Prisionero de sí mismo

Juan Carlos Pérez-Toribio

Juan Carlos Pérez-Toribio

Juan Carlos Pérez-Toribio 
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@pereztoribio

 

No he tenido la oportunidad de conocer al Presidente, ni antes ni después de asumir el cargo. Ni siquiera me he cruzado con él, pero lo he adversado ideológicamente desde el mismo momento que apareció en la escena nacional. Nunca pensé que fuera el hombre indicado para conducir los destinos del país y lo sigo pensando.

Muchos lo siguen viendo como un personaje trágico, rodeado de quienes se aprovechan de su inmenso poder para cometer toda clase de fechorías, quien, en una especie de manifestación del inconsciente activo de que hablan los psicólogos, abusó de sus constantes invocaciones a la muerte (“yo sólo soy una brizna en el viento”), y tal vez tengan razón.  En todo caso, es normal que en estos momentos todos sintamos una cierta empatía hacia su persona, y que se despierte en nosotros ese sentimiento producto de los comunes sinsabores que experimentamos todos los seres humanos.

304 cHAVEZ ENFERMO 2Como Savater, pienso que nuestra tarea consiste en aceptar o combatir ideas y no personas particulares, un principio que este gobierno haría bien en aplicar. De ahí que en este mismo espacio haya hablado de la soledad que deben sentir los poderosos en general,  porque supongo que terminan desconfiando de todos sus colaboradores y, lo que podría ser todavía más grave, imposibilitados para transmitir sus verdaderos sentimientos a quienes los rodean. Me he referido también a Hobbes y, siempre de forma general, al temor que impulsa la búsqueda del poder como un medio seguro para evitar la agresión de los otros. En una oportunidad, sin embargo, fui un poco más allá al ver cómo se destruían ciertas propiedades, se perseguía a algunos ciudadanos y se deshacían vidas y familias, y no dejé de citar la carta que el dramaturgo español Fernando Arrabal envió a Franco años antes de su desaparición, aquella en la que plasmó la célebre frase de que “sólo un ser que tanto sufre puede imponer tanto dolor en torno suyo”.

Y es que así como tengo la convicción de que la mayoría de los colaboradores del Presidente sólo los mueve el interés crematístico, del mismo modo estoy persuadido  de que el Presidente cree firmemente que el modelo que ha tratado de imponer al país le traerá algún día “la mayor felicidad posible a los venezolanos”; y que, en tal sentido, y  a partir de que asumió definitivamente el marxismo y abandonó el famoso árbol de las tres raíces, ha hecho con el país y consigo mismo lo que el personaje del cuento de Giovanni Papini El prisionero de sí mismo: encerrarse y entregar la llave.

Si hay algo que ha atentado en contra de la felicidad personal del mismo Presidente es con toda seguridad su propia posición política,  pues si existe algo que nos ata y sujeta es, como sostenía Althusser, la ideología. Esa interpretación que hacemos de los acontecimientos y que nos permite ver el mundo de forma coherente, a la vez que  nos vuelve sujetos nos ata a una forma de pensar determinada (de ahí que Hume llegara a decir que era una contradicción de términos sostener que existían filósofos militantes de ciertos partidos). Sin embargo, entre estas formas de pensar que profesamos todos de alguna u otra forma, y que queremos que la ciudadanía entera las acepte por creerlas las más convenientes, existen unas que se basan en el diálogo y la conciliación; pero el Presidente, como alguno de sus allegados, se ha terminado decantado por una que supone la conquista y el mantenimiento del poder para imponer el tipo de sociedad que se quiere, a cualquier precio y mediante cualquier  método. 

Por supuesto, los que participan de esta forma de pensar ni siquiera pueden ellos mismos sustraerse al sacrificio que esto implica. De otra forma no se explican los sufrimientos que se ha causado a algunos ciudadanos y hasta la forma cómo él ha terminado tratándose a sí mismo; tampoco el que no haya acudido en su momento a los mejores médicos y, por el contrario, se haya puesto en manos de la medicina cubana; o que se haya  presentado en esas condiciones físicas a unas elecciones tan exigentes como las presidenciales (lo que seguramente constituirá, para los que  adversan estas ideas, una irresponsabilidad hasta con él mismo).  

Al decir verdad, es muy difícil no dejarse sujetar por estas interpretaciones (pues de alguna manera todos necesitamos de un mundo coherente), y es todavía más difícil  decir si ésta o aquélla es la correcta. En todo caso, lo que sí podemos, como sostiene Rorty, es aseverar cuál  ha causado o causa más sufrimientos. Y el caso del presidente nos lo viene a corroborar una vez más.

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Un Comentario;

  1. Blanca Amelia Gabaldón Venegas said:

    Yo he pensado exactamente lo mismo. Por eso, los venezolanos estamos como estamos. No aprendieron la lección los que vivieron la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Tampoco aprendieron la lección de sus ancestros que estuvieron algunos en la Rotunda, durante la Dictadura del General Juan Vicente Gómez, ahora, es vergonzoso, que Venezuela siendo una de las Potencias más Importantes del mundo haya caído en ésta situación. Y como si fuese poco, a los venezolanos nos ven afuera como ¡INDIOS CON GÜAYUCO!, POR QUE SIMPLEMENTE, SIN HABER DISPARADO UNA SOLA BALA, FIDEL Y RAÚL CASTRO Y UN PAR DE INSURRECTOS, LE ARREBATARON EL PAÍS A LOS VENEZOLANOS, INVADIERON SIN QUE LOS VENEZOLANOS SE DIESEN CUENTA DEL ECHO, Pregunto: Cuál será el costo para los venezolanos, que estamos sin un Presidente electo ni juramentado, sin Derechos ni Garantías Constitucionales por que de un plumazo el 10/01 fue abolida con una Sentencia amañada del TSJ.? Y Como si fuera poco, la manía de querer mezclar la política y la religión, que estoy convencida y segura que eso traerá más polarización, más destrucción social y se está viendo. Este no es un gobierno de diálogo, de transparencia o de eficiencia y eficacia.

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