REELECCION INDEFINIDA: EL DRAMA DE DIOSDADO

Argelia Rios

Argelia Rios

Argelia Ríos
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@argeliarios

 

Los Castro se están decantando por sustituir las presidenciales, con la celebración de un referendo

 

Es imposible no dudar de la solidez del llamado “Pacto de La Habana”. Concebido para atenuar el tenso conflicto interno del PSUV -y garantizar una transición despojada de la amenaza de la división-, su diseño no parece poseer el alcance que la coyuntura exige. La escogencia de la directiva de la Asamblea Nacional -donde Cabello ha sido marcado y escoltado por dos vicepresidentes del “madurismo” radical- describe el tenor de este acuerdo, en el cual se ha planteado un esquema de reparto burocrático entre las partes incordiadas, con el que apenas se resuelven los calorones inmediatos, derivados de la escogencia de Maduro como heredero del legado político del comandante Chávez.

 

La sustentabilidad de este “armisticio” negociado en Cuba -cuyos comandantes se invistieron como los tutores del “chavismo sin Chávez” y del devenir venezolano-, está atada a problemas mucho más serios. Tal como lo advierten las acalladas tribulaciones de Cabello, a quien los Castro le han negado tan siquiera un fugaz acceso a la primera magistratura, las contradicciones son de mayor envergadura. La tesis de “la continuidad” -fraguada por el mismísimo Fidel- no sólo obedece a la alergia que los cubanos experimentan ante la figura de Cabello. Ese es tan sólo un vértice del asunto: es innegable que el planteamiento está dirigido también a la preparación de un escenario para eludir la convocatoria a elecciones presidenciales, en caso de que se llegare a certificar una ausencia absoluta de Chávez.

 

La enmarañada interpretación que La Habana ha aconsejado darle a la Carta Magna venezolana, revela que, en este momento, los Castro se están decantando sustituir las presidenciales, con la celebración de un referendo constitucional, dirigido a la consideración de una reforma -o enmienda-, con la cual Maduro completaría los 6 años del período administrativo iniciado ayer.

 

Con seguridad, los cambios que se le formularían al texto de la Bolivariana, involucrarían algunos “caramelos de cianuro”, útiles para procurar la división del campo opositor venezolano, algunos de cuyos segmentos -ya carentes de toda vocación de poder, por causa de su evaporación progresiva del paisaje político- creerán ver “oportunidades de negociación”: una rocambolesca historia donde se dan la mano la ingenuidad y la picaresca criolla, y en la que Cabello -el patrón de la “derecha endógena”- tendría un rol inestimable… Y es que, si bien ha aceptado hoy a Maduro como el “irrevocable” sustituto de Chávez, difícilmente avalará su reelección indefinida. Si el Pacto de La Habana no contempla el tema, más temprano que tarde, la pacificación interna del PSUV se expondrá como lo que es: un cuento de camino.

 

 

 

 

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