Gobierno fraudulento

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

 

 

“Después de mí el caos”.  Así profetizó Chávez cuando creía que eran palabras sin consecuencias. Hoy el chavismo y la bota cubana se ocupan de hacer cumplir la profecía al pie de la letra.

 

El sustento fundamental de una sociedad es la confianza, que se basa en el concepto de buena fe, presumida en los contratos y en los actos de todos los ciudadanos. No es un asunto exclusive de países desarrollados. En Venezuela, aún en las críticas condiciones de hoy en día, la mayoría actúa dando por descontado la buena fe de la otra persona, no solo en los contratos sino en cualquier acto de la cotidianidad, como por ejemplo dejar las llaves a un parquero desconocido.

 

cedula-a-la-cubanaLa grave alteración del orden constitucional, implantada desde Cuba y ejecutada al pie de la letra por el chavismo entreguista, no es solo un problema jurídico sino fundamentalmente social. Es cierto que desde hace más de una década se ha venido socavando la moral en nuestro país, pero en el último mes el mensaje ha sido aún más contundente. Las reglas se utilizan a conveniencia del poder, se falsea la verdad sobre la salud del presidente, se violan las normas constitucionales sin pudor, se violentan formalidades esenciales de la vida republicana, se falsifica la firma del presidente y se miente sobre el sitio donde firma, tal y como sucedió con el decreto en el que se nombró a Elías Jaua como vicepresidente en el que aparece Hugo Chávez firmando en Caracas.

 

La conducta del gobierno es premeditada y alevosamente fraudulenta. La trampa es su gramática. La mentira es la ley. El mensaje es claro: quien detenta el poder puede hacer lo que le dé la gana. La dañina viveza criolla se transforma en una envilecida estrategia de poder que corrompe todo el sistema de relaciones de respeto y tolerancia de cualquier comunidad. Todo lo puede hacer quien puede salirse con la suya.  La consecuencia fundamental de todo esto es la corrosión no sólo del Estado de Derecho sino de la confianza y del respeto al otro. Una sociedad en la que estos valores son despreciados por quienes gobiernan, está en ruinas.

 

El deber moral y político de la oposición democrática es enfrentar con absoluta firmeza esta actitud. No es momento de hacer concesiones. Hay que utilizar todos los mecanismos que la democracia otorga para defenderla. La firmeza de María Corina Machado y de Leopoldo López es la conducta que debe marcar las acciones de resguardo del orden constitucional democrático. La dignidad y el Estado de Derecho son cuestiones de principio que deben defenderse más allá de todo cálculo político y populista.

 

Todos estamos en la obligación de exteriorizar públicamente nuestro rechazo a un golpe de Estado dirigido, además, a quebrantar los más elementales principios de convivencia. Esto no es un gobierno y mucho menos una revolución, es el caos que tanto deseó quien no sólo creyó burlarse de la muerte sino de toda la sociedad. Es nuestro deber no permitir que esto último suceda.

 

 

 
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