a la calle por sus demandas y la reacción es la represión.

 

 Es una fábrica de temor…

 

Temor en la población, en los medios de comunicación. Estamos pasando una de las situaciones más críticas en la historia de país. Quizá nunca se le presentó a Venezuela una situación tan dramática como la que vivimos hoy. Hemos tenido, sí, abusos de poder, dictaduras, arbitrariedad; pero aquí se trata de algo inédito que no se explica sino por el proyecto de fondo que está funcionando y sobre el cual no se ha tomado suficiente conciencia. Ojalá fuera este un proyecto dictatorial, pues las dictaduras ofrecen otros espacios. Acá lo que se escenifica es el totalitarismo que busca el control político, económico y cultural de la nación. Eso es lo más grave. No es una democracia débil lo que se está fabricando, es un sistema totalitario al estilo de Cuba, de Corea del Norte, como lo hubo durante el nacionalsocialismo y luego en la URSS. Van tras el control total del individuo y de la sociedad.

 

 Preocupa que no se distinga ese como un componente fundamental de la agenda opositora y menos se haga presente en el discurso…

 

Lo advertí oportunamente y la reacción que hubo en su momento es que este tipo de temas, que tocan lo político-ideológico de fondo, la gente común no los entendía. Y yo me pregunto ¿qué creen que entiende la gente, por qué se afirma tal cosa, si es obvio que se sufre las consecuencias de un régimen que asfixia al ciudadano? Tal vez lo que no se encuentra es la manera de abordar estos temas y resulta más sencillo excusarse en la supuesta incapacidad del venezolano para discernir sobre su presente y su futuro. Los temas hay que abordarlos…

 

Como ha sido capaz de hacerlo la Iglesia  con sus advertencias y precisiones…

 

El problema es que si no se identifica claramente a quien se tiene al frente, es causa de errores que pueden ser fatales. Hay problemas que son de orden práctico, cotidiano, necesidades que están a flor de piel para la gente, seguridad, empleo, vivienda, servicios, costo de la vida. Pero hay otros, que están a la raíz de todos ellos, que hay que develar, sacarlos del fondo y presentarlos a la población y es allí donde se impone tratar estos temas, ayudar a su comprensión, no eludirlos. Es una de las razones que facilitarían que el mensaje de los dirigentes llegara a la gente. Por otra parte, el ciudadano necesita ser formado en un acervo de principios y valores que puedan dar base sólida a sus decisiones.

 

mons-ovidio-perez-morales3¿No tiene igualmente en esto una responsabilidad la Iglesia y quienes dentro de ella llevan la dirección pastoral?

 

Obviamente. Y allí viene la autocrítica. Hemos faltado en prestar esta asistencia a la población. Hace falta una interpelación para reconocer nuestras deficiencias en la preparación de la población para la vida cívica, en la formación para la convivencia social. Cuando hablo de Iglesia hablo de jerarquía, de laicado, de vida consagrada, quienes tenemos en nuestras manos un acervo de gran valor, de gran enraizamiento histórico y actualización que es la Doctrina Social de la Iglesia. Ella debe ser promovida a todo nivel y en verdad nos ha faltado mucho por hacer, pero hay que retomar todo eso como un desafío en esta hora en que el venezolano necesita orientación y respuestas. La historia de Venezuela no queda cerrada aquí, sino que se abre a un gran futuro.

 

Sin embargo, a pesar de esas carencias en el plano de la formación, existe la percepción de que el episcopado ha sido asertivo a la hora de hablar claro y acompañar al venezolano que vive circunstancias tan difíciles…

 

El tema de las posturas que asumimos es otra cosa y es bueno recordar – a pesar de que desde el gobierno se identifican como tomas de posición políticas partidistas- que la inquietud de la Iglesia es por el conjunto de la población venezolana, donde están incluidos rojos y no rojos. Nos interesa un futuro de convivencia pacífica, porque no podemos nosotros pasar este año, el que viene y los que vienen en enfrentamientos, en pugnacidad, generando cada vez más hostilidad entre unos y otros, consumiendo las energías hacia adentro e impiden que exista un desarrollo integral en el país.

 

LA GUERRA NO ES SOLUCIÓN

 

Suenan ustedes muy preocupados por los escenarios que se le plantean al país…

 

Por supuesto. Monseñor Padrón lo ha dicho claramente. Ha advertido que si no se procede con sensatez buscando acuerdos fundamentales y un diálogo civilizado, si se excluye la reconciliación entre los venezolanos, se está enviando un mensaje muy peligroso: la solución está en la guerra o la imposición sobre los demás. Si la cosa es así “apaga y vámonos” pues se le está abriendo la puerta a la voz de las armas y no a la voz de la razón.  Hacia allá apunta el enguerrillamiento verbal en esta competencia de cómo destrozar al enemigo. Por esa vía no hay futuro hacia dónde mirar. Todo carecería de sentido. Es suicida.

