No interesa

 

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli A.
jraffalli@rdhoo.com 

En la entrega pasada criticamos duramente la sentencia de la Sala Constitucional según la cual el Presidente en ejercicio sigue siendo el convaleciente Hugo Chávez aunque físicamente no pueda. Las consecuencias de ese disparate jurídico con fines políticos no se han hecho esperar y ya contamos con 3 perlas: (i) el vicepresidente Maduro se presentó a rendir memoria y cuenta ante la AN en nombre del presidente Chávez, obviando que la Constitución expresamente señala que se trata de un acto del jefe de Estado quien debe dar la cara de su gestión “personalmente” ante el Parlamento que supuestamente representa al pueblo (Art. 237); (ii) el vicepresidente Maduro se ausentó del país y dejó como Vicepresidente encargado al ministro Navarro, obviando que según la Constitución (Art. 236.3) el Vicepresidente solo puede ser designado por el presidente de la República; (iii) el Presidente en el estado de salud en que se encuentra supuestamente firmó la designación del canciller Jaua y se armó un revuelo dentro y fuera del país por ser un Decreto “dado” en Caracas con el Presidente en Cuba y validado con firma digitalizada mediante escáner, cosa que es muy distinta a una firma digital la cual debe darse en base a un Certificado Excepcional de Seguridad para Altos Funcionarios emitido por la Superintendencia de Certificación de Firmas Electrónicas.

 

Pero la verdad es que hoy escuchando la radio Carlos Raúl Hernández y Fausto Masó despacharon mis protestas constitucionales con un gancho de derecha al mentón. “Esos temas le interesan a algo así como el 6% de la población y los entiende menos de la mitad de los interesados”. Entiendo que eso es así, que políticamente el discurso es otro y debe versar sobre los problemas reales de la gente. Pero algunos debemos levantar la voz, incluso desde el punto de vista académico, para protestar por la susodicha manipulación constitucional. Para mí tengo que los problemas de la gente, esos que sí interesan al 100% de la población, en mucho tienen su raíz en la pérdida de la institucionalidad y en especial en el quebrantamiento de las leyes empezando por la mismísima Constitución. Por algo el principal índice de desarrollo de los países no son sus ingresos, ni el consumo de energía per cápita, sino la estabilidad institucional y la seguridad jurídica.

 

 

N.R. El antetítulo nuestro

 

 

 

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