El gobernador

Peter K. Albers

Peter K. Albers

Peter Albers
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

El ruido producido por la convalecencia (según algunos) o por la agonía (según otros) del señor Chávez y la mojiganga montada, con la participación de presidentes extranjeros y demás yerbas, para “apoyar al comandante” nos ha impedido notar cómo han sido los primeros pasos de nuestro flamante gobernador, el señor Ameliach. Por lo pronto, ha tomado una importantísima medida: a los letreros que identifican las oficinas estadales se les ha enmascarado con papel y “teipe” el emblema del sol que identifica a Carabobo cuando gobiernan los Salas. Se imagina uno que será mientras se sustituye por el Arco de Carabobo que ya vemos pintado en el estadio de béisbol. Fuera de eso, y del reinicio de las obras del Metro de Valencia, poco ha sido lo que los carabobeños hemos podido ver de las acciones del nuevo gobernador.

Francisco Ameliach

Francisco Ameliach

Por ahora, no hemos visto a las patrullas de la policía con la foto, que nos atosigó durante la campaña electoral pasada acompañando al “Amelia Ch” que identificó al candidato de Chávez. Recordemos que la imagen del anterior gobernador chavista, hoy repudiado por el régimen, “decoraba” las unidades patrulleras de la policía y demás vehículos del ente gubernamental que, por desgracia, cayó en sus manos en 2004. Es que hasta los transformadores en los postes del tendido eléctrico los pintó de rojo. Fueron los tiempos de las urnas expuestas en los peajes de las autopistas carabobeñas. Claro que Ameliach luce, hasta ahora, un poco “más pulido” y menos zafio que Acosta. Por lo menos, nunca ha eructado delante de una cámara de televisión…

Por supuesto, los despidos no se han hecho esperar, a pesar de la extensión de la inamovilidad laboral, tan cacareada por el señor Maduro “para protección del pueblo”. Las imágenes en televisión de exempleados de instituciones del estado, denunciando su expulsión inmediata de sus sitios de trabajo, dan fe de la “inclusión” como la entiende el chavismo, y el “amor” que profesan a quienes disienten de su “socialismo participativo y protagónico”.

Pero poco puede el pueblo carabobeño estar pendiente de las ejecutorias del nuevo gobernador, mientras tiene que andar ocupado en otra cosa, como lo es el buscar rubros de la dieta básica que, a falta de producción en nuestros campos, se encuentran represados en los patios de los puertos; mientras debe que andar ocupado en colocar rejas, cercos eléctricos y alarmas a su vivienda para mantener afuera a los ladrones y asaltantes; mientras sufre los continuos apagones, la falta de agua y la acumulación de basura en las calles.

Es tiempo de andar pendientes del señor Ameliach y sus ejecutorias, a ver si es verdad que “escoba nueva barre mejor”. Pero, en lugar de ello, los carabobeños, igual que el resto de los venezolanos, estamos viviendo la incertidumbre de un presidente que no aparece por ningún lado, de un “encargado” que no gobierna, ocupado en viajar a Cuba como quien va diariamente a la esquina a comprar el periódico.

El gobernador Ameliach puede seguir tranquilo en el Capitolio, trabajando o haciendo lo que siempre ha hecho. Ya habrá tiempo para ponerle el ojo a su gestión, cuando sean despejadas las dudas sobre la salud del convaleciente-moribundo, sobre la legalidad de las decisiones de sus suplentes, y en fin, sobre lo que terminará siendo este saqueado país.

Ya vendrán tiempos mejores.

 

 

 

 

Artículos relacionados

Top