 

El mismo día en que se anuncia la decisión del TSJ se le abre un procedimiento sancionatorio a Globovisión. Eso no apunta precisamente hacia la creación de un clima de diálogo…

 

Ojalá recapaciten. No se puede perder la esperanza. Pero es otra evidencia de cómo lo que se busca es aniquilar al que piense diferente. Hay que renunciar a pensar y opinar, como lo ha hecho el conglomerado que sólo piensa por el cerebro de una sola persona.  Renunciar a posiciones críticas es trágico desde el punto de vista social, político, histórico. Un panorama monocromático es patético. La democracia es polifónica, multicolor, plural. El pensamiento único que se quiere imponer es sencillamente monstruoso y la historia se encarga de desnudar y derribar estos monolitos.

 

No es difícil entender, entonces, que se imponga a Globovisión un castigo por difundir el contenido de la Constitución y se obligue a no opinar sobre el tema…

 

Mire y quiero que esto se entienda, el gobierno, al proceder de esa manera contra el canal lo está haciendo lógicamente. Si usted asienta que la revolución es monocromática, de un solo color, en una sola dirección, con un solo pensamiento, pues usted tendrá que eliminar toda pluralidad de opinión. Ya un ministro de información lo dijo: “El objetivo es la hegemonía comunicacional”. Lo ocurrido al canal está en la lógica de un esquema totalitario. Lo grave es que no se perciba como lo que realmente es. Mucha gente, aún en sectores de conducción política, no se han dado cuenta o no lo han manifestado. Pero esto es lo que está en el fondo, lo que vemos son solo consecuencias. ¿Cuál es la premisa allí?: la revolución está por encima de todo, aún por sobre la Constitución, la cual queda reducida a leguleyismo, no cuenta para nada.

 

Para las personas que tienen un compromiso de fe, para quienes ustedes son guías espirituales, ¿qué deberes plantea este momento?

 

Hay que hacer algunas distinciones. La Iglesia, como comunidad de creyentes, no se identifica con ningún proyecto político-ideológico. Pueden ser muy legítimos y válidos, pero la Iglesia no tiene esa misión como institución. Sin embargo, ella está constituida casi totalmente por laicos y ellos sí están llamados a entrar en la arena política- partidista – ideológica e involucrarse, con responsabilidad en el partido o movimiento que mejor les parezca. Es allí donde el hombre y la mujer de fe, deben desempeñarse, luchar y trabajar. La jerarquía en cuanto tal no puede ni debe hacer lo que puede y debe un partido político o una organización sindical o cualquier asociación de la vida civil.

 

 Algunos quisieran impedir hasta eso a la jerarquía

 

Nos han atacado mucho por posturas como la que hemos asumido con el reciente anuncio del TSJ. Repito que nuestro propósito es que se respete la Constitución y que se hagan esfuerzos por lograr acuerdos fundamentales que permitan a este país vivir en paz. Y se olvida que la CEV ha tomado posiciones, en distintos momentos históricos y con respecto a diferentes gobiernos y  sistemas, cada vez que ha sido necesario. Ocasiona molestias a algunos gobernantes, pero hay que hacerlo. Siendo yo presidente de la CEV estuvo el presidente HCh en prisión.  Se nombró una comisión para hacer un seguimiento a las condiciones de su detención,  velar por sus derechos y resguardarle su vida. Tengo la carta donde él agradece la intervención del episcopado a favor de los presos y de él mismo. Un sector no lo vio con agrado, pero era un deber ocuparnos de ese asunto en pro de la paz y la reconciliación, de la misma manera que lo estamos haciendo ahora. Asumimos los costos, pero no podemos desentendernos cuando están en juego los derechos humanos.

 

Ya que toca el tema de los derechos humanos, ¿está la Iglesia involucrada en las gestiones por la liberación de los presos políticos?

 

Una y otra vez hemos hecho manifestaciones en ese sentido, no sólo la CVE sino yo mismo y otros obispos en particular. ¡Es que lo tenemos que hacer! Si lo hicimos en resguardo de la vida de quienes intentaron el golpe de Estado en 1992 y para facilitar decisiones que preservaran la paz en el país, ¿cómo no lo vamos  a hacer ahora?

 

 

Artículos relacionados

Top