Es Dios Padre Comandante

MIGUEL E. WEIL DI.

MIGUEL E. WEIL DI.

Miguel E. Weil Di Miele
miguelwd@yahoo.com
@weilmiguel

 

La necesidad perenne de nuestra mentalidad de tener un padre de la patria, guía, surcador de senderos, protector, hombre, semidiós, uno, que nos dirija la vida, es evidente, y no hace falta demasiada prueba. Sin embargo, para muchos esa necesidad pareciera no ser consciente sino surgir del subconsciente, reclamando a un pater familia salvatoris, sin quien no seríamos nadie, pues de él dependerá nuestra identidad como venezolanos. Sobre el asunto se han cansado de escribir los más sabihondos, pero vale la pena retomarlo considerando los acontecimientos recientes, y también por aquél evento que tendrá que ocurrir indefectiblemente.

Bolívar ha sido el acaparador de esa posición, sin discusiones. No son pocos los que de su idolatría se han beneficiado, desde hace ya tantísimo tiempo. Pero hoy, aquella legitimidad bolivariana que nos han encasquetado desde siempre, y de la que el gobierno actual ha sido su máximo explotador, procura ser transferida a una nueva figura. La nueva estatua para nuestro altar. Se propusieron crear un nuevo mito; les está saliendo una potente leyenda.

 

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Fotos, afiches y videos. Propaganda a todo meter, con imágenes del hombre y su aura. Inmortal. Con pajaritos y todo, y su cara en el horizonte. Así, súper cursi. Pero eficiente. Con su voz de fondo, para erizar a quién sea: “¡Exijo lealtad absoluta, porque yo no soy yo! ¡No soy un individuo, yo soy un pueblo, carajo!”. Se mezclan imágenes del Che Guevara, Gandhi, José Gregorio Hernández, John Lennon, Lincoln, Marx, entre otros. Trabajada la cosa; bien hecha. Reveladora también. Así, la paternidad se transfiere y se comparte, pero además se permite una usurpación de la identidad: YoSoyChavez. Como la Santísima Trinidad. Se es padre, se es hijo y se es espíritu santo. Él es todos y todos somos él.

No faltará quien responda que estoy exagerando. Que Guzmán Blanco ya trató de elevarse a las alturas del olimpo bolivariano sin conseguirlo, lo mismo que Gómez. Que hoy, ni el teniente de la AN, ni su amigote el bigotón tienen la capacidad de explotar un paganismo semejante. Creo que minimizarlos es de una estupidez tremenda. Por algo las cosas están saliendo como a ellos les da la gana. Y cuando se observa a una multitud levantar la mano para jurar, con similitud espeluznante a las imágenes de la Segunda Guerra, con la manito igual levantada, igual gritando, aunque no para jurar, sino para saludar al monstruo, también de bigote, no es como para guachafa. Subestimar a todos esos que hoy dicen ser Chávez, es negar un sentimiento colectivo que existe, y cuya peligrosidad es impredecible.

El culto por el hombre se alimenta de lo irracional y, entre otras cosas, de una noción de defensa en contra de aquellos que quieren arrebatarles esa, su identidad. Mientras mayor sea el conflicto, mayor será la necesidad de defender a la nueva deidad, muy a pesar de los estragos del desgobierno y de la ineficiencia de sus herederos. Lo mejor es dejarles por ahora, y exigirles lo prometido. Olvidar al enfermo, y empezar desde ya el trabajo de convencimiento sobre las obvias ineptitudes terrenales, las escaseces venideras, y la crisis económica inevitable, de su entera y total responsabilidad. Convencer que si Maduro no provee, poco importa ser o no ser Chávez. Que el sosiego es agenda nuestra y no el conflicto. Prepararse con todo para regresar nuestra historia al mundo de los mortales, de ideas y de hechos. No será éste el primer dios que no cumple y los dioses mueren cuando muere la esperanza.

 

Las religiones, también.

 

 

 

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