OPOSICION: A PONERSE LAS PILAS

Thays Peñalver

Thays Peñalver

Thays Peñalver
tpenalver@me.com
@thayspenalver

 

Me encuentro atrapada entre las tres ramas del Derecho que me apasionan, el Derecho Parlamentario, el Político y el Constitucional. Confieso que me gustaría acudir a las exquisiteces de la hermenéutica jurídica para interpretar los artículos de la Constitución que tienen al país convulsionado, pero prefiero respaldar el pronunciamiento de las Universidades y el del expresidente de la CIDH Carlos Ayala Corao, porque considero que en este asunto debe existir una voz jurídica y otra académica frente a la barbarie. Dicho esto, no puedo dejar de mencionar lo que siempre le señalo a mis alumnos: que el Derecho Constitucional en Venezuela ha sido por siglos, una dura batalla entre los constitucionalistas y los juristas “a bayoneta calada”.

 

Estos últimos son quienes encontraremos a lo largo y ancho de nuestra historia en frases como: “El general Gómez reformó la Constitución para acomodarla a su antojo” sin tomar en cuenta que el sujeto que no sabía leer ni escribir, pasó a la historia como el responsable y no los juristas, que encontró a plena disposición para abusar de la Constitución y convertirla en un pozo sin fondo. Y antes fueron los juristas que encontró “el Cabito” los que avalaron la teoría de que se había violado la Constitución, dando paso a la Revolución Liberal Restauradora y antes de éste los juristas de Guzmán Blanco. Sin olvidar que hasta hace poco se encontraron juristas de lo más formalitos que dieron  entrada a la Revolución Bolivariana.

 

brazo pilas¿Cómo me parece el fallo del TSJ? Pues perfectamente acorde con la historia constitucional, que se podría escribir en varios tomos. El primero corto, que hable sobre los pocos sabios siempre considerados como tontos, que trataron de construir un país decente y los restantes tomos de abusos interpretativos entre los bandos en pugna. Porque la historia constitucional venezolana es de por sí un enorme abuso de más de 30 constituciones y reformas constitucionales, cosa nunca vista ni en el África ardiente. Una historia en la que es imposible encontrar la razón constitucional toda vez que el método exegético depende de cuantas bayonetas tenga el proponente a su disposición, acudir al método histórico es depender de cuantas bayonetas se calaron en su momento y el método sistemático ya usted podrá imaginárselo de camuflaje y todo.

 

Así es pues que gracias a los juristas “a bayoneta calada” vivimos en un país, cuyo presidente solo sabemos que está en otro país en terapia intensiva, al mejor estilo de los regímenes dictatoriales africanos. Que durante 40 días ha estado postrado en una cama sin poder respirar por cuenta propia y que por órdenes médicas no puede más que recibir visitas esporádicas de sus familiares y colaboradores más cercanos. Sabemos que está: “consciente de su situación” (una de las cosas más raras que he escuchado en mi vida). Sabemos que no se ha juramentado para su nuevo período constitucional y que en el anterior solo dejó encargado a su vicepresidente de algunas tareas económicas, por lo que la acción de gobierno la lleva alguien, que no puede ni respirar y está incomunicado. Y que pronto nos enteraremos de que la cuenta de gastos clínicos posiblemente duplique la deuda externa.

 

Mientras eso pasa, en Macondo el chavismo se ha cohesionado y todos han reconocido a su líder Nicolás Maduro. Lo ha reconocido la OEA, lo han reconocido los presidentes del Mercosur y sabemos que comenzó su campaña electoral con un “Nicolás, Nicolás el pueblo está contigo” vociferado por un animador, coreado por miles de asistentes y aplaudido por los presidentes que apuntalaban en Caracas, La Habana y Brasil, el apoyo a Maduro. Presidentes que cantaban y aplaudían posteriormente en un megaconcierto en el cual la algarabía y las risas dominaban un claro ambiente electoral o que enviaban mensajes para efectuar elecciones rápidas.

 

unidadFrente a eso, la imagen de una oposición atomizada. Capriles reconociendo la sentencia, mientras otros no la reconocen, otros llaman a acciones de calle y otros acuden a una OEA cuyos votos son de los presidentes que apoyan a Maduro. La estrategia vuelve a ser una marcha el 23 de enero, para determinar lo que ya sabemos todos, que somos tantos como 6,8 millones y que desbordamos las avenidas, pero con eso no ganamos elecciones, como también las desbordará el chavismo en campaña. Y para ese momento el presidente llevará 44 días en terapia intensiva y comenzará su punto de no retorno o ya se habrá recuperado, para continuar su lucha con el espantoso cáncer recurrente.

 

Mientras tanto el chavismo nos llevará 44 días de ventaja en su campaña electoral, porque la oposición ha decidido no tener estrategia en común, discutirse, buscar quien lidere de cara a la elección y aprovechar las debilidades del contrario en ese proceso electoral. Así que solo me queda refrendar el estupendo artículo de Carolina Jaimes Branger: “Estoy Harta” (EU 21/5/2012) rogándole al liderazgo opositor que se ponga las pilas.

 

 

 

 

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