EL PRESIDENTE ELECTO QUE NO LLEGO

Fabio Solano

 

Tancredo Neves

Tancredo Neves

No hacía cinco minutos cuando su fuente informó lo inevitable: El Presidente electo había fallecido. Increíble pero cierto. Luego de 38 días de agonía y siete operaciones quirúrgicas, al fin sucumbió. Tenía 12 días entubado e inconsciente. Ahora tendrá descanso eterno dirán los obispos, quienes abogaban públicamente por una “muerte digna”.

El hombre miraba por la ventana de su pequeño apartamento mientras se acercaba la noche. Estaba solo como siempre, pues era insociable por naturaleza. Era una paradoja visto su trabajo de corresponsal internacional en su propio país. Pero así es la vida, pensaba. El destino es imprevisible y para muestra ahí está el Presidente: 35 médicos, todos los aparatos del mundo, las medicinas y no pudieron salvarlo. Ni siquiera pudo ir al acto de juramentación, a cumplir con el mandato para el cual lo eligieron.

David veía el asfalto ligeramente brillante por la pertinaz lluvia que tenuemente caía, como llorando en silencio por la partida del Presidente. Ahora quedaba esperar el anuncio oficial del vicepresidente, el cual se haría en cadena de radio y televisión. La noticia ya corría en los pasillos políticos y muchos estarían esperando por los militares, pues ellos eran los que decidirían al final, como siempre. “Quien tiene las armas tiene el poder.  Se comprueba a lo largo de la historia de la humanidad”. Esa frase de su profesor de Derecho internacional retumbaba en su mente. El maestro solía llevar a sus alumnos por un paseo histórico de vez en cuando, siempre con el Poder como centro del relato. Y terminaba con dos axiomas: El de las armas y la economía como motor de revoluciones, alzamientos, golpes de estado y dictaduras.

El hombre volvió a la realidad cuando vio en la televisión algunas entrevistas a dirigentes que opinaban sobre la muerte inminente del Presidente: Ellos sabían que ya había sucedido, pero ninguno se atrevía a decirlo porque esperaban ver al vicepresidente en cadena nacional. No era que le tuvieran miedo al gobernante provisional, sino que esperaban a ver si los militares le darían su apoyo. Ese era el centro de todo. Ellos sabían bien que los de uniforme decidirían el futuro de la nación, y en el fondo, aun cuando estuviesen en contra de esa prerrogativa, y salieran a exigir democracia y voto libre, deberían aceptar esa línea. De lo contrario volvería de nuevo la dictadura.

David comenzó a ubicar con la mirada sus bártulos de reportero integral. Cámara fotográfica, grabador, libreta, el infaltable bolso. Ya era muy tarde para salir a buscar entrevistas. Si quería opiniones allí estaban, en la pequeña caja de cristal que tenía enfrente con las imágenes de los políticos, diputados y dirigentes gremiales. Ahí estaba Lula, un joven y aguerrido dirigente de los trabajadores. Ese fue el que evitó la huelga laboral cuando el Presidente electo anunciaba su nuevo gabinete. De pronto la programación de la TV fue cortada y sin previo aviso apareció el vice presidente Sarney: “Con profundo dolor debo anunciar a todo Brasil y al mundo, que nuestro querido amigo, el presidente Tancredo Neves, ha fallecido hace poco…”

 

 

305 Tancredo Neves fewfgCuando Tancredo Neves fue electo presidente de Brasil en 1985 tenía 50 años de carrera política, desde que se iniciara como concejal por su natal San Juan del Rey, en el estado de Minas Gerais. Nacido en marzo de 1910, hijo de un comerciante acomodado, tuvo una buena educación y pretendió ser marino, pero al perder un tren, no llegó a tiempo para el alistamiento.

 

Estudió Derecho y en 1932 obtuvo su título, al mismo tiempo que ejercía el periodismo en un diario llamado “El Redacao”. La  política era el campo previsible para un joven  abogado,  quien pretendía labrarse una carrera. En 1934 presentó su nombre para edil y salió electo. Sin embargo, la situación política se complicó, los militares actuaron, y entonces el joven abogado se inhibió de seguir adelante. Fue sólo en 1945 cuando reinició su carrera y dos años después era legislador regional en Minas Gerais. El ambiente era propicio para la avance y en tres años más, Neves ya era diputado nacional en el parlamento brasilero. Entonces ocupaba la presidencia el controversial Getulio Vargas, quien transformó la manera de hacer política en su país.

