FIN DEL CICLO

VERÓNICA PONTE-AYALA

 

Desde que el mundo es mundo, las cosas poseen por principio natural un fin. Todo se acaba. Esos patines con los que tantas calles recorriste, en algún momento su desgaste impide que sigas en ellos, o en ocasiones tus gustos por otras cosas hacen que ya no sean tan necesarios y al final no fue que se desgastaron, sino que sencillamente, decidiste no utilizarlos.

 

bombillo-rotoAquel trabajo, ¿recuerdas?, sí, sí; ese que tanto te gustaba y apasionaba, un buen día te cansó y entonces decidiste que en ese momento lo mejor era tu jubilación y dedicar el tiempo que te quedaba en casa, con tus familiares, con el conocer nuevas pasiones, otras cosas. Sin darte cuenta y en el momento en el que menos lo pensabas, resulta que sin excepción, eso; también se acaba.

 

Con tus tantas parejas que pensaste que no llegaría el día del fin, puesto que así te lo habías “impuesto” en tu cerebro, entendiste que de igual forma, sin amor no hay aguante y lo que a veces naturalmente nace, de la misma forma deja de existir. No significa que sea malo, que te equivocaste, significa todo lo contrario, que entiendes los procesos y ciclos de todo y que además con ello creces y te lleva a otro plano.

 

Ese desayuno que tomaste por la mañana ya se fue, no regresa. Aunque repitas la misma comida, jamás tendrá el mismo sabor ni gusto que el de hoy por la mañana. El ayer ya pasó y no tiene planes de regresar, lo que hiciste o dejaste de hacer, no lo podrás hacer más. Todo vence, naturalmente vence y termina.

 

Sin embargo y a pesar de todo lo dicho, existen personas que se empeñan en llevarle la contraria a las “leyes naturales”, en tener el fin tan palpable que les da miedo y se empeñan en luchar contra lo natural, convertirlo en inacabable. El error no está en la batalla, sino en lo que deja. ¿Por qué se empeñan en postergar un fin que ya llegó y en revivir un ser que (naturalmente) se acabó?

 

vpontea@gmail.com

 

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