 

El diputado Neves cobró fama de político hábil, arreglador de entuertos. Se ufanaba al decir que estaba para cerrar trincheras, jamás para abrirlas. Elogiaba cuando era necesario, criticaba poco, y aplicaba la regla universal: “Cada quien es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”. Pronto Vargas lo llamó a ser parte de su gabinete presidencial, destacándose como titular de Justicia en su segundo mandato. Pero, como siempre, surgen los imponderables. En agosto de 1954 el Presidente se suicidó en medio de una crisis política y subió al sillón presidencial Janios Quadros, quien luego dimitiría. Al asumir la presidencia Joao Gulart, el conciliador Neves fue nombrado primer ministro, cargo que desempeñó hasta julio de 1962. De nuevo el destino intervino, en la forma de golpe militar en 1964, y el futuro político de Neves y muchos demócratas del Brasil se tornó oscuro e incierto.

 

Fue en 1978 cuando Tancredo Neves, con el Movimiento Democrático Brasileño, pudo acceder a un escaño nacional como senador. Los militares habían dejado  un pequeño  espacio a los civiles. Mas adelante, en la década de los 80, Neves logró ganar la gobernación de Minas Gerais. Pasarían dos años más antes de que se permitieran las elecciones para Presidente, pero sólo en segundo grado, pues los uniformados tenían miedo a la votación popular. Tancredo, quien defendía la tesis del voto directo y secreto, fue el candidato de los demócratas y Paulo Maluf el oficialista. La primera elección donde solo participarían civiles se realizó el 15 de enero de 1985, y Neves ganó ampliamente con 480 votos sobre 180 de su adversario. Estaba a punto de abrirse la puerta de la democracia en Brasil.

 

EL ACUERDO CON LOS MILITARES

 

Tancredo Neves, flamante Presidente electo de Brasil, tenía dos meses exactos para iniciar su gobierno, el cual ya se sabía sería la transición de dictadura militar a democracia plena. Se puso a trabajar de inmediato en la conformación del nuevo gobierno, solventado problemas y escollos típicos, como el de un sector de trabajadores que pretendía lanzar una huelga. El radical dirigente sindical Lula Da Silva evitó que eso sucediera. La toma de posesión y juramentación se planificó para el 15 de marzo, en un evento que contaría como importantes invitados nacionales e internacionales, quienes darían el espaldarazo a un verdadero avance democrático.  

 

La última fotografía en vida de Neves con la Junta de médicos que lo atendía (1985)

La última fotografía en vida de Neves con la Junta de médicos que lo atendía (1985)

 Pero surgió un nuevo imprevisto, la noche del 14, Tancredo Neves comenzó a sentirse mal y de pronto se agravó, tanto que quien asistió al evento de toma de posesión fue su vice presidente José Sarney. Con un diagnóstico de diverticulitis aguda, fue llevado de urgencia a un centro de atención médica en Brasilia y el 26 de marzo se le trasladó en un avión ambulancia a Sao Paulo, donde ingresó al Hospital Clínicas.

 

A partir de ese momento la vida de Tancredo Neves comenzó a escaparse a pesar del esfuerzo de los 35 médicos, quienes lo examinaron durante más de un mes. Fue un verdadero vía crucis, pues en 38 días fue sometido a siete operaciones quirúrgicas, su sangre fue recambiada totalmente en tres ocasiones, y cuando la temperatura subió incontrolablemente, la bajaron de tal manera que sus extremidades sufrieron necrosis (dedos, manos y pies).

 

En fin, tanto fue el sufrimiento que los propios obispos de Brasil hablaron,  mencionando el concepto de una “muerte digna”. Sin embargo la decisión era política y los médicos recibieron la orden de intentar salvarlo a como diera lugar. Los especialistas daban apenas un 20 por ciento de posibilidades de sobrevivencia, con escasas posibilidades de reacción, cuando decidieron entubarlo y sostenerlo en vida con el uso de máquinas. Así pasó los últimos 10 días, totalmente inconsciente, aunque los médicos negaron siempre el coma, y la septicemia (infección general).

 

Neves murió el 21 de abril en horas de la noche, y en el diario “El País”, al informar del deceso, el corresponsal escribió: “Tancredo Neves estaba inconsciente desde el día 12, y sobrevivió los últimos nueve días gracias a los aparatos conectados a su cuerpo y a dosis masivas de antibióticos y sedantes. La muerte de Neves ha sumido al país en la desolación”.

 

El Presidente electo tenía 75 años y no pudo ver cumplido su sueño de ejercer el máximo cargo, rumbo a la democracia integral, tal como lo promocionaba su slogan “¡Directas Ya!”, en alusión al voto secreto y universal. Para efectos legales nunca fue Presidente, pues quien asumió el cargo fue el vicepresidente Sarney, en un acuerdo con los militares. El ejerció el gobierno por todo el periodo que tocaba a Neves, y de ahí en adelante su nación  salió avante con la democracia representativa. Años después,  el antiguo y fogoso dirigente sindical de izquierda Lula ganó las elecciones y con  su socialismo moderado  le tocó dirigir al Brasil. 

 